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Un análisis de lo que significo el Fujimorismo para Perú (1.990-2.000).

05 Jul

 

Recuerdo cuando en la década de los 90, hablábamos sobre la dictadura de Alberto Fujimori en Perú y sobre las desastrosas consecuencias que tendría en el país sudamericano.  Desde hace mucho, consideré que Perú era el laboratorio ideológico-político de América Latina. Primero, el Aprismo, después las guerrillas comunistas (Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, Ejército de Liberación Nacional, Sendero Luminoso y Movimiento Reolucionario Tupac Amarú., a continuación el régimen militar-revolucionario de Juan Velasco-Alvarado,  . El modelo de Alberto Fujimori nos parecía el modelo de lo único que el capitalismo nos podía ofrecer. Fue un a conjunción de populismo y libre-mercado. Bajo su régimen, hubo incontables casos de violaciones de derechos humanos y desapariciones.

 

 

El modelo fujimorista se caracterizó en general por su política económica de ajuste estructural y privatización de las empresas públicas, con el declarado objeto de pagar la deuda externa y reducir los costes del aparato estatal. Peo, lo cierto es que durante la década del fujimorato (1.990-2.000), la deuda externa a la que se terminó dedicando 1/3 de las exportaciones, siguió creciendo. El país no pudo desarrollarse económicamente, porque careció de recursos de inversión y los capitales que acudieron al país sólo se interesaron por negocios especulativos.

La población pobre aumentó de 9 a 14 millones y al menos 4 millones de personas se encontraban viviendo en situación de pobreza extrema.

La receta neoliberal se aplicó en Perú mediante la intervención directa de las Fuerzas Armadas y del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), con el pretexto de combatir el terrorismo, desde el primer día del Gobierno Fujimori. La guerra sucia, el autogolpe militar de abril de 1.992, la creación de tribunales militares sumarios para juzgar a los civiles acusados de “traición a la patria” o la actuación de grupos paramilitares o parapoliciales, como el Grupo Colina, generaron un contexto de control represivo contra manifestación de protesta social o política.

En el caso peruano queda al descubierto que el liberalismo económico requiere para su implantación de un creciente autoritarismo y mayor represión sobre toda la sociedad y en general contra las disidencias ideológicas y políticas. El recorte de los gastos del Estado, privatizando servicios esenciales como sanidad o educación, con altísimo coste social, financió el gigantismo de los gastos militares y de los aparatos de inteligencia militar. Los beneficiarios del modelo fueron la burguesía internacional y sus empresas multinacionales, los poderes financieros de la burguesía peruana más vinculados a la globalización, y la burocracia que sirve a sus intereses.

El coste de la mano de obra de los trabajadores peruanos disminuyó significativamente, reduciendo su capacidad de consumo y eliminando sus mecanismos de defensa política y  sindical. Las materias primas peruanas, base de las exportaciones, también tendieron a depreciarse. Por ello, muchos gobiernos e instituciones internacionales se inclinaron por actitudes ambiguas y pragmáticas ante el régimen fujimorista, dadas las conveniencias para sus inversiones en el país.

El legado que dejó el régimen de Alberto Fujimori no pudo ser más desolador. En los dos últimos años de su mandato autoritario (1.999-2.000), la lista de empresas que cerraban era interminable, las prometidas inversiones extranjeras no llegaban, la delincuencia se extendía masivamente, así como el consumo y adicción a las drogas, y más de la mitad de la población se encontraba desesperada por encontrar un empleo. A esto hay que añadir que la vida pública fue alterada  por la intensa manipulación de la legalidad que se desplegaba desde el Gobierno:

  • Promulgación de leyes inconstitucionales.
  • Descabezamiento del Tribunal de Garantías Jurídicas.
  • Reorganización permanente y manipulación sistemática de la Justicia y del Ministerio Público.

El poder usó a los grandes medios para neutralizar los debates y a la prensa amarilla para arrojar basura contra los líderes opositores. Tampoco se puede olvidar  el peso que tuvieron los espías del SIN (Servicio de Inteligencia Nacional) infiltrados en todos los espacios, manipulando, desorientando y dividiendo a los adversarios del Gobierno.

Aunque un vasto sector de los votantes deseaba acabar con ese estado de cosas, también es cierto que Fujimori había conseguido ganarse a un compacto tercio del país, particularmente en los estratos más pobres de este.

La base fujimorista se hallaba presionada por el miedo a que los precarios sistemas de vida que había logrado hacer funcionar dentro de la cierta estabilidad proporcionada por el Gobierno, pudieran quebrarse con un brusco cambio político; sobornado por el populismo oficial hecho de alimentos y maquinarias donadas, compras de productos artesanales, agrarios y microempresariales por organismos del Estado, pequeñas obras públicas locales como colegios, postas, pistas o caminos rurales, etc; enrolada en los múltiples movimientos oficialistas que las autoridades van tejiendo en los distritos con la promesa de retribuirles con una participación aunque fuese mínima en la tarta del Tesoro Público.

Alberto Fujimori o como dar un autogolpe de Estado, tras haber llegado al poder por medio de las urnas.

En prisión desde 2.009 por corrupción y crímenes de lesa humanidad.

A finales de 2.000, al verse acorralado por casos de corrupción durante su gestión, Fujimori viajó  de Perú hacia Brunei para asistir a la cumbre anual de la APEC, desde donde voló a Japón, país desde donde dimitió a través de un fax. Cinco años después, confiado,  viajó a Chile, donde no se imaginaba que inmediatamente sería extraditado a Perú para ser juzgado por corrupción, crímenes de Estado, etc.

 Realmente, lo que hizo caer al régimen de Fujimori, fue la emisión televisiva (que el régimen no consiguió evitar) de un vídeo, donde se veía a Montesinos sobornando al congresista opositor Kouri, pagándole 15.000 $. Esto provocó una oleada de indignación que sacó a la gente masivamente a la calle para protestar. Vladimiro Montesinos solía grabar los vídeos en que aparecía sobornando a políticos opositores para que se pasaran a las filas del oficialismo. Los guardaba en su casa de la playa. Se conocen como vladivideos. El más conocido, el de Kouri se puede encontrar en internet.

El siniestro jefe del SIN, Vladimiro Montesinos.  En prisión desde 2.006 por innumerables delitos.

Uno de los casos de El Grupo Colina.Varios  de los implicados fue implicados en cientos de asesinatos y desapariciones.

Fuente:  Ricardo Gadea Acosta. Neoliberalismo criollo, dictadura y fraude.

             Raúl A. Wiener F. El país, la política y la re-reelección.

             Perú, una década de Fujimorismo.  Cuadernos nº 37 África América Latina.

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Publicado por en julio 5, 2016 en América Latina.

 

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