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Archivos diarios: mayo 24, 2018

Nicaragua. Represión contra el pueblo y traición a los ideales revolucionarios.

He estado leyendo con suma atención y detenimiento acerca de los trágicos acontecimientos acaecidos en Nicaragua hace unas semanas, y hasta que no me he formado una idea clara de lo que realmente ha sucedido, no me he decidido a escribir. Los violentos hechos ocurridos me han llevado a reflexionar sobre como el poder corrompe no sólo en el sentido de aceptar comisiones ilegales o sobornos o como dicen en México, mordidas. Sino también como corrompe a nivel ideológico, con el abandono de los ideales revolucionarios y de justicia social y democracia que se enarbolaron en la juventud e incluso después. Toda esta reflexión viene al caso porque el actual Presidente nicaraguense  fue en mi adolescencia y primera juventud uno de mis grandes ídolos politicos e históricos. Quizás el mayor de todos, por haber conseguido mientras gobernó en los años 80, aunar comunismo y democracia, algo que sólo se había conseguido parcialmente en el abortado experimento allendista en Chile (1.970-1.973). Pero lo cierto es que desde que Daniel Ortega Saavedra recuperó el poder  en 2.007, tras 17 años en la oposición, este líder político ha ido degenerando cada vez más, hasta el punto de tener poco o nada que ver con aquel revolucionario de los 70 y 80 que supuso un ejemplo de heroica resistencia frente a las agresiones de la dictadura somocista, primero, y del imperialismo reaganiano y la CIA, después.  La acumulación de poderes en su persona, el control cada vez mayor de medios de comunicación y la sustitución del programa revolucionario original por simples medidas asistenciales o reformistas (que de todos modos son mejor que nada), unido todo ello al hecho de que se presente a la reelección presidencial de manera indefinida, han hecho de él un personaje más similar a un déspota tercermundista que a un líder bolivariano. Todos estos factores y el hecho de que ante las protestas de abril haya respondido con una brutal (y para mí, inesperada) represión, han  hecho que rompa definitivamente mis lazos de simpatía (que cada año que pasaba, por cierto, eran menores) con Daniel Ortega.Me duele tener que estar hablando mal de él por todo lo que él representó en el pasado, pero la represión desproporcionada y salvaje con que ha respondido a las legítimas protestas y demandas populares, me han convencido de que su continuidad al frente de Nicaragua (y del sandinismo) es mucho más un problema que una solución. El hecho de que el Gobierno se haya servido de la policía y de grupos paramilitares afines para reprimir a la ciudadanía, emparenta al Gobierno de Ortega mucho más con los Gobiernos derechistas de Guatemala, Honduras o Colombia que con cualquier Gobierno iberoamericano de la izquierda transformadora pasado o presente. Ha habido decenas de asesinados, pero el pueblo no sólo no se ha amilanado, sino que ha seguido adelante y ha conseguido que el Gobierno dé marcha atrás a sus decretos sobre Seguridad Social que perjudicaban a la población.

Las medidas gubernamentales contestadas por la población son de carácter neoliberal, privatizador y regresivo. Es decir, la gente se está rebelando contra un Gobierno cada vez más comprometido con los empresarios y sobre todo con el FMI. Es decir, el pueblo nicaraguense no se está alzando contra una dictadura comunista, como interesadamente están pregonando voceros y representantes de la oposición venezolana que tratan de que se asimilen las situaciones nicaraguense y venezolana, tan distintas, por cierto. En fin, aquí dejo una serie de artículos que explican de manera bastante convincente y eficaz los motivos de la crisis social y política que ha estallado en el país centroamericano.

http://rebelion.org/noticia.php?id=241925

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240928

http://www.laizquierdadiario.com/Gobierno-de-Daniel-Ortega-reprime-protestas-contra-la-reforma-al-Seguro-Social-dictada-por-el-FMI

http://kaosenlared.net/en-contra-de-quien-esta-la-gente-que-se-moviliza-en-las-protestas-en-nicaragua/

https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2018/04/23/daniel_ortega_anuncia_retirada_reforma_seguridad_social_que_provocado_las_protestas_82021_1022.html

Imágenes de las protestas en Nicaragua en abril pasado.

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Enfrentamiento entre partidarios y detractores del Gobierno.

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Daniel Ortega, Presidente de NIcaragua.

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Publicado por en mayo 24, 2018 en América Latina.

 

De como las empresas mantienen un sistema de vigilancia asfixiante e inhumano sobre el trabajador. Un sistema que atenta contra los derechos humanos más elementales.

Reproduzco a continuación de forma algo abreviada un artículo de Emine Saner titulado Bienvenidos al mundo en que las empresas disfrutan de la vigilancia permanente de sus trabajadores. El artículo ha sido publicado en kaos en la red y traducido por Francisco de Zárate.

 

Desde implantes con microchips hasta pulseras con rastreadores y sensores que detectan el cansancio y la depresión, las nuevas tecnologías permiten a los empleadores vigilar a sus trabajadores de forma cada vez más intensa.

“Como esta vigilancia se puede hacer de forma retrospectiva para despedir a la gente, se usa para hacerles sentir que podrían perder su trabajo en cualquier momento”, dice un sociólogo que trabajó como teleoperador.

Una empresa estadounidense implantó  microchips a decenas de trabajadores el año pasado. En aquella “fiesta del chip”que fue noticia en todo el mundo, los empleados hicieron cola para que les colocaran entre el dedo pulgar y el índice un dispositivo del tamaño de un grano de arroz bajo la piel.

Cuando a Todd Westby, Consejero Delegado de The Three Square Market, se le ocurrió la idea, pensó que sólo cinco o seis personas se ofrecerían como voluntarios: él, dos o tres directores y algunos de los empleados del Departamento de Informática. Pero de las 90 personas que trabajan en la sede de The Three Square Market , 72 tienen ahora el chip (Westby tiene uno en cada mano). Los usan para abrir puertas de seguridad, conectarse a ordenadores y hacer pagos en las máquinas expendedoras de la compañía.

¿Se imagina Westby este concepto extendiéndose a muchas otras empresas?.

“No necesariamente”, dice. O aún no, por lo menos. El Consejero Delegado cree que, en parte, se debe a una diferencia generacional. “Tal vez tú nunca quieras tener un chip, pero si eres millennial, no hay problema. Para ellos es guay”.

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Todd Westby, CEO de Three Square Market.

Los microchips tienen otros usos. Three Square Market – que se dedica a vender máquinas expendedoras y kioskos- comenzó hace dos meses a ponérselos a personas con demencia en Puerto Rico. Si alguien se pierde y la policía lo encuentra, puede escanear su microchip y tener acceso a todo su historial médico, a las medicinas que pueden y no pueden tomar, o a su identidad. Hasta ahora, la empresa le ha puesto microchips a cien personas, pero planea hacerlo con diez mil.

La compañía acaba de lanzar una aplicación para teléfonos móviles que empareja el chip con el GPS del teléfono y rastrea la ubicación de la persona. La semana pasada comenzaron a utilizarlo con personas en libertad condicional, en vez de las tobilleras electrónicas que Westby describe como intimidantes y degradantes”.

¿Se imagina que un día la empresa pueda usar el GPS para rastreara sus empleados con el implante?

“No. No hay razón para hacerlo”, responde Westby.

No todas las empresas están de acuerdo. Las tecnológicas están ideando formas cada vez más extrañas e intrusivas de control del personal. La semana pasada The Times informó que algunas empresas chinas están usando cascos y sombreros con sensores  para escanear las ondas cerebrales de sus trabajadores y detectar cansancio, estrés y hasta emociones como la ira. El artículo también hablaba de una empresa eléctrica que decidía las pausas de su trabajadores en función  de sus ondas cerebrales. La tecnología se está usando en conductores de trenes de alta velocidad para detectar el agotamiento y la pérdida de atención”.

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Trabajador con un microchip implantado utilizando este para manejar la impresora.

 

Número de pulsaciones por minuto.

En febrero se supo que Amazon había patentado una pulsera que no sólo rastrea la ubicación de los trabajadores dentro del almacén mientras recogen los artículos, sino que además puede leer los movimientos de sus manos, zumbando o emitiendo un pulso para alertarlos cuando se están equivocando de caja.

Hay compañías de tecnología vendiendo productos que toman capturas de pantalla del trabajo de los empleados a intervalos regulares, controlan sus pulsaciones de teclas y el uso de la web, y hasta los fotografían en sus mesas con la cámara web del ordenador. Trabajar desde casa no es ninguna protección contra esa vigilancia porque se puede hacer de forma remota. El sofware puede supervisar el uso de las redes sociales, analizar el idioma o instalarse en los teléfonos de los empleados para supervisar aplicaciones cifradas  como whatsapp. Los empleados pueden llevar dispositivos que no sólo  rastrean su ubicación, sino que también siguen su tono de voz, la frecuencia con la que hablan en las reuniones, con quién y durante cuanto tiempo.

Se detectan cosas que antes no se podían detectar, cómo el número de teclas que pulsan los empleados, lo que miran en su pantalla mientras trabajan, el tipo de lenguaje que usan. Y ahora, la vigilancia te sigue fuera del trabajo.

 

“Era imposible cumplir los objetivos sin correr”.

James Bloodworth trabajó en marzo de 2.016 durante un mes como recolector de Amazon (la persona que localiza los productos pedidos) como parte de la preparación de su libro Hired: Six Months Undercover in Low-Wage Britain (Contratado: Seis meses encubierto en la Gran Bretaña de los salarios bajos).

“Llevábamos todo el rato un dispositivo portátil que controlaba la productividad”, dice. En uno de los gigantescos almacenes de Amazon, el dispositivo servía para orientar a los trabajadores hacia las estanterías con los artículos que necesitaban. “Cada vez que recogías uno se activaba una cuenta atrás (para llegar al siguiente artículo) que medía tu productividad. A él le advirtieron que estaba en el 10% inferior.

“También te enviaban avisos a través del dispositivo avisándote de que tenías que aumentar tu productividad. Eres constantemente rastreado y clasificado. Descubrí que era imposible cumplir los objetivos de productividad sin correr, pero también te decían que no estaba permitido correr, y si lo hacías recibirías una sanción disciplinaria. Pero si te retrasabas en productividad, también recibías una sanción disciplinaria.” No parecía ” que te tratasen como a un ser humano”, dice.

Al entrar y salir, los trabajadores tenían que pasar por escáneres de seguridad como los de los aeropuertos. También para llegar a las áreas de descanso. Ir al baño era considerado “tiempo muerto”. Una vez encontré una botella con orina en una de las estanterías del almacén.

Bloodworth cuenta que a algunos de sus colegas les enfadaba el nivel de vigilancia, “pero predominaban el cinismo y la resignación”. “La mayoría de las personas que conocí no llevaban mucho tiempo en el trabajo o estaban buscando otro. Todos los contratos eran temporales y el personal cambiaba constantemente.

Trabajador utilizando el microchip implantado para abrir una puerta.

 

“Pantallas de televisión mostrando el rendimiento”.

Para escribir su libro Working the Phones (Trabajando en los teléfonos), el sociólogo del Oxford Internet Institute especializado en sociología del trabajo, Jamie Woodcock pasó seis meses empleado como teleoperador. Te das cuenta de la vigilancia desde que entras, dice. “Hay pantallas de televisión mostrando el rendimiento relativo de cada trabajador. Los directores recopilan datos sobre casi todo lo que haces. Cada llamada que hice fue grabada y almacenada digitalmente. En términos de control, es como recuperar todas las partes que alguien hizo en una cadena de montaje y juzgarlas retrospectivamente por su calidad.Todos cometemos errores y todos tenemos malos días, pero como ese tipo de vigilancia se puede hacer de forma retrospectiva para despedir a la gente, se usa  para hacerles sentir que podrían perder su puesto de trabajo en cualquier momento”.

 

El caso de Uber, ¿alimentando algoritmos?.

El Sindicato de Trabajadores Independientes  de Gran Bretaña está muy al tanto de todo lo relativo a la supervisión y recopilación de datos. James Farrar es el conductor de Uber que el año pasado ganó una batalla legal contra la compañía por los derechos de los conductores (también preside su delegación de la asociación United Private Hire Drivers).

“Recopilan una cantidad enorme de información”, dice. “Una de las cosas de las que te informan diariamente es lo buenos que han sido tu aceleración y tu frenado. Te ponen una nota. La pregunta es: ¿por qué están recogiendo esa información?.

Uber también supervisa los “movimientos inusuales” del teléfono cuando alguien está conduciendo (para saber si usa su teléfono mientras está conduciendo) y, por supuesto, rastrea los coches y los conductores por GPS.

“Lo que me preocupa es que esta información esté alimentando el algoritmo” que decide la asignación de conductores, dice. “Deberíamos tener acceso a los datos y entender cómo se usan.  Si algún tipo de puntuación de calidad sobre mi capacidad de conducción se mete  en un  algoritmo, tal vez se me ofrezca un trabajo menos valioso, alejado de los clientes más valiosos, ¿quién sabe?.

No es un miedo irracional. La empresa de distribución de comidas preparadas  Deliveroo ya hace algo similar. Supervisando el rendimiento de sus ciclistas, motoristas y conductores, ha empezado a ofrecer “acceso prioritario” en la reserva de turnos a los que “dan el servicio más coherente y de mayor calidad”.

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James Farrar, el empleado que venció a Uber.

 
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Publicado por en mayo 24, 2018 en Ciudadanía