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Archivo de la categoría: II República, Guerra Civil y Franquismo

De cómo se produjo la ocupación de tierras legal y pacífica por los campesinos en Extremadura en marzo de 1.936.

Se ha publicado hace unos días un excelente artículo que rememora un hecho olvidado deliberadamente unas veces, tergiversado, también deliberadamente, otras: la ocupación pacífica y legal de tierras por el campesinado extremeño durante el Gobierno del Frente Popular. Estos hechos ocurrieron el 25 de marzo de 1.936, apenas un mes después de la victoria electoral del Frente Popular y supusieron el triunfo de un sueño histórico de justicia social para los siempre desposeídos y humillados jornaleros extremeños. Hay que recordar además que Extremadura siempre ha sido una de las regiones más atrasadas, caciquiles y latifundistas de España. Una de aquellas regiones donde las injusticias y desigualdades sociales eran más pronunciadas. Por tanto, como cabe imaginar, que el poder disponer por fin de tierras,- para poder trabajarlas de forma autónoma y no siendo sometido a la arbitrariedad y crueldad sistemática de caciques y señoritos-, supuso una inmensa alegría para los campesinos por el inmenso avance histórico y social que suponía. Pero estaba claro que los representantes de la España retrógrada y anti-igualitaria no iban a quedarse de brazos cruzados, viendo como el avance de la justicia social, los derechos humanos y la democracia ponían en peligros sus ancestrales privilegios de clase. Digo que este hecho se ha tergiversado, porque se ha presentado en numerosas ocasiones como algo ilegal, que atentaba contra el “inviolable derecho a la propiedad privada”, y que demostraría que durante el Gobierno del Frente Popular imperaban el caos y la anarquía. Lo que fue un inmenso acto de justicia social se nos ha presentado como un atropello sin precedentes contra la legalidad, como un ataque al orden liberal y democrático, como una supuesta prueba de que el país se precipitaba irremediablemente por la senda del comunismo soviético, etc. Cada vez que se producen avances sociales en nuestro país,- que suele ser muy de vez en cuando y de alcance limitado-, suenan voces políticas y mediáticas tronando contra estos avances y presentándolos como catástrofes predecesoras de algún Apocalipsis. Estos voceros que se alinean con las tesis neo-franquistas nunca se preocupan por investigar las deplorables condiciones de vida de los campesinos, el despotismo de los terratenientes, la destrucción que de las conquistas sociales conseguidas por los trabajadores en 1.931-33, llevó a cabo el Gobierno derechista de la alianza LerrouxGil Robles,etc. Sólo se encargan de demonizar toda conquista democrática presentándola como una medida extremista e inaceptable. Todo esto viene a colación del artículo que les recomiendo a continuación. Un artículo certero y esclarecedor escrito por Mª Ángeles Fernández y J.Marcos  que cuenta lo que ocurrió realmente en marzo de 1.936 y en los meses posteriores.

ctxt.es/es/20170322/Politica/11782/Extremadura-25-marzo-II-Republica-Guerra-Civil-reforma-agraria.htm

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La famosa fotografía de los campesinos celebrando el reparto de tierras.

 

 

La Batalla de la Bolsa de Bielsa. (Abril-junio de 1.938). Un heroico episodio en los valles de Huesca.

Fue un enfrentamiento bélico ocurrido entre el 14 de abril y el 15 de junio de 1.938 en el Alto Aragón, Huesca, durante la Guerra Civil Española. La ofensiva nacional de marzo de 1.938 provocó el hundimiento del Frente de Huesca, mientras que en los valles pirenaicos, la 43ª División del Ejército Popular de la República mantenía una férrea resistencia contra la III División Navarra del general  Iruretagoyen.

A finales de marzo, la resistencia se tornó insostenible, y el  mayor de milicias, Antonio Beltrán Casaña organizó la retirada de manera sostenida y ordenada, lo que retrasó el avance de la división navarra. Entre el 28 de marzo y el 6 de abril, los republicanos se retiraron del Valle del Ara destruyendo todos los puentes e infraestructuras que pudieran ayudar al enemigo en su avance. El 4 de abril cayeron Torla y Broto, mientras que ese mismo día se sostenían fuertes combates en las cercanías de Fiscal. Finalmente, el 6 de abril, la Compañía de Esquiadores nacional fue literalmente aniquilada en una emboscada en Fanlo, lo que provocó el parón en seco del avance franquista. Hacia el 14 de abril quedaba constituida la Bolsa de Bielsa.

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Antonio Beltrán Casaña, conocido como el Esquinazau. Fue uno de los militares republicanos más populares.

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Antonio Beltrán  junto a dos oficiales.

Decidido a resistir, Beltrán apenas contaba con 7.000 hombres y 4 cañones, frente a una fuerza enemiga de 14.000 hombres y 30 cañones, que contaba con una superioridad aérea incontestable. A pesar de la diferencia en la correlación de fuerzas, las dificultades del terreno, el tesón republicano y las dificultades meterológicas permitieron la resistencia. La ofensiva nacional fue definitivamente detenida en la zona debido a la derrota sufrida por estos en el frente Laspuña-Escalona a finales de abril de 1.938.

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Componentes de la 43 ª División republicana.

El frente quedó establecido por el macizo de las Tres Sorores y Circo de Gurrundué en el Oeste, cubierto por la 130 ª Brigada Mixta, Tella y Escalona cubierta por la 72ª Brigada, y el Valle de Gistaín cubierto por la 102ª Brigada. A partir de allí, los combates, los bombardeos y el aislamiento, la desgastada división republicana consiguió resistir hasta que a finales de mayo se hizo evidente que no iban a poder enfrentarse a la renovada ofensiva nacional. Se evacuó a 4.000 civiles que permanecían en la zona y las Brigadas Mixtas republicanas iniciaron una lenta y ordenada retirada hacia la frontera francesa.

Soldados republicanos atendiendo a compañeros heridos en los combates.

La noche del 15 al 16 de junio de 1.938, las últimas tropas republicanas cruzaron por el Puerto Viejo, en el camino de Aragnouet, después de dos meses de resistencia.

Mientras tuvo lugar la resistencia republicana en Bielsa, las fuerzas franquistas lanzaron numerosos ataques aéreos, por medio de los cazas Romeo Ro 37, bombarderos ligeros alemanes Heinkel He 46 y Heinkel He 51 y bombarderos italianos Savoia SM 79.

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Estado en que quedó Bielsa tras los bombardeos de los nacionales y sus aliados italianos y alemanes.

La resistencia republicana en Bielsa, totalmente aislados y sin municiones, fue un ejemplo de heroicidad para las tropas republicanas de otros sectores. Después de las desastrosas derrotas de marzo y abril (Campaña de Aragón), esto constituyó una inyección de moral. Una vez que la división republicana llegó a suelo francés, el Gobierno galo organizó un referéndum entre los soldados de la división, en el que se les permitía escoger entre regresar a territorio republicano o pasarse a territorio nacional. Sólo 411 soldados y 5 enfermeras, escogieron la segunda opción, mientras que 6.889 soldados pasaron a Cataluña, pasando la frontera por Portbou. Este hecho constituyó un gran golpe propagandístico para el Gobierno republicano, como parte de la política de resistencia a ultranza (Resistir es Vencer) propagada por el Presidente Juan Negrín.

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Población civil cruzando los Pirineos ante el avance franquista.

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Fuente:

Hugh Thomas. Historia de la Guerra Civil Española. Barcelona. Círculo de lectores.

Ramón Salas Larrazábal. Historia del Ejército Popular de la República. La esfera de los libros.

 
 

La Batalla de Pozoblanco (6 de marzo-13 de abril de 1.937). La batalla más destacada del Frente de Andalucía.

Hoy me centraré en una importante batalla de  nuestra quinta y última Guerra Civil. Importante a nivel del Frente de Andalucía, un sector de operaciones militares que quizás no se ha estudiado lo suficiente. Si bien es cierto que en los últimos años, están surgiendo estudios sobre esta y otras batallas que tuvieron lugar en la contienda. Es curioso como muchas batallas, sobre todo las que resultaron victoriosas para los republicanos han sido borradas de los libros de texto, de los documentales sobre la Guerra Civil y de la mayoría de los libros que se han dio publicando sobre esta.  En los libros asequibles al público se encuentran con facilidad las Batallas de Madrid, Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel y Ebro. Pero nunca o casi nunca aparecen las Batallas de Seseña (Toledo), Lopera (Jaén), Pozoblanco (Córdoba), Atalaya de las Nieves (Toledo), Levante(Valencia) ,-también llamada Ofensiva de Albentosa-,  Ibiza o la Bolsa de Bielsa (Huesca). Tampoco suele aparecer nada sobre Batallas navales como la Campaña del Cantábrico o la Batalla del Cabo de Palos (Murcia). Ese ha sido el motivo que me ha llevado a escribir sobre esta batalla, y sobre otras, lo haré posteriormente. La lástima es que haya tan pocas imágenes en Internet sobre estas batallas y sobre algunos personajes que fueron decisivos en ellas, no hay fotografías o las poquísimas que hay son borrosas y confusas.

Esta batalla tuvo lugar entre los días 6 de marzo y 13 de abril de 1.937 en la localidad cordobesa del mismo nombre. Debido a que ocurrió al mismo tiempo que la famosa y decisiva Batalla de Guadalajara, pasó bastante desapercibida y no se le otorgó la importancia que realmente tuvo, pues fue una de las batalla más destacadas del Frente de Andalucía y Córdoba, sino la que más.

Desde el comienzo de la Guerra Civil, el bando nacional consolidó su dominio sobre importantes áreas de la provincia de Córdoba, especialmente la capital y la zona industrial Peñarroya-Pueblonuevo o la Subbética. Así, a finales de 1.936, estos mantenían bajo su control buena parte de la provincia, salvo la zona de los Pedroches.

Aunque, a comienzos de 1.937, los nacionales consolidaban su dominio sobre Andalucía Occidental, especialmente tras la conquista de Málaga (8 de febrero), después de la Ofensiva de la Aceituna (13-31 de diciembre de 1.936) y la Batalla de Lopera (27-29 de diciembre de ese mismo año), los avances de estos en el Valle del Guadalquivir se encontraban estancados ante la creciente resistencia republicana. Entonces, en el Cuartel general del General Gonzalo Queipo de Llano se planteó la posibilidad de reactivar ese sector.

El 6 de marzo diversas fuerzas del Ejército nacional al mando de Queipo lanzaron un conjunto de ataques en el sector de los Pedroches con el propósito de tomar Pozoblanco y Villanueva de Córdoba, para después avanzar hacia Ándujar y allí liberar a los sitiados del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza (un grupo de guardias civiles sublevados). El ataque en un primer momento tuvo éxito, consiguiendo avanzar 16 kilómetros en dirección a Villanueva de Córdoba.  Pero, el coronel republicano  Gabriel Morales reorganizó sus fuerzas y trasladó a las brigadas mixtas 20ª y 25ª, logrando detener de esta manera su avance. La 20ª  Brigada, junto a dos batallones y una agrupación de caballería de la 63ª Brigada Mixta, atacó el flanco de las fuerzas de Queipo, logrando detener su avance en el cruce de las carreteras de Peñarroya y Villanueva del Duque con las de Belmez e Hinojosa. La presión de los nacionales se dirigió entonces hacia Pozoblanco, llegando las tropas que iban en cabeza, a las orillas del río Cuzna.

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Calle Real de Pozoblanco en las primeras décadas del siglo XX.

El coronel Gabriel Morales solicitó refuerzos y el Estado Mayor republicano de Valencia le envió la llamada Brigada Móvil de Pozoblanco, compuesta por dos batallones de carabineros  del centro de instrucción de Requena (Valencia), un batallón de Linares (Jaén), el tercer  batallón del regimiento valenciano Pablo Iglesias y una Batería de Almansa (Albacete). Empezó a manifestarse la incapacidad de los nacionales para enfrentarse a las fuerzas del Coronel Pérez Salas, militar republicano que ya se había destacado en el Frente de Córdoba desde el inicio de la guerra.

El 9 de abril, los nacionales alcanzaron Villanueva del Duque, donde se enfrentaron a la 25ª Brigada Mixta. El 10, las tropas de Queipo llegan a Alcaracejos, localidad que toman, al tiempo que otra columna que avanza hacia el norte, intenta enlazar con las fuerzas de Alcaracejos, aunque la endurecida resistencia republicana lo impide. En ese momento, las bajas son muy numerosas en ambos bandos, y aunque los republicanos mantienen  la resistencia, Queipo insistió en continuar con el ataque los días 12 y 13. Pérez Salas logró asegurar Pozoblanco, al tiempo que reorganizaba sus fuerzas. En ese momento disponía de seis Brigadas Mixtas listas para intervenir.

En vista de que la situación no progresaba, Queipo ordenó la paulatina retirada a sus puntos de partida anteriores a la ofensiva. En los primeros momentos, los republicanos no fueron conscientes de esta retirada, pero pronto pasarían a la acción.

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Brigadistas en la provincia de Córdoba.

A partir de ese momento, los republicanos lanzaron todas sus fuerzas al contraataque. Llegan a mandar al frente  a unidades de la Brigada de Caballería, así como tanques y carros de combate. En los siguientes días las brigadas mixtas 20ª y 25ª, junto a la Columna Andalucía-Extremadura, avanzaron sobre Villanueva del Duque, combatiendo también en Alcaracejos e Hinojosa, aunque sólo se encontraron con la resistencia de pequeños grupos. En poco tiempo, los republicanos lograron restaurar las líneas defensivas anteriores al inicio de la ofensiva, e incluso avanzar hasta las cercanías de Peñarroya-Pueblonuevo.

La victoria del Ejército republicano animó a sus mandos a lanzar una ofensiva el 27 de marzo que pretendía la captura de Peñarroya-Pueblonuevo, y aunque no se logró tal objetivo, si consiguió algunas ganancias territoriales con las conquistas de Valsequillo, La Granjuela y Los Blázquez. Después de alcanzar las inmediaciones de Peñarroya el 8 de abril, los avances republicanos quedaron detenidos, y para el 13 de abril habían terminado todas las operaciones militares en el Frente de Córdoba.

El resultado de este enfrentamiento terminaría decidiendo también el del asedio del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, que acabó siendo capturado el 1 de mayo por las fuerzas  al mando del Teniente Coronel Martínez Cartón.

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Pozoblanco durante la Guerra Civil. Nunca ha quedado claro si esta fotografía pertenece al período en que esta localidad estuvo bajo los nacionales o bajo los republicanos.

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Fuente: Wikipedia.

 

La Batalla de Cabo de Palos (1.938). Una olvidada batalla naval de la Guerra Civil.

Como se han cumplido ochenta años del inicio de nuestra última (por el momento) Guerra Civil, he decidido escribir sobre algún acontecimiento que se desarrollase durante esta y fuese poco conocido. Me ha llevado tiempo escogerlo, pero al final, lo he hecho en uno de los ámbitos menos conocidos y estudiados de la contienda: la Guerra Naval. Salvo un libro sobre esa materia escrito por los hermanos Salas Larrazabal, no recuerdo haber visto por las estanterías de bibliotecas y librerías, ningún otro que sobre la guerra en el mar durante la Guerra Civil.Es curioso como permanecen olvidadas y fuera de los libros escolares de texto y de los documentales emitidos por televisión numerosas batallas tanto de la Guerra Civil como de la Segunda Guerra Mundial. El hecho de que estemos siempre estancados en las Batallas de Madrid y El Ebro o en las del Alamein o el Desembarco de Normandía,-por citar sólo dos de cada guerra,- es un hecho absurdo e incomprensible.

A pesar de haber sido la mayor batalla naval de nuestra última Guerra Civil, la Batalla de Cabo de Palos permanece en el olvido. Tuvo lugar en la noche del 5 al 6 de marzo de 1.938, a unas 70 millas de al este del Cabo de Palos, en la costa de la región de Murcia.

Al inicio de la Guerra Civil, la flota de la Marina de Guerra de la República quedó dividida entre los dos bandos. La República conservó la mayoría de los destructores, cruceros ligeros y submarinos, además del acorazado Jaime I, pero los nacionales consiguieron disponer de los dos únicos cruceros pesados que se encontraban en su fase final de construcción: el Canarias y el Baleares, armados con ocho cañones de 203 mm (8 pulgadas) cada uno. Las dos armadas mantuvieron algunas escaramuzas durante la guerra sin que afectaran al curso de esta.

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El crucero nacional Canarias.

A comienzos de marzo de 1.938, la flota republicana recibe la noticia de que el grueso de la escuadra nacional se encuentra en la base de Palma de Mallorca, por lo que el mando decide atacar. El plan original era que en la noche del 5 al 6 de marzo, las tres lanchas torpederas de la armada republicana, escoltadas por una flotilla de destructores hasta la isla de Formentera, hicieran una incursión relámpago en la Bahía de Palma, lanzaran sus torpedos  y escaparan. Mientras, el grueso de la flota republicana,- formada por dos cruceros ligeros, el moderno Libertad y el antiguo Méndez Núñez y cinco destructores-, navegarían en apoyo al nordeste del Cabo de Palos. Pero cuando el plan de operaciones ya estaba en marcha, las lanchas no zarparon desde su base de Portman cerca de Cartagena a causa del mal tiempo, por lo que la flotilla de destructores que debía escoltarlas recibió la orden de unirse al resto de la flota.

Pocas horas antes, en la tarde del 5 de marzo de 1.938 habían zarpado de Palma de Mallorca los tres cruceros nacionales, los dos cruceros pesados Canarias y Baleares y el crucero ligero Almirante Cervera, junto con tres destructores, el Velasco, el Huesca y el Teruel para escoltar un convoy que transportaba material de guerra desde Italia hasta la zona nacional en el sur de la Península y al que recogieron en la isla de Formentera. Al llegar la noche, los tres destructores volvieron a su base de Palma y los cruceros continuaron.

A las 0,36 horas del 6 de marzo, la flota republicana avista inesperadamente a los tres cruceros sublevados a 75 millas naúticas (139 kilómetros) del Cabo de Palos. El destructor republicano Sánchez Barcáztegui lanza dos torpedos, pero falla y la flota nacional se aleja, porque el contraalmirante Manuel Vierna prefiere retrasar el enfrentamiento hasta el amanecer, para poder sacar partido a su superior potencia de fuego y no correr el riesgo de ser torpedeado de nuevo durante la noche. Pero los buques de la República no desisten en su empeño de perseguir al enemigo antes de que amanezca.

Las dos flotas  se vuelven a encontrar alrededor de las 2,15. Los cruceros del bando nacional abren fuego sobre el Libertad a unos 500 metros, y los cruceros republicanos responden al fuego. Pero la falta de experiencia en combate nocturno de ambas tripulaciones hace que ninguno de los fuegos artilleros sea efectivo. Mientras tanto, tres destructores republicanos se aproximan al combate. A unos 300 metros, los destructores  republicanos Sánchez Barcáiztegui, Lepanto y Almirante Antequera lanzan 12 torpedos.

Aproximadamente a las 2,20 horas, dos de los torpedos del Lepanto, impactan en el crucero pesado Baleares, averiándolo gravemente, pues los proyectiles destruyen el depósito de municiones del buque, al impactar entre sus dos torretas, y estalla también la zona central de la cubierta del Baleares, junto con la proa, matando a los tripulantes que allí se encontraban. Los sobrevivientes se concentran en la popa, pues el crucero empieza a hundirse. Mueren todos los jefes y oficiales que se encontraban en el puente de mando, incluido el jefe de la operación, el contraalmirante Manuel Vierna.

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Los otros dos cruceros nacionales se alejan para llevar el convoy a aguas de la Argelia francesa y volver luego a socorrer al Baleares, pero el jefe de la flota republicana, el capitán de corbeta Luis González de Ubieta no sale en su persecución, a pesar de los requerimientos del comisario de la flota Bruno Alonso y, ordena el regreso a la base de Cartagena para evitar tenerse que enfrentar de día con el Canarias, además de que a los destructores ya no les quedaban torpedos.

A las 5,00 horas del 6 de marzo, el crucero Baleares se hunde por completo. Media hora antes, habían llegado los destructores ingleses Boreas y Kempenfelt que intentaron retrasar el hundimiento, pero no lo consiguieron, dedicándose a continuación a recoger a los hombres que nadaban, algunos con graves quemaduras, en un mar de combustible. Rescataron a 435 hombres y desaparecieron 786 (de ellos 31 oficiales, incluido el contralmirante Cervera), trasladando a los supervivientes al Canarias y al Almirante Cervera, que retornaron al lugar de los hechos al amanecer.

Aunque la batalla del Cabo de Palos fue la mayor batalla naval de la guerra civil, con la participación del mayor  número de buques y que culminó con el hundimiento de un importante navío de la escuadra nacional, no tuvo influencia decisiva en el desarrollo de la guerra terrestre ni tampoco afectaría a la superioridad en el dominio de los mares que tenían los nacionales. No obstante, sí supuso un importante estímulo moral en la retaguardia republicana, especialmente tras la desmoralización que había supuesto recientemente la reconquista de Teruel por las tropas nacionales. En premio al servicio prestado, el Gobierno de la República, concedió al capitán de corbeta González de Ubieta, comandante de la escuadra republicana, la Placa Laureada de Madrid.

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 Hundimiento del crucero nacional Baleares.

Para Juan Cervera Valderrama, almirante del bando nacional, las víctimas desaparecidas en el hundimiento del Baleares fueron 741, distribuidas de la siguiente manera:

  • 1 almirante (Manuel de Vierna Belando).
  • 6 jefes.
  • 15 capitanes.
  • 17 oficiales.
  • 10 maquinistas.
  • 27 auxiliares.
  • 3 maestranzas.
  • 4 maestros.
  • 2 capataces.
  • 11 operarios.
  • 5 músicos.
  • 555 marineros.
  • 75 soldados de Infantería de Marina.
  • 8 flechas navales.
  • 1 capellán.
  • 1 encargado de prensa.

 

El capitán de corbeta Luis González de Ubieta (1.899-1.950), comandante de la escuadra republicana.

Fuente:  battlefieldspain.blogspot.com.es/2009/05/cabo-de-palos-6-iii-1938-tanto-aleman.html

              http://www.revistanaval.com/www-alojados/armada/batallas/palos.htm

             geo-historia.com/2012/03/16/la-batalla-de-cabo-de-palos-2/

            https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_cabo_de_palos_(1938)

 
 

Zamora: Una cárcel para curas creada por el régimen más católico del mundo.

Resulta paradójico, pero es así. Hay un sólo en el caso en este planeta, de una cárcel destinada a albergar exclusivamente a curas. Lo primero que podría uno pensar es que esto ocurrió en algún país de esos donde la Iglesia Católica estaba perseguida. Pensemos primero en un país comunista en los años 50 ó 60, como Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia o China. Pues no. No era ninguno de esos. Pensemos ahora en una dictadura islamista que no permita otra interpretación de la verdad que la de su versión extremista y sectaria del islam. Pensemos en Nigería, Sudán, Arabía Saudí o Irán. Pues tampoco. ¿Donde, pues?. Pues curiosamente en la España del general Franco Bahamonde, cuyo régimen competía con el vecino de Oliveira Salazar por ser el más católico del mundo. Franco era considerado el paladín de la Iglesia, desfilaba bajo palio y se había arrogado el privilegio anticonstitucional de nombrar él mismo a los obispos (cosa que disgustaba muchísimo a la jerarquía eclesiástica, pues lo consideraban una intromisión intolerable).

Durante más de dos décadas, la luna de miel Iglesia-Estado funcionó divinamente,- salvo por algún detalle como el recién mencionado-, pero a comienzos de los 60 empezaron a surgir jóvenes sacerdotes opuestos al régimen e identificados con los sectores obreros y  con los más desfavorecidos socialmente. Esto que fue algo que creo que el régimen nunca imaginó que pudiera llegar a suceder ni en sueños, motivó que se tomasen drásticas represalias contra estos sectores reformistas del clero. Primero se les recluyó en conventos, pero esta solución no fue efectiva, con lo que se paso a crear una cárcel que albergase exclusivamente a sacerdotes. Esta fue la llamada cárcel concordatoria de Zamora. Era un pabellón aparte en la prisión provincial. Aparte, para que los curas presos no estuviesen mezclados ni con los presos políticos ni con los comunes.

Sacerdotes prisioneros en la cárcel de Zamora.

En total, pasaron por la cárcel de Zamora alrededor cien curas, la gran mayoría por motivos políticos y sindicales. Hubo muchos religiosos vascos, debido a que el clero vasco siempre había estado muy enfrentado con el régimen por su evidente nacionalismo.

Otros internos procedían de Madrid como Mariano Gamo,cura de Nuestra Señora de Moratalaz, Francisco García Salve,  fundador del sindicato Comisiones Obreras; de Barcelona, como Francisco Botey y Lluis María Xirinacs,; de Galicia (Vicente Couce) o de Asturias, como el cura minero Carlos García Huelga.

El sacerdote Julen Kalzada, con ropa de civil, en su época de preso político en Zamora.

Recomiendo el siguiente  reportaje de Natalia Junquera : http://política.com/2013/11/22/actualidad/1385148173_926551.html

El reportaje se titula Prisioneros por la gracia de Dios.

 
 

Tefía (Fuerteventura), la colonia penitenciaria que el Régimen creó para los homosexuales.

La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, levantada en unos terrenos cedidos por el Ministerio del Aire situados en el aeródromo militar de las isla de Fuerteventura, se utilizó como campo de concentración entre 1.954 y 1.966.

Por allí pasaron casi cien presos a causa de su orientación sexual, pues la homosexualidad se consideraba causa de peligrosidad social.  Esto sucedió debido a la Ley de  Vagos y Maleantes y de Peligrosidad y Rehabilitación Social, una ley promulgada por la II República, que Franco retocó para incluir la homosexualidad, anteriormente considerada como escándalo público. Fueron enviados a ese lugar sin que les hubiese procesado en juicio alguno previamente. Iban a esa colonia penitenciaria directamente. En Tefía tenían que trabajar construyendo carreteras y caminos o picar piedra en canteras.

La duración de la condena solía variar entre uno y tres años y dependía de la percepción que tuviesen las autoridades sobre el comportamiento del preso y si consideraban que progresaba adecuadamente. Parece ser que era el capellán castrense quien tenía la última palabra. Este capellán era quien decidía si a determinados presos se les aplicaban castigos como aumentarles las horas de trabajo o rebajárles la ración de comida.

Numerosos fueron los casos de vejaciones y palizas que recibieron los homosexuales que estaban presos en las colonias agrícolas y muchas eran las ocasiones en que las que los carceleros los montaban en camiones y los paseaban por las poblaciones cercanas, como forma de humillación pública, para ser insultados por los ciudadanos que les gritaban ¡maricones¡.

Además, muchos de los prisioneros estaban desnutridos.

Según el testimonio de Octavio García, uno de los presos del campo, “Sólo faltaban las cámaras de gas. Era igual que Auschwitz o Ravensbrück, con calabozos sucios y una bombilla amarillenta en el techo. Me quedé en 50 kilos, todo el día picando y acarreando piedras y agua, comiendo batatas y chicharros llenos de gorgojos. Éramos seis presos homosexuales en aquella isla inhóspita. El director, Prudencio de la Casa de Dios, ex-carmelita descalzo era terrible, aunque me dio la libertad antes de tiempo, porque enseñe a rezar a los demás”. Otros no tuvieron tanta suerte y, como Juanito el Pionero, tuvieron que cumplir los tres años de pena máxima que contemplaba la ley.

Un monumento recuerda hoy aquel infierno para que no vuelva a suceder.

Monumento conmemorativo a los homosexuales víctima de la represión que pasaron por Teífa.

https://es.noticias.yahoo.com/blogs/cuaderno-historias/cuando-franquismo-encerraba-homosexuales-campos-concentración-221025771.html

http://www.tamaimos.com/2012/06/28/memoria-historica-canaria-xii-la-colonia-agricola-penitenciaria-de-teifa/

 

Voluntarios irlandeses en la Guerra Civil Española en ambos bandos. La Brigada Irlandesa y la Columna Connolly.

La Brigada Irlandesa, también conocida como Bandera Irlandesa fue un grupo de voluntarios irlandeses que combatieron en el bando nacional durante la Guerra Civil Española. La unidad fue formada por el dirigente fascista Eoin O´Duffy, quién previamente había organizado los grupos Camisas Azules y Camisas Verdes en Irlanda.

A pesar de la prohibición de participar los irlandeses en el conflicto español decretada por el propio Gobierno irlandés, aproximadamente 700 seguidores de Eoin O´Duffy marcharon a combatir a España. Este contingente rechazó la orden impartida por el General Francisco Franco de combatir en el frente del norte para no tener que hacerlo contra los nacionalistas vascos, con cuya causa guardaban grandes similitudes, empezando por la religión católica y terminando por sus objetivos finales independentistas, los mismos que habían guiado al Pueblo irlandés a combatir contra el Gobierno de Londres hasta conseguir la Independencia.

Realmente, el motivo principal de su participación en la contienda española fue apoyar a una Iglesia Católica (con la que se identificaban plenamente) contra un Gobierno al que veían como perseguidor, totalitario y genocida.

Pero lo cierto es que la Brigada Irlandesa iba a comenzar su andadura española con mal pie, pues, cuando ya encuadrados en la XV Bandera del Tercio de la Legión, iban a entrar por primera vez en combate, sufrieron varios muertos y unos cuantos heridos por fuego amigo, al ser confundidos con irlandeses de las Brigadas Internacionales, que luchaban a favor de la República. Poco tiempo después, entraron finalmente en combate, pero su ofensiva fracasó y tuvieron unas cuantas bajas en el campo de batalla.

Desde noviembre de 1.936, los integrantes de la Brigada Irlandesa empezaron a llegar transportados a España vía marítima. La primera expedición salió el 13 de noviembre de 1.936 del puerto inglés de Liverpool a bordo del buque Ladys Leinster y estaba compuesta por diez oficiales de diversas graduaciones.

Una semana después salió el segundo contingente, que embarcados en el buque Avoceta se dirigieron a Lisboa, donde fueron recibidos por un grupo de compatriotas así como portugueses afectos a la causa nacional, con los que oyeron misa en el altar de San Patricio, Patrón de Irlanda en la Capilla Irlandesa de la capital lusa. Desde Lisboa, los voluntarios salieron en autobús hacia Badajoz y luego a Cáceres.

La última salida masiva de voluntarios irlandeses pronacionales a España salió el 15 de diciembre de 1.936 del puerto irlandés de Galway en el Dunn Aengus que les  desembarcó en El Ferrol.

En cuanto a sus uniformes, lucieron camisas verdes con el arpa irlandesa en el cuello y tréboles dorados en las mangas, si bien luego recibieron las camisas del Tercio, en las que seguían ostentando el arpa. La primitiva bandera fue sustituida por otra en la que aparecía un perro lobo irlandés sobre fondo verde y a cada compañía se la dotó de un banderín donde aparecían representadas todas las provincias irlandesas.

Lo cierto es que la contribución de los voluntarios irlandeses al esfuerzo de guerra del bando nacional fue escaso y muy poco relevante.  Su efectividad y calidad en el combate era manifiestamente mejorable y dejaba mucho que desear, por lo que terminaron convirtiéndose más en una molestia que en una ayuda o ventaja. Esto motivo, que en pocos meses, la Brigada Irlandesa, que además había tenido conflictos violentos con otras unidades del bando nacional (especialmente con los marroquíes) fuese retirada de primera línea de batalla, volviendo poco después a Irlanda definitivamente. Digamos que las autoridades del bando nacional, visto que eran más un problema que una ayuda, sutilmente les invitaron a irse.

Eoin O´Duffy (1.892-1.944), líder y creador de la Bandera Irlandesa, que combatió junto a los nacionales durante nuestra última Guerra Civil.

Eoin O´Duffy pasando revista a su milicia, los Camisas Azules, en Irlanda.

Voluntarios irlandeses de O´Duffy, procedentes de la ciudad de Sligo.

 

Periódico donde se da noticia de la participación de la Brigada Irlandesa en nuestra Guerra Civil.

 

Entrenamiento con ametralladoras en Cáceres.

El arpa, símbolo nacional de Irlanda.

La Columna Connolly fue una unidad de voluntarios irlandeses integrados en la Brigada Lincoln que formó parte de las Brigadas Internacionales que combatieron en apoyo de la II. República durante la Guerra Civil Española. Recibe su nombre del líder socialista irlandés James Connolly, ejecutado en 1.916, con motivo de su implicación en la insurrección de Pascua contra el poder inglés.

Al comenzar la Guerra Civil, el republicano irlandés Peadar O´Donnell se encontraba en Barcelona para la apertura de las Olimpiadas Populares, olímpiadas que por el estallido de la guerra, nunca llegaron a celebrarse. Desde el primer momento, O´Donnell movilizó unidades de voluntarios en apoyo del Gobierno republicano entre los miembros del Ejército Republicano Irlandés (IRA) y otros activistas nacionalistas. La creación de la Columna Connolly fue también una reacción frente a la creación de la Brigada Irlandesa, del fascista Eoin O´Duffy, que agrupaba a los voluntarios pro-nacionales en España.

Los primeros integrantes de la Columna Connolly llegaron a España en diciembre de 1.936 con Frank Ryan liderando el grupo y se instalaron en Albacete, ciudad que era el cuartel general de las Brigadas Internacionales. Se les integró en el Batallón Lincoln compuesto mayoritariamente por norteamericanos, para que no tuviesen que estar en el Batallón Británico, ya que con los ingleses, por razones históricas, sobradamente conocidas, la relación era altamente conflictiva.

Esta pequeña unidad estaba compuesta tan sólo por 150 hombres. Participaron en las muy importantes batallas de Madrid, Jarama y el Ebro. En la del Jarama, combatieron contra sus compatriotas de la Bandera Irlandesa. El líder de la Columna, Frank Ryan, fue herido, y tras recuperarse en su país, regresó, participando en el Frente de Aragón, siendo capturado y llevado al tristemente célebre campo de prisioneros (o Campo de Concentración) de Miranda de Ebro (Burgos), donde fue sentenciado a muerte. Sin embargo, la intervención del Presidente de Irlanda, Éamon de Valera, consiguió que se le perdonase la vida. La pena de muerte fue cambiada por 30 años de cárcel, pero en 1.940, se le liberó y fue trasladado a la frontera francesa y puesto bajo custodia alemana.

Murió, prematuramente de apendicitis en 1.944 (el mismo en que también fallecía prematuramente su enemigo Eoin O´Duffy) en la ciudad alemana de Dresde. ¿Estaba Ryan colaborando con sus antiguos enemigos, los nazis, para conseguir la independencia total de Irlanda, tras una hipotética derrota británica en la II. Guerra Mundial?. Seguramente, nunca los sabremos a ciencia cierta.

En septiembre de 1.938, los combatientes supervivientes de la Columna Connolly, regresaron a Irlanda.

 

Miembros de la Columna Connolly en la Guerra Civil Española.

 

Otros integrantes de la Columna.

Imágenes de Frank Ryan.

 

 

 

Bandera conmemorativa de los Brigadistas de la localidad irlandesa de Limerick.

 

No le faltaba razón a Connolly en sus análisis.

Fuente: Wikipedia.

            Los otros internacionales. Voluntarios extranjeros desconocidos en el Bando Nacional durante la Guerra Civil (1.936-1.939). José Luis de Mesa. Ediciones Barbarroja.      

 
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Publicado por en septiembre 27, 2014 en II República, Guerra Civil y Franquismo