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Archivos diarios: septiembre 16, 2018

La Argentina de Macri comienza a convertirse en una nueva Venezuela. El hambre se extiende por el país.

Hambre en el supermercado del mundo. Juan Ignacio Irigaray.

La crisis económica ha vuelto a resucitar el fantasma del hambre. Todo en un país que el mismo Presidente Mauricio Macri se jactaba de que podía alimentar a 400 millones de personas.

Al Presidente centro-derechista de Argentina, Mauricio Macri, le iba eso de lanzar promesas en su campaña electoral hacia la Casa Rosada, en 2015. Aseguró que su Gobierno iba  a colocar al país en “pobreza cero” y convertirlo en  “el supermercado del mundo”. “Argentina produce alimentos para 400 millones de personas y aspiramos a duplicarlos en los próximos cinco a ocho años”, aseguraba.

El fracaso de Macri y su laboratorio neoliberal en Argentina. Santiago Mayor.

Sin embargo, a casi un año de que termine su mandato, aquellas promesas se desvanecen. La pobreza alcanza al 32% de la población (62,5% en niños), según el Observatorio de la Deuda Social (ODS), y el “supermercado del mundo” no alcanza a alimentar a los 44 millones de argentinos. En el país de la carne y los cereales, el fantasma de hambre muestra los dientes: se calcula que entre uno y tres millones de ciudadanos la padecen, según el ODS y otras mediciones.

En consecuencia, los movimientos sociales-agrupaciones no dependientes de partidos políticos, que engloban a parados y demás excluidos del sistema-han vuelto a las calles. El plan de lucha “Fuera el FMI. Basta de hambre” arrancó el pasado jueves 5 de septiembre, con unos 20.000 manifestantes frente a la sede central de la AnSeS (Seguridad Social) y se prevé que las protestas duren todo el mes.

Muchos de estos movimientos- Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Barrios de Pie, Corriente Clasista y Combativa (CCC), Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), Frente Barrial 19 de diciembre, Frente Popular Darío Santillán, Movimiento Evita, etc- nacieron en la resistencia ciudadana al derrumbe de 2.001-2.002, cuando Argentina suspendió pagos de su deuda, la economía se desplomó un 11% y la pobreza alcanzó al 52%. Las fuerzas de seguridad asesinaron entonces a 32 manifestantes.

En medio de aquella catástrofe social, en 2.002, el entonces Gobierno del  Presidente peronista Eduardo Duhalde concedió un paliativo: los “planes laborales”, un subsidio para que los excluidos se organizasen en empresas cooperativas. Pasados tres lustros de aquel plan, ideado como algo que iba a ser excepcional y pasajero,  ni los Gobiernos Kirchner (2.003-2.015) ni el de Macri se atrevieron a quitar las ayudas por temor al “incendio social”.

Pero ahora, con la recaída en la crisis económica y el pedido de ayuda al FMI, los “planes laborales” se van devaluando. “Hoy cobramos 5.500 euros mensuales (110 euros). En nuestros barrios tenemos textiles, carpintería, herrería, herrería, comedores y merenderos, mejoramiento en barrio, cuadrillas de la construcción”, explica  Diana Sánchez, portavoz del Frente Dario Santillán (joven asesinado a escopetazos por la policía en 2.002).

“Exigimos un aumento ya de los planes porque el Gobierno de Macri lo único que hace es ajustar cada vez más a los pobres. Hay despidos y cada vez más desempleados se acercan a alimentarse en nuestros comedores populares”, continúa.

“Lo común es que cocinemos guiso de fideos con hueso. No tenemos dinero para otra cosa. Servimos unas 400 raciones. Ahora la situación es más grave y extendimos el horario a la tarde para que también puedan comer a la noche. ¿La merienda?, y bueno…tratamos de sostenerla como podemos”, confía Sánchez.

Flavia, una madre de tres hijos que vive en la Villa 21 y colabora en el comedor popular, cuenta a este periódico que en ese barrio de chabolas abastecen a 400 familias: “Y se acercaron muchos más porque se quedaron sin  trabajo. No tiene un plato de comida para sus hijos y ellos. A veces vienen hasta los maridos a comer porque la necesidad es mucha”.

El Gobierno nos recortó la provisión para el comedor y tratamos de mantener el menú a guiso. Hoy estamos peor que con el anterior Gobierno (el de Cristina Fernández de Kirchner). El país está para atrás, hay despidos y un ajuste impresionante”, describe.

En el Barrio de la Boca, primer asentamiento de inmigrantes italianos en Buenos Aires, el Gobierno de Macri-hijo de un inmigrante calabrés- pretende relanzar la zona como un polo turístico. Joni, uno de sus vecinos y miembro del FDS, afirma que “hay muchos desahucios de familias que llevamos ahí hace años y no tenemos otro sitio adónde ir”.

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“El Gobierno-agrega-hace una campaña para estigmatizarnos a los pobres, diciendo que somos todos rateros. Por eso le da vía libre a la policía para que ejecute el “gatillo fácil” (ejecución sumarísima).

El ejemplo más claro de “gatillo fácil” en La Boca-donde a veces pululan descuideros y ladrones que atracan a turistas-, ha sido el asesinato de Juan Pablo Kukoc, de 18 años, de cuatro balazos por la espalda disparados por el policía Luis Oscar Chocobar, de 30 años y fuera de servicio en ese momento, después de que el joven supuestamente robase una cámara de fotos a un paseante y huyese. Ivonne Kukoc, mamá de Juan Pablo y asistente a la manifestación, se lamenta de que “el Estado le dio de nuevo el arma oficial al asesino Chocobar, que sigue trabajando en la policía”. Y añade que para ella “es muy difícil recordar. En internet está el vídeo y es contundente: se ve que a mi hijo le dispara cuatro proyectiles y finalmente muere en el hospital Argerich, muy mal atendido”.

Después de aquella ocasión, Macri recibió al uniformado en un acto público en la Casa Rosada y lo felicitó por su “faena”. “Estoy orgulloso de que haya un policía como vos”, le ensalzó ante las cámaras de televisión. En cambio, para la madre del joven asesinado se trató de “un gesto ridículo, confuso y muy triste. ¿Qué quiere el Presidente, avalar el gatillo fácil y los asesinatos?”.

Fuente: El Salto Diario.

 
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Publicado por en septiembre 16, 2018 en Uncategorized