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Leopoldo II de Bélgica y el infierno del Congo.

29 Ene

En 1.884, las potencias europeas se repartieron África en la Conferencia de Berlín. El rey Leopoldo II de Bélgica trabajó incesantemente para que se reconociesen internacionalmente sus derechos sobre el Congo. Leopoldo jugó a fondo la baza de su fama como rey filántropo, y permitió que se produjese un útil equívoco entre la antigua y altruista  Asociación  Internacional Africana y la actual Asociación Internacional del Congo. En la Conferencia de Berlín (1.884-1.885), obtuvo el reconocimiento de su soberanía sobre el Estado Libre. Tras la Conferencia, el rey Leopoldo se convirtió en el único propietario de un territorio 40 veces  mayor que Bélgica. El 1 de agosto de 1.885 nació oficialmente el Estado Libre del Congo. Leopoldo asumió el título de rey soberano del nuevo Estado con la aprobación del Parlamento belga. Pero, mientras que en Bélgica, Leopoldo era un monarca constitucional, en el Congo tenía todos los poderes de un rey absoluto. El Gobierno central del territorio estaba en Bruselas, con un gabinete formado por tres departamentos: Interior (Maximilen Strauch), Exteriores (Edmond Vaneetvelde) y Finanzas (Huber Vanneuss).

La gestión del territorio se llevaba a cabo desde Bruselas. Sin embargo, se estableció la capital administrativa en la ciudad portuaria de Boma, el punto del que partían las exportaciones. En Boma residía el Gobernador General del Congo, representante directo del Rey (Leopoldo no viajó jamás a África). El Estado se dividió en 14 distritos, que a su vez se dividían en zonas. Las zonas se dividían en sectores, y cada sector constaba de varios departamentos. De la autoridad del Gobernador General dependían los comisionados, nombrados directamente por el Rey, y encargados de la administración de los diferentes distritos. Estos funcionarios actuaban como una mezcla de administradores coloniales y agentes comerciales: su única misión era conseguir el marfil y el caucho que les fuera posible  con el menor gasto.

Inicialmente existía un sistema de primas que permitía a los funcionarios doblar su salario si conseguían el suficiente marfil o caucho. Pero, con el tiempo, este sistema fue sustituido por otro, por el cual una gran parte del pago se realizaba al final de servicio, y sólo a aquellos agentes cuya gestión el Estado consideraba suficientemente satisfactoria.

Los agentes coloniales llevaron a cabo un sistemático saqueo de los recursos naturales del territorio. Acabaron con los modos de producción propios de las sociedades indígenas, especialmente con la agricultura, implantando un modelo económico basado exclusivamente en la caza y la recolección. Se cazaban elefantes para obtener marfil y  se sangraban las enredaderas del género Landolphia para obtener caucho. Para la realización de estas tareas se utilizó siempre mano de obra esclava. Se forzaba a trabajar a los nativos mediante procedimientos represivos que incluían la toma de rehenes o las expediciones punitivas contra los poblados que no cumplían las expectativas de los administradores coloniales. Gracias al auge internacional del caucho en los mercados, el Congo se convirtió en una fuente inagotable de recursos y Leopoldo II en un hombre inmensamente rico.

Leopoldo II de Bélgica.

Desde principios  de la década de 1.880, ante la falta de población belga en disposición de trasladarse al Congo y la oposición de los partidos políticos belgas, Leopoldo se vió obligado a contratar a mercenarios europeos que sirvieran a sus intereses. Quedaron organizados en un ejército privado llamado Force Publique (Fuerza Pública), que llegó a contar con 19.000 efectivos. Todos los oficiales eran blancos y todos los soldados rasos, negros, contratados a la fuerza y obligados a servir en la Force Publique un mínimo de siete años. Los reclutas eran a veces comprados a los jefes de sus tríbus; en otras ocasiones, eran simplemente secuestrados.

La Force Publique actuaba al mismo tiempo como ejército de ocupación y policía al servicio de las empresas comerciales. Debió hacer frente a varias rebeliones que fueron sofocadas con inusitado salvajismo.

La Administración colonial empleó sistemáticamente la violencia para obligar a trabajar a la población nativa. En la práctica, el Estado Libre del Congo funcionó como un auténtico campo de concentración. Uno de los procedimientos habituales era el de tomar rehenes, casi siempre mujeres y niños, que sólo podían ser rescatados mediante la entrega de determinadas cantidades de caucho. Los rehenes morían con frecuencia de inanición o a causa de los malos tratos recibidos.

Como castigo por no haber cumplido los objetivos en la recolección del caucho eran frecuentes los asesinatos masivos por parte de la Force Publique. Como prueba de que estos asesinatos se habían cometido, los soldados de la Force Publique amputaban una mano a los cadáveres. En otras ocasiones, la cabeza o si eran varones, los genitales.

En ocasiones, los soldados no mataban a los nativos, sino que para ahorrar balas que empleaban luego para cazar, les cortaban una mano.

Además de las matanzas, se empleaban castigos físicos como el Chicotte, una especie de látigo que desgarraba las carnes del reo.

La Iglesia Católica apoyó firmemente el régimen colonial. Fueron establecidas varias colonias infantiles regidas por sacerdotes católicos. En estas colonias, también se empleaban castigos físicos.

En 1.890, el escritor Joseph Conrad remontó el río Congo como segundo oficial de un vapor. Fruto de esa experiencia fue una de sus novelas más conocidas: El corazón de las tinieblas (1.902). Aunque la novela no tiene como misión principal denunciar la situación en el Congo, ofrece un cuadro bastante verídico de los atropellos llevados a cabo por los funcionarios blancos encargados de la recolección del marfil y el caucho.

Joseph Conrad.

Los misioneros protestantes jugaron un papel fundamental en la divulgación de las atrocidades cometidas en el Congo. Procedían , en su mayoría de Estados Unidos, Gran Bretaña y Suecia. Un misionero baptista sueco, E.V. Sjoblöm, publicó en la prensa de su país una contundente denuncia de la explotación de los nativos.

En 1.903, a instancias de su Gobierno, el cónsul británico en el Congo, Roger Casement realizó un viaje de seis meses por el interior del Congo para corroborar los rumores sobre atrocidades. El informe de Casement se publicó al año siguiente constatando los terribles crímenes e incluyendo declaraciones de varios testigos.

Roger Casement.

En 1.904, Edmund Morel, representante de una compañía naviera y Roger Casement, fundaron la Asociación para la Reforma del Congo, consagrada a difundir, a través de la prensa y conferencias, la situación en el país africano. Esta asociación ganó pronto el apoyo y la colaboración de famosos escritores como el ya citado Joseph Conrad, Mark Twain (creador de Tom Sawyer) o Arthur Conan Doyle,(creador de Sherlock Holmes), quienes también participaron en conferencias junto a Morel y Casement.

En 1.905 tras varios meses de investigación, una comisión publicó un informe que corroboraba los abusos que habían sido denunciados. Leopoldo no pudo evitar que la opinión pública de todo el mundo, incluida Bélgica, mostrase una clara oposición a que mantuviera el país africano.

Edmund Morel.

El Congo pasó a depender oficialmente de la Administración de Bélgica el 15 de noviembre de 1.908. El Estado belga se vio obligado a pagar a Leopoldo 50 millones “en gratitud de sacrificios realizados por él en favor del Congo”. No fue mal negocio para el rey, que aunque perdió su colonia, se hizo todavía más rico.

La cesión a Bélgica del Congo, no implicó, sin embargo, el fin del sistema represivo, que se prolongó apenas suavizado durante el resto del período colonial, el cual no terminó hasta la independencia del país africano en 1.960.

El primer censo  sobre la población del Congo fue realizado en 1.911. Según este censo, en 1.911, tras veinte años de matanzas e indiscriminado saqueo, la población congoleña era de unos 8,5 millones de habitantes. Se considera que las víctimas mortales del período colonial de  Leopoldo oscilan entre los 5.000.000 y 10.000.000. Actualmente, se toma como más fiable la cifra de en torno a 8.000.000.

Bibliografía sobre el tema:

El fantasma del rey Leopoldo. Adam Holschild. Ed. Península. Barcelona,2.002.

El río Congo. Descubrimiento, exploración y explotación del río más dramático de la tierra. Peter Forbath. Turner. Fondo de Cultura Económica, 2.002.

Äfrica Central: el tiempo de las matanzas, en Marc Ferro(ed): El Libro Negro del Colonialismo. Ed. La esfera de los libros, 2.005.

También recomiendo sobre este tema la novela El sueño del celta, de Mario Vargas LLosa sobre la vida y aventuras de Roger Casement.

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Publicado por en enero 29, 2014 en Genocidio

 

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