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Las etnias siberianas. Buriatos, Nivjis y otros pueblos y un notable libro antropológico sobre todos ellos.

03 Jul

En la gigantesca región de Rusia conocida como Siberia,- sinónimo del clima más helado del planeta y de deportaciones a los gulags, – habitan numerosas etnias. A diferencias de los nativos de Norteamérica, Nueva Zelanda y Australia, su historia es muy poco conocida. Se trata de gentes, que hasta la llegada del hombre blanco (colonos rusos y balleneros norteamericanos, sobre todo), habían conservado intactas formas de vida, propias de dos mil años atrás. Ciertamente, el choque de culturas fue violento, y aunque algunos de estos pueblos, opusieron tenaz resistencia, terminaron siendo bien conquistados por la fuerza, bien asimilados sutilmente a la gran potencia regional (Rusia). Esta gente han seguido siendo un pueblo recolector y cazador, hasta hace unas décadas. Los afanes expansionistas de los zares y las ofensivas militares cosacas contra sus ciudades, las deportaciones y ejecuciones en la era comunista y la definitiva destrucción de sus señas de identidad por el capitalismo, han terminado por arrojarles al basurero de la Historia, a dejarles en la marginalidad e indefensión más absoluta. Y lo peor de todo será que cuando estas etnias se extingan completamente casi nadie se enterará y a casi nadie le importará.

Entre estos pueblos indígenas, destacan los Buriatos y los Nivjis.

Los Buriatos constituyen el grupo étnico indígena más numeroso de Siberia. Son de origen mongol y comparten con los mongoles muchas costumbres así como rasgos físicos. La mayoría viven en la República de Buriatia (perteneciente a Rusia) y en dos distritos: Agá y Ust-Ordá. Su población se ha ido incrementando espectacularmente con el paso de los siglos. En el siglo XVII eran unos 27.000 y ahora, en el siglo XXI, ya son 500.000. Es decir, un aumento poblacional del 185%. Entre los personajes con ascendencia buriata más conocida se encontraba el actor Yul Brynner (1.920-1985), co-protagonista de películas como Los diez mandamientos (donde interpretaba al faraón), Los hermanos Karamazov o Los siete magníficos.

Las religiones de los buriatos son el budismo tibetano y el chamanismo.

Imágenes de miembros del pueblo Buriato.

Pareja de chamanes.

Los Nivjis son los indígenas que habitan la isla de Sajalín y la región del estuario del río  Amur, en el Krai de Jabárosk, en Rusia. La isla de Sajalín  estuvo administrada conjuntamente durante décadas por Japón y Rusia. A causa de la sobreexplotación pesquera llevada a cabo en la isla por ambas potencias, los nivjis pasaron hambre y se vieron en la necesidad de importar alimentos rusos para sobrevivir.

Durante la época soviética su modo de vida fue destruido por las autoridades comunistas y sustituido por las prácticas agrícolas propias del campesinado ruso. A tal nivel llegó el proceso de rusificación, que su estilo de vida cazador-recolector desapareció para siempre. Y lo peor, es  que sus territorios fueron inundados por pobladores rusos enviados por el Gobierno soviético para debilitar la identidad cultural nivji.  Para cuando cayó el comunismo, hacía mucho tiempo que todas las señas de identidad nivji habían sido olvidadas o hechas desaparecer.

A día de hoy, la mayor amenaza para la ya de por sí débil cultura nivji lo constituyen las multinacionales petroleras que ansían realizar extracciones en isla de Sajalín. Los nivjis llevan aproximadamente 10 años manifestándose y luchando por sus derechos y contra las multinacionales Shell y Exxon Mobil.

Otra cosa que juega en contra de los nivjis, es que a diferencia de los numerosos buriatos, ellos son muy poquitos: Unos 5.700, la mitad en la isla de Sajalín, y la otra mitad, en el Krai de Jabárosk, en la Rusia continental.

Sus religiones son el cristianismo ortodoxo y el chamanismo.

Imágenes del pueblo Nivji.

Por último, recomendar el muy estimulante libro de investigación antropológica y ensayo El manto de chamán. Una historia indígena de Siberia. Anna Reid. Ed. Ariel Pueblos. 2.003.

En este ensayo, se investigan las costumbres y ritos ancestrales, no sólo de buriatos y nivjis, sino también de otras etnias como los jantis, los tuvanos o los chukchis. Aunque la historia es triste, el libro es muy entretenido y notablemente documentado. Leerlo es muy reconfortante y nos enseña cosas sobre unas gentes y un mundo que todos nosotros desconocemos.

 

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Publicado por en julio 3, 2015 en Uncategorized

 

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