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La trágica historia de un Pueblo borrado de la faz de la Tierra: Los Selknam, de la Tierra del Fuego.

19 Sep

Uno de los Pueblos borrados para siempre de la faz de la Tierra fue el Pueblo Selknam, los aborígenes originarios de la Tierra del Fuego. Su supervivencia era contraproducente para los colonos británicos, argentinos y chilenos, y sus intereses comerciales y empresariales.

Hacia finales del siglo XIX, la isla Grande de Tierra del Fuego concitó el interés de grandes compañías ganaderas. La introducción de estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los aborígenes y los colonos británicos, argentinos y chilenos. Conflictos de intereses que estos últimos decidieron resolver por medio de uterna guerra de exterminio. Las grandes compañías  ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada selknam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas de las víctimas. Las tribus del norte de la isla fueron las más afectadas, iniciándose así una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar de las matanzas. En busca de alternativas  a la matanza, en  1.890 , el Gobierno chileno cedió la isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión dotada de amplios recursos económicos. Los selknam que sobrevivieron  al genocidio fueron deportados a la isla, lo que acabaría dejando en un plazo de 20 años, un cementerio repleto de cruces.

Antes de la llegada de los colonos británicos, argentinos y chilenos, la población selnam de la isla de Tierra del Fuego era de unas 4.000 personas.

Una de las razones por las que colonos de estas nacionalidades se lanzaron a la conquista de este territorio, aparte de la explotación del negocio ganadero fue la búsqueda del oro.

Las claras desventajas materiales y de armamento de los silknam impidieron que se consolidase una resistencia eficaz por parte de los nativos contra los invasores de sus territorios. El cronista Martín Gusinde narró como los cráneos de los nativos asesinados eran envíados al Museo Antropológico de Londres, que pagaba ocho libras por cabeza. Además, los invasores recurrieron a toda clase de perversos ingenios para diezmar a la poblaciónnativa, que en más de una ocasión dmeostró una gran ingenuidad. Un ejemplo de esto lo constituye el hecho de que ne la Playa de Springhill, apareciese una ballena varada, que inmediatamente fue objeto de banquete para los selknam. En tan sólo un día muchos de ellos (aproximadamente 500) murieron. A la ballena le habían inoculado veneno.

Otro ejemplo lo vemos en la masacre de la Playa de Santo Domingo, en la década de 1.900, donde uno de los jefes colonos, Alexander McLennan invita a una tribu selknam,a la que él había estado hostigando anteriormente, a un banquete para sellar un acuerdo de paz. Durante el banquete, McLennan sirvió grandes cantidades de vino. Al comprobar que la mayoría de los indígenas se habían emborracahado, McLennan se alejó del banquete y ordenó a sus hombres, apostados en las colinas, abrir fuego contra la tribu. 300 selknam fueron masacrados en aquella efeméride.

Poco después, un inmigrante italiano que recorría la isla en busca de yacimientos de oro, descubrió los cadáveres de unos 80 selknam, todos ellos con signos de haber sido disparados.

En 1.882, el periódico londinense Daily News publicó un reportaje sobre las posibilidades económicas de la Tierra del Fuego, en el que textualmente se decía:

It is thought that the country of Tierra del Fuego would prove suitable for cattle breeding, but the only drawback to this plan is that to all appeareance it would be necessary to exterminate the Fuegians.

Se piensa que la Tierra del Fuego sería adecuada para la ganadería, pero el único problema en este plan es que, según parece, sería necesario exterminar a los Fueginos (selknam).

Los empresarios ganaderos actuaron siempre bajo su propio criterio, financiando campañas de exterminio, para lo cual contrataron a numerosos hombres, extranjeros en su mayoría (entre los que destacó por su especial crueldad y fanfarronería, el rumano Julius Popper), importándose considerables cantidades de armamentos, cuyo objetivo era borrar de la faz de la Tierra a cualquier precio a los selknam. Este precio para empresarios y estancieros era lógico, pues los aborígenes eran el principal obstáculo para el triunfo y rentabilidad de sus inversiones. La veracidad de los acontecimientos fue ratificada por los propios empleados de estancia, quienes más tarde, al ser sometidos a sumario, confirmaron que las expediciones contra los aborígenes eran más frecuentes de lo que muchos pensaban.

La justicia llevó a cabo este sumario entre 1.895 y 1.904, dirigido por el juez Waldo Seguel. Si bien quedó claro la frecuencia con que se llevaron a cabo las matanzas de aborígenes, a la hora de la verdad, el proceso judicial sólo culpó a algunos operarios de estancia, quienes además, quedaron libres a los pocos meses del juicio, mientras que los autores intelectuales, es decir dueños y accionistas de las estancias ganaderas-Mauricio Braun, José Menéndez, Rodolfo Stubenrauch y Peter H. Mc Clelland, junto al Gobernador de la isla, Señoret-, nunca fueron debidamente procesados.

Los aborígenes supervivientes del genocidio que fueron deportados a Isla Dawson, murieron allí a causa  de contagios y proliferación de enfermedades propias de las poblaciones colonizadoras. El contagio de estas enfermedades terminaron por ocasionar un daño igual o mayor que el que habían producido las cacerías anti-selknam. Más de 1.500 selknam murieron de contagio infeccioso.

La última persona selknam, Ángela Loij, falleció en 1.974. Con ella se fue para siempre todo un Pueblo.

Como vemos, el Capitalismo no conoce barreras morales ni de ningún tipo a la hora de conseguir beneficios empresariales. Espero que la gente pueda extraer alguna lección sobre la maldad intrínseca de este sistema económico después de leer esta historia.

Ángela Loij, la última Selknam en desaparecer,  fotografiada en 1.923.

Reconstrucción de un cazador selknam.

 

Fuente: Wikipedia.

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Publicado por en septiembre 19, 2014 en Genocidio

 

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