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La Gran Redada o cómo se intentó acabar con los gitanos españoles por parte de los grandes poderes.

01 Sep

En el tema abordado hoy, se puede comprobar una vez más los crueles que han sido siempre los gobernantes y reyes que hemos tenido en España. Han sido siempre crueles con su pueblo y, absolutamente desconsiderados para con la población en general. Pero, especialmente, con las minorías religiosas y étnicas (judíos, musulmanes, protestantes y gitanos). Sobre la persecución a estos últimos trata este post. Se trata de una historia, que como la de la esclavitud en Andalucía, del anterior post, ha sido deliveradamente ocultada. Hay muchos puntos oscuros en la historia de España, que hay que rescatar, muchos hechos que nos plantean situaciones incómodas a los que hay que mirar de enfrente, sin miedo. Todos los países tienen hechos abominables en su Historia. Pero, los otros países, los abordan, no los meten debajo de la alfombra, como hacemos nosotros. La Memoria Histórica debe abordar todos los siglos. No se trata de juzgar los hechos del siglo XVIII con la mentalidad actual, pero sí de ir construyendo una mentalidad crítica y de ir viendo que nuestra Historia no sólo esta tejida de hechos heroicos y gloriosas gestas, sino también de hechos ominosos como el que aquí se relata.

La Gran Redada, también conocida como Prisión general de gitanos, fue una persecución autorizada por el rey Fernando VI, y organizada en secreto por el Marqués de la Ensenada, que se inició de manera sincronizada el miércoles 30 de julio de 1.749 con el objetivo declarado de arrestar, y finalmente “extinguir” a todos los gitanos españoles. Los planes fueron iniciados por el Obispo de Oviedo, Vázquez Tablada y continuados y ejecutados por el Marqués de la Ensenada, cuando aquél cayó en desgracia, si bien planes parecidos ya habían sido sugeridos en décadas anteriores sin llegar a materializarse.

La organización se llevó a cabo en secreto, y dentro del ámbito del Despacho de Guerra. Esta institución del Estado absolutista preparó minuciosas instrucciones para cada ciudad, que debían ser enviadas al corregidor por un oficial enviado al efecto. La orden era abrir esas instrucciones en un día determinado, estando presente el corregidor y el oficial, para lograr la simultaneidad de la operación. También se prepararon instrucciones específicas para cada oficial, que se haría cargo de las tropas que debían llevar a cabo el arresto. Ni el oficial, ni las tropas conocerían hasta el último momento el objetivo de su misión. Las instrucciones estipulaban que, tras abrir los sobres, se mantendría una breve reunión de coordinación del Ejército con las fuerzas de orden público locales (alguaciles, etc). En algunas ciudades se llegó al extremo de estudiar la operación sobre el plano de la ciudad, cortando las calles para evitar una posible huida. Tras los arrestos, se cruzaron los datos de los detenidos con los del censo de la ciudad y se interrogó a los detenidos sobre el paradero de los ausentes, quienes fueron arrestados mediante requisitoria a los pocos días.

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Tras el arresto, los gitanos deberían ser separados en dos grupos: todos los varones mayores de 7 años en uno, y las mujeres y menores de 7 años en otro. A continuación, y según el plan, los primeros serían enviados a trabajos forzados en los arsenales de la Marina, y las segundas, internadas en cárceles o fábricas. Los arsenales elegidos fueron los de Cartagena, Cádiz y Ferrol, y más tarde, las minas de Almadén, Cádiz y Alicante, y algunas penitenciarías del norte de África. Para las mujeres y los niños, se escogieron las ciudades de Málaga,Valencia y Zaragoza. Las mujeres tejerían, y los niños trabajarían en las fábricas. La separación de las familias se llevó a cabo con el objetivo de impedir nuevos nacimientos.

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La meticulosa organización de los arrestos contrasta con la imprevisión y el caos en que se convirtió el traslado y el alojamiento, sobre todo en las etapas intermedias de los viajes. Se reunió a los gitanos en castillos y alcazabas, e incluso se vaciaron y cercaron barrios de algunas ciudades para alojar a los deportados (por ejemplo, en Málaga). Ya en su destino, las condiciones de hacinamiento resultaron ser especialmente terribles, pues por lo general incluían el uso de grilletes. La envergadura del proyecto de “exterminio” se mostró muy por encima de los medios disponibles en aquella época, ya que se carecía de los necesarios recursos económicos y humanos para completarlo.

En septiembre de 1749, con la operación ya muy avanzada, tiene lugar una reunión del Marqués de la Ensenada con sus consejeros, en la que se baraja la deportación a América, la dispersión de la población gitana por los distintos presidios y el empleo de los gitanos en los trabajos de obras públicas. Pero una avalancha de recursos y pleitos contra estas decisiones terminarían desbaratando estos planes. Las cosas se hicieron tan mal, que con el paso de los años, se fue liberando cada vez a más gitanos. Entre otras cosas, nunca se tuvo realmente claro, de manera unánime que destino final darles a los gitanos. Por un lado se consideraba que los gitanos sedentarizados eran positivos y productivos para la economía nacional, mientras que los nómadas eran una lacra. Se dividían los gitanos en buenos y malos, sin tner muchas veces claro, a cual de las dos categorías pertenecía cada uno. En la primera mitad de la década de 1750, esto tenía su reflejo en que mientras que se liberaba a unos, al mismo tiempo, se encarcelaba a otros. Los militares cada vez estaban más hartos de custodiar a unos prisioneros gitanos que por un lado, suponían un constante quebradero de cabeza, y por otro, apenas servían para los trabajos forzados de los arsenales, debido a su indisciplina. Los militares, al igual que los vecinos y corregidores, también se quejaron del coste económico que suponían los prisioneros gitanos. Para rematar el asunto, hay que añadir que muchos gitanos que habían sido liberados al cabo de muchos meses o de varios años, ahora se encontraban con que sus bienes habían sido subastados, con lo que se encontraban en absoluta indigencia, y esto dio lugar a procesos judiciales en  numerosas localidades.

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En 1.765, la Secretaría de Marina dio la orden liberar a todos los gitanos presos que lo estaban por la redada de 16 años antes. Sin embargo, en ciertas localidades, como Ferrol o Cádiz, esto no se cumplió, y los gitanos allí presos no saldrían libres hasta 1783…34 años después de la Gran Redada.

Carlos III, para honrar, o por lo menos manchar lo menos posible, la memoria de su hermano, Fernando VI, se encargó de que el suceso histórico conocido como la Gran Redada, fuese borrado de la memoria colectiva. Cosa en la que tuvo bastante éxito durante más de 250 años. Lo que no podía imaginar Carlos III era la aparición de un invento llamado Internet que lo registra todo. Incluso las maldades de su hermano.

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Fernando VI. (1.712-1.759).

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Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada. (1.702-1.781)

Fuente: https://baxtalo.wordpress.com/2012/07/30/historia-de-un-genocidio-la-gran-redada-de-1749/

           https://www.gitanos.org/actualidad/archivo/117161.html.es

           https://es.wikipedia.org/wiki/Gran-Redada

          queaprendemoshoy.com/historia_de_los_gitanos_la_gran_redada/

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Publicado por en septiembre 1, 2016 en Crimen Organizado, Cultura

 

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