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Stephen King, El cementerio de animales y las enormes diferencias entre literatura y cine.

24 Oct

Ayer terminé de leer Cementerio de animales, excelente novela de Stephen King, de 468 páginas, que en ningún momento se hace lenta o pesada. Me parece que la narrativa de este autor es muy amena y además va de forma no muy rápida, pero si constante y progresiva, enrareciendo el ambiente, hasta crear en el lector una acertada combinación de inquietud y desasosiego. Se nota que es un gran conocedor de la psicología humana; de nuestras inseguridades, terrores infantiles y traumas del pasado. En eso, en mi opinión, radica, al menos en parte, el secreto de su éxito. La clave de haberse convertido en un escritor leído a nivel mundial y en multimillonario. Hace ya tiempo que me decidí a leer literatura de terror y empece por orden. Primero Poe, luego Lovecraft y ahora King (me faltan de momento, James Herbert y Dean R. Koontz). Y veo en Cementerio de animales alusiones tanto a Poe como a Lovecraft que me sorprenden gratamente.  En Stephen King, descubrimos a alguien que no sólo sabe hacernos sentir incómodos con situaciones terroríficas, sino con situaciones de la vida cotidiana muy reales. Situaciones crueles, injustas, no buscadas,etc. Pero, que están  ahí, y no queda otra que lidiar con ellas. Sabe que el público se identificará con los protagonistas, porque en ocasiones ha pasado por lo mismo, o espera no tener que pasar por ello.

A nivel literario, una gozada. El problema viene a la hora de adaptar una novela al cine. El tiempo de duración de un filme siempre es mucho más reducido, pues se busca que sea rentable en taquilla, y eso en la mayoría de los casos acaba por invisibilizar o hacer irreconocible el cuerpo o espíritu de la novela. Es lo que ocurre con la adaptación cinematográfica de Cementerio de animales, El cementerio viviente (Mary Lambert, 1.989). Se nota un esfuerzo por ser fiel dentro de lo posible al original y por hacer un filme digno, pero al verse forzada a realizar una película de duración normal, para que sea estrenable, acaba realizando un trabajo cuya narración va a una enorme velocidad, sin dar respiro alguno al espectador. Lo que en la novela tarda más de 200 páginas en ocurrir, aquí sucede cuando han transcurrido apenas 30 ó 35 minutos de metraje. Y da una sensación de desmantelamiento o recorte radical de una historia que era magnífica.Y aún así, sale un filme de duración normal (alrededor de 100 minutos). Y ya se sabe, que un película si quiere mantener la sensación de miedo en el público, no puede durar mucho, porque sino el temor y angustia de este, se desinfla.

Otro defecto grave de El cementerio viviente, es que parece rodada con prisas y casi sin ensayar los diálogos. Como si les hubiese impuesto un tiempo de inicio y finalización del rodaje muy cortos y tuviesen que acabar la película cuanto antes. Y se nota sobre todo en unas interpretaciones que se resienten notablemente (excepto la de Fred Gynme como Jud Crandall y la de la actriz que interpreta a la asistenta depresiva). El doblaje para la versión española no puede ser peor en cuanto al matrimonio protagonista y a su hija Ellie (en esta última, resulta ñoña e insoportable hasta decir basta).

Luego está el hecho de abusar de cierto personaje. Me refiero al de Victor Pascow (que de tanto salir, pasa de resultar terrorífico a ridículo o incluso cómico).

Y cuando uno ya comienza a desmoralizarse, asiste sin embargo, a una parte final muy conseguida, con una atmósfera de terror muy difícil de superar. Y es que la película también tiene escenas muy conseguidas, como las dos primeras apariciones de Pascow o las de Zelda, la hermana de Rachel, la protagonista femenina, que todavía hoy sigue dando miedo. El gato Church, con su sola presencia,por su parte nos recuerda de manera eficaz que algo espantoso va a ocurrir. La banda sonora de Los Ramones, también es un dato a su favor.

Lo más sorprendente, es que  este guión que cambia muchas cosas respecto a la novela, esta escrito por el propio Stephen King, que ha sido pragmático y ha preferido que la película tuviese éxito en taquilla, a la fidelidad a la propia creación.

En conclusión, una adaptación literaria digna y esforzada, pero lejos de ser una gran película como si lo fueron otras del mismo autor (El resplandor, por ejemplo). Digamos que se resiente de las obligaciones que tiene siempre el envoltorio de un filme. Hubiese sido mejor hacer con ella una miniserie. Se hubiese podido desarrollar mucho mejor la magnífica historia de la que se partía. Ni está entre las mejores adaptaciones de King, ni está entre las que son bodrios (Los chicos del maíz, por ejemplo).

Lo mejor: La recreación inicial de ciertos personajes terroríficos y el tramo final en la casa del personaje de Jud Crandall.

Lo peor: Su formato de telefilme de los domingos a las 4 de la tarde.

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Publicado por en octubre 24, 2015 en Cine, Literatura

 

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