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Dos nuevas recomendaciones cinematográficas. La revolución silenciosa (Lars Kraume,2.018) e Identidad borrada (Joel Edgerton, ídem).

19 Abr

En la última semana he visto dos películas que me han gustado bastante. Ambas hablan formas de oprimir al ser humano destruyendo su personalidad y anulando su libertad. En la primera nos encontramos con una dictadura estatal. En la segunda con una dictadura social, es decir construida por los prejuicios y miedos de la gente. De los dos tipos de dictadura, esta última es la más difícil de combatir, porque no basta con derrocar a un Gobierno y cambiarlo por otro más justo y democrático, sino que tienes que cambiar estructuras mentales de cientos e incluso miles  de años de antigüedad. Y es que como ya nos advirtió Lars Von Triers en Dogville, la masa puede ser tan tiránica, injusta y cruel como el Estado.

La primera película es La revolución silenciosa, película alemana que nos cuenta las vicisitudes de un grupo de estudiantes germano-orientales que en 1.956 deciden guardar un minuto de silencio en solidaridad con los revolucionarios húngaros que se han alzado en armas contra la dictadura comunista y la presencia de tropas soviéticas. Este gesto, aparentemente inofensivo, será tomado como una acción intolerable y subversiva por parte de la dirección del centro y tendrá consecuencias en las vidas de los protagonistas. No sólo asistimos al funcionamiento de la maquinaria represiva de un Estado dictatorial, sino también a la fragilidad de la amistad en determinados momentos como cuando tememos represalias o sentimos celos. También vemos familias disfuncionales, con esposas anuladas o padres que esconden terribles secretos.  Y sobre todo, vemos que nuestros actos siempre tienen consecuencias y no podemos escapar de ellas.  En el fondo, lo que nos cuenta la película es la historia de unos adolescentes que se transformarán definitivamente en adultos debido a una experiencia dura. Cuando termina la proyección, somos conscientes de que ya nada volverá a ser como antes en sus vidas. Lo cierto es que la cobardía y el no-compromiso te ahorran sufrimientos y desgracias. Pero ojala yo hubiese sido tan valiente-o temerario-como ellos.

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La segunda película es Identidad borrada, dirigida por el también actor Joel Elgerton. Trata sobre las terapias de conversión. Estas terapias pretenden eliminar la homosexualidad de sus “pacientes” mediante una serie de sesiones que combinan la religión y el psicoanálisis. Además de ser un fraude-porque la orientación sexual no es transformable-, destruyen la personalidad de los pacientes, les hacen sentirse culpables injustamente y en ocasiones han provocado suicidios. Las terapias de conversión siguen un modelo totalitario al querer cambiar al ser humano  para conseguir crear un nuevo modelo de persona que se ajuste a los esquemas de perfección o idoneidad que los líderes de las terapias tienen en mente. Como vemos en la película, todo en esos centros es totalitario, los pacientes no tienen ninguna clase de derechos y están sujetos a las arbitrariedades y cambios de humor del “terapeuta” que se lucra con tan vil negocio. Aquí no estamos ante un totalitarismo estatal como el del régimen de la RDA de la película anterior, sino ante un totalitarismo creado por un oportunista o un cínico sin escrúpulos, y que ha sido posible por los prejuicios y la ignorancia de toda una sociedad. Porque si  el odio y el miedo a toda orientación no heterosexual no hubiesen sido tendencia mundial durante tanto tiempo, los centros que imparten las terapias de conversión no hubiesen sido posibles. A eso me refiero con que estamos ante una dictadura social o construida por la sociedad. Antes pensaba que las terapias de conversión eran simplemente un fraude, un sacacuartos, pero que tampoco había que prohibirlas. Después de ver Identidad borrada, ha cambiado de opinión. Deben ser prohibidas sin contemplaciones, porque aniquilan la personalidad y hacen un daño psíquico enorme.

Me ha gustado la película y también las interpretaciones. Sin duda, Lucas Hedges es muy buen actor y tiene una gran futuro por delante. Lo mismo digo de una Nicole Kidman insuperable como una madre que se debate entre la fidelidad a sus ideas conservadoras y a su esposo por un lado, y el amor a su hjo, por otro. Y también resulta muy convincente Russell Crowe como arcaico padre de familia. Además, el hecho de que le hayan hecho engordar para el papel le queda muy bien, porque pensamos que estamos realmente ante un hombre de la Norteamerica religiosa y tradicionalista y no ante el protagonista de Gladiator, Master and Commander  o Una mente maravillosa.

Está basada en hechos reales, lo que hace que el relato nos resulte todavía más sobrecogedor. Cuando termina la proyección te sientes aliviado por no haberte tenido que pasar por todo lo que ha pasado el protagonista, debido a que tú orientación sexual es la mayoritaria y la aceptada socialmente. Y entonces, piensas que no eres tan desgraciado y que tu vida es mucho mejor de lo que habitualmente valoras.

En fin, que ambas películas te hacen reflexionar y te das cuenta de que tu situación es afortunada comparada con la de los protagonistas de ambas historias.

Vean ambas cintas. Merecen mucho la pena.

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Publicado por en abril 19, 2019 en Uncategorized

 

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