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Jesús Franco (1.930-2.013). Un original director que fue toda una rareza en el panorama cinematográfico español de su época. Un análisis de dos de sus principales obras.

08 Dic

Si ha habido un director que constituyese una auténtica rareza dentro del panorama cinematográfico, ese ha sido sin duda Jesús Franco (Madrid,1.930-Málaga, 2.013) Su cine no tenía nada que ver con lo que se hacía aquí. Ni eran comedias inocentes y ñoñas ni tampoco dramas sociales ni películas históricas que reconstruyesen desde una óptica glorificadora y triunfalista la Historia española,- especialmente el período de los Reyes Católicos, con el triunfo de la Reconquista y el descubrimiento de América por un lado, y la Guerra de la Independencia por otro-, que eran los géneros mayoritarios en el cine español del momento. Lo suyo fue explorar nuevos territorios, informarse sobre el tipo de cine que se estaba haciendo en otras latitudes, y marcharse si era preciso a esos países a rodar. Jesús Franco siempre asimiló lo que aprendió del cine extranjero y lo añadió a sus películas, sin por ello perder el menor ápice de personalidad.  Su obra es inmensa, y yo sólo he visto unas cinco películas suyas de desigual calidad, pero me han bastado para darme cuenta del valor que supone que un cineasta trabaje con herramientas nuevas, sobre todo, cuando con estas, muestra que se puede hacer un cine distinto al que aquí hacía todo el mundo. Sus filmes estaban limitados por aspectos técnicos y de presupuesto, y en eso en ocasiones se notaba, pero hay que reconocerle el mérito de su tenacidad a la hora de trabajar y su enorme imaginación. Sus películas hoy nos parecerían cutres, pero nunca contó con grandes medios. Aún así se lo montó muy bien. Rodó alrededor de 200 películas,- pues amaba rodar, de muy diversos géneros, desde el western El llanero hasta filmes sobre Fu-Manchú, pasando incluso por el porno, y sin olvidar comedias, policíacos o musicales. Trabajó en países como Francia, Suiza, Alemania o Turquía, entre otros. Aunque muchas películas las firmó con su verdadero nombre, otras las firmó con multitud de seudónimos como Jess Franco, David Khunne, Clifford Brown, Jack Griffin, Terry de Corsia, Preston Quaid o Pablo Villa.

He seleccionado dos películas suyas, dos películas en las que este cineasta que sufrió el malditismo toda su vida, dio lo mejor de si mismo. La primera de ellas es Gritos en la noche (1.962). Es una película que se mueva a medio camino entre el policíaco y el terror. Entre Agatha Cristie y Alfred Hitchcok, de una parte y los míticos filmes de la Universal, y de la entonces incipiente Hammer, de otro. Se notan las influencias del suspense británico y del cine de terror más fiel al clasicismo. Para dar mayor credibilidad a la historia que se narra, Franco nos desplaza a una indeterminada ciudad francesa de principios del siglo XX, nos enseña una combinación de alegres cabarets y tenebrosas  calles, de  una convencional y feliz pareja, y  unos siniestros personajes que habitan un castillo. Dos mundos opuestos que se cruzan. La ambientación tan lúgubre y tétrica en el interior del castillo es magnífica. La trama policíaca está muy bien hilvanada y los decorados entre costumbristas y de terror gótico son impecables. La elección del poco conocido Howard Vernon como el villano del filme es acertada, pues por su físico y su inquietante interpretación nos hace recordar a Boris Karloff, que estoy convencido que era lo que Franco quería. En cambio, la capacidad interpretativa del protagonista, Conrado San Martín ( de gran parecido físico a su vez con el cómico Bob Hope, por cierto), resulta más bien limitada. Destacar la espectacular belleza de Diana Lorys, actriz a la que he descubierto con esta película.  En fin, una película, que pese a lo limitado de sus medios y presupuesto, resulta más que digna, y es desde luego una extraña joya del cine español. Los coleccionistas de rarezas, estoy seguro que disfrutarán un montón. Además, me alegra mucho que un compatriota se atreviese a hacer una película que transcurre en parte en un castillo tenebroso, igual que hacían los estudios anglosajones.

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El otro filme es Rififí en la ciudad (1.963). El título es engañoso, pues hace referencia a la magistral Rififí (Juless Dassin,1.955), película a la que he llegado a considerar en alguna temporada de mi vida como la mejor de la Historia. Por supuesto no es comparable en calidad a esa cinta de matrícula de honor, y el ardid comercial de incluir en el título al personaje de Rífifi que no aparece por ninguna parte es más que discutible. Lo que si hicieron para añadir cierto gancho y no menos confusión, fue darle el papel del villano a Jean Servais, el protagonista del Rífifi original. Pero, pese a ese truco, pensado para meter la cabeza con más facilidad en los mercados internacionales, la película funciona bastante bien. Se disfruta de una historia policíaca con razonables niveles de acción y violencia trasladada a una imaginaria república centroamericana y caribeña.  Es muy deudora en cuanto a la localización caribeña y cierta ambientación local de Dr.No ( Terence Young,1.962), la exitosa primera película de la interminable saga de James Bond.  Ver a Fernando Fernán-Gómez de héroe-policía enfrentado a unos odiosos malvados en un país caribeño no tiene precio. Ver al igualmente grandísimo actor Agustín González haciendo de uno de los malvados, tampoco.  Hay algunos aspectos discutibles como el hecho de que el villano principal, que aspira a presidir la República caribeña se llame Maurice Le Prince, cuando podía haberse apellidado perfectamente Bravo, Castaños o Márquez, pero en conjunto, el guión resulta muy satisfactorio.  Se nota que Franco había aprendido de las producciones británicas y estadounidenses, los ingredientes que había que había meter en una historia para hacerla atractiva al público y la habilidad en la narración.

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En definitiva, dos producciones originalísimas dentro de la Historia del cine español, y que podrían pasar perfectamente por francesas, británicas o estadounidenses de serie B. Creo que es necesario rescatarlas del olvido. Y también a la figura de Jesús Franco en general. Por el esfuerzo que hizo y el mérito que tuvo, más que nada.

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Jesús Franco.

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Jesús Franco recibiendo un Goya Honorífico por toda su carrera en 2.008.

Otros títulos de Jesús Franco:

  • Tenemos 18 años (1.959)
  • El llanero (1.963)
  • Fu Manchú y el beso de la muerte (1.968)
  • El castillo de Fu Manchú (1.969)
  • El conde Drácula (1.970)
  • Vampyros Lesbos (1.971)
  • Los depredadores de la noche (1.987)
  • Una canción para Berlín (1.989)

 

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Una canción para Berlín (1.989).

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Publicado por en diciembre 8, 2016 en Cine

 

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