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Baluchistán (Pakistán). Un grave conflicto político y militar que no aparece en los medios.

05 Sep

Hay conflictos que por las razones que sean, parecen no importar a quienes dirigen los medios de comunicación y son sistemáticamente olvidados o ignorados como si no existiesen, aunque sean graves y puedan tener peligrosas consecuencias a nivel regional o incluso internacional, como es el caso que nos ocupa. Traigo aquí un artículo perfectamente narrado sobre el conflicto que se vive en la región pakistaní de Baluchistán, desde hace décadas, prácticamente desde que Pakistán existe como país (1.947). Es un conflicto que nos muestra lo complicado que es conseguir una convivencia étnica, religiosa y social en determinados países caracterizados por el tribalismo, el fundamentalismo religioso y los prejuicios étnicos. Ocurre además, en el interior de Pakistán, país que es una bomba de relojería demográfica (tiene más habitantes que Rusia, a pesar de su mucho menor tamaño), religiosa (espectacular avance del integrismo entre la población ), social, militar y nuclear (Pakistán es de los pocos países que posee la bomba atómica). Si a esto añadimos las permanentes tensiones con India, que han provocado varias guerras entre ambos países (especialmente por el control de la región de Cachemira), la entrada de milicias talibanes que se refugian en Pakistán aprovechando lo frágil de sus fronteras y la complicidad de parte de los servicios secretos pakistaníes y la menos conflictiva relación que se mantiene con Irán, entenderemos porque deberíamos considerar a Pakistán tan peligroso para el mantenimiento de la paz como Corea del Norte o Israel. El maltrato que Pakistán da a numerosas regiones de su territorio como Baluchistán, no es nada nuevo. Los bengalíes sufrieron en sus propias carnes ser una etnia de segunda en su propio país y cuando quisieron la independencia, Pakistán respondió con uno de los mayores genocidios del siglo XX. En este artículo se explican las razones del pueblo baluchi para querer la independencia y se nos muestra la barbarie y el despotismo del Estado pakistaní. Y vamos a ello.

Pakistán
La guerra secreta de Baluchistán.
Comisión Asiática de Derechos Humanos.
Baluchistán es una provincia de Pakistán situada al suroeste del país. Cuenta con siete millones de habitantes (el 5% del total del país) repartidos en trescientos cincuenta mil kilómetros cuadrados, lo que supone casi la mitad del territorio pakistaní. El pueblo baluchi vive desde hace siglos en ese territorio y logró formar varias entidades estatales a lo largo de la historia, siendo el kanato de Kalat la más importante. Coincidiendo con la época del imperialismo, los ingleses integraron dicho kanato dentro de las posesiones de la India británica, respetando su soberanía para los asuntos internos. Para hacer efectiva esta integración se pactó un reparto del territorio con los vecinos de Irán y Afganistán. Desde entonces el pueblo baluchi se encuentra dividido entre tres estados, disperso por una superficie ligeramente superior a la española. Se trata de una comunidad islámica sunnita que cuenta con su propia lengua y un derecho consuetudinario (Rawah) que se caracteriza por su tolerancia y apertura frente al rígido Código Pastunwali de sus vecinos pastunes.El territorio de Baluchistán se caracteriza por su clima árido con montañas desérticas que guardan importantes reservas minerales y de gas. A ello hay que añadir un amplio litoral costero, también árido, que permite al estado pakistaní disfrutar de una amplia zona económica sobre las aguas del Índico y desarrollar importantes proyectos estratégicos como la construcción del puerto de Gwadar, cerca de la frontera con Irán, que está llamado a ser la mayor base de su marina de guerra en una zona lejana a la frontera con la India, para gozar de mayor seguridad y profundidad estratégica ante una posible guerra entre ambos estados rivales.
El origen de las reivindicaciones baluchis.
Cuando se produjo la partición de la India británica, Baluchistán, debido a su mayoría islámica, fue asignada al naciente estado pakistaní. Sin embargo existió un rechazo desde el inicio a esa incorporación dictada por la potencia colonial sin consultar tanto al pueblo como a las autoridades tradicionales. De ahí que se proclamara la independencia del estado de Kalat que durante un año aguantó las presiones para su incorporación efectiva en Pakistán. Finalmente el ejército pakistaní invadió Kalat iniciándose un proceso de resistencia que, con diversas fluctuaciones, se ha mantenido hasta nuestros días.La primera revuelta se prolongó hasta finales de los años cincuenta, un segundo brote de rebelión se extendió por la región durante la década de los setenta coincidiendo con el avance las ideas laicas e izquierdistas en Afganistán que culminaron con la proclamación de la república en 1973. En aquella época de Guerra Fría, la insurrección baluchi fue presentada por Pakistán como una maniobra soviética que buscaba avanzar hacia las aguas cálidas del Índico recordando el avance y amenaza del Gran Juego del siglo XIX entre la Rusia zarista y el colonialismo británico. La última revuelta se inició en la década de los noventa y llega hasta hoy aunque se trata de una guerra secreta que apenas aparece en los medios de prensa occidentales.
La explotación de los recursos como base de la rebelión.
 Desde que se proclamó el estado pakistaní, una de las principales prioridades del mismo ha sido la de conformar una identidad nacional a una entidad estatal nueva y artificial basada en la religión islámica de su población. Ese proceso de construcción se ha hecho a partir de los aportes de dos comunidades: la población del Punjab, la provincia más poblada y los mohajirs, refugiados musulmanes procedentes de la India. Todo ello en detrimento del resto de poblaciones como los pastunes, cachemires o baluchis.Esto ha dado como resultado un modelo de estado en el que no se han integrado los intereses de los diferentes pueblos que residen dentro sus fronteras. Así, los baluchis denuncian su infrarrepresentación en los diferentes escalones administrativos del estado. De forma significativa solo suponen el 1% del Cuerpo de Fronteras o el 3% de los efectivos de la Guardia Costera. Al mismo tiempo se inició una política de explotación de los recursos naturales de Baluchistán, sobre todo minerales y gas. El caso del gas es paradigmático ya que tiene una importancia estratégica. En Baluchistán se produce el 40% del total que necesita el país para abastecer sus necesidades. Solo un 17% de esa producción se consume en la región productora y el estado central pakistaní apenas invierte en Baluchistán el 12% de los beneficios que genera esa fuente de energía. Los nacionalistas beluchis denuncian la existencia de una política que tiene como objetivo mantener el subdesarrollo de la región para impedir que un acelerado desarrollo económico pueda incrementar las demandas secesionistas.Los datos son elocuentes. Las estadísticas oficiales indican la existencia de unos niveles de pobreza que duplican a los existentes en Punjab, la región más rica y poblada. El 56% de la población carece de acceso al agua potable en condiciones aceptables, un grave problema que afecta a Quetta, la ciudad más poblada que supera el millón de habitantes como consecuencia de la avalancha de refugiados pastunes procedentes de Afganistán. En el caso del gas, los datos son sangrantes. Los primeros yacimientos se descubrieron en Siu en 1953. Para el año 1964 se inició el abastecimiento a la región de Punjab, sin embargo, no llegó a Quetta, la capital de Baluchistán hasta 1986 y todavía hoy, solo 4 de los 26 distritos en los que está dividido tienen acceso a la red de gaseoductos oficiales. A esta explotación, con claros signos coloniales, los nacionalistas añaden otros dos elementos de la política oficial: la islamización y militarización del territorio. Pakistán se define como estado islámico y, desde sus inicios, ha mantenido una relación ambigua con diversos movimientos islamistas que han sido instrumentalizados desde el aparato de estado en apoyo de los diversos grupos que han ostentado el poder desde la independencia. En el caso de Baluchistán, el estado impulsa el crecimiento de la red de madrassas o escuelas coránicas en manos de los diversos grupos integristas. De este modo apenas existe la red de escuelas públicas laicas. Esto obliga a que la mitad de los menores escolarizados los hagan en la red religiosa que funciona como un factor de integración a partir de la ideología oficial islámica. Entre las mujeres la tasa de alfabetización se reduce al 7%.Baluchistán tiene también una importancia estratégica. Las montañas de Ras Toh han sido utilizadas para desarrollar el proyecto nuclear pakistaní con instalaciones donde fabricó y se probó la bomba atómica. Además, su lejanía de la frontera con la India le convierte en lugar ideal para la creación de bases militares seguras. El proyecto de Gwadar se está financiando con inversiones procedentes de China. El objetivo final permitirá la creación de una ciudad en pleno desierto que pasará de 70 000 habitantes a dos millones, en su inmensa mayoría de origen no baluchi. Desarrollar estos proyectos en medio de la insurgencia ha llevado a un proceso de creciente militarización. Finalmente, se hará realidad el temor baluchi a convertirse en una minoría en su propio territorio. 

La presencia pastún.

 

De los seis millones de habitantes, los baluchis representan el 45% del total siendo los pastunes el otro componente fundamental de la población con un 38%. Los distritos del norte están poblados por pastunes cuya importancia ha ido creciendo con el tiempo. Los distritos del norte son ya de mayoría pastún y en parte de ellos se aplica del Pastunwali. En la actualidad representan la mayoría en la capital, Quetta, y su presencia está activando un enfrentamiento étnico que sirve a los intereses del estado pakistaní para desactivar la movilización baluchi.

Sin embargo, este hecho se complica con la presencia entre la población pastun de sectores que apoyan a los talibanes así como el temor a que grupos como Al Qaeda pueda implantarse en la región. Debido al escaso desarrollo económico de la zona, un sector importante de la población se dedica al cultivo del opio así como al contrabando, lo que convierte en porosas las fronteras existentes entre los estados presentes en territorio baluchi. Este hecho es significativo porque en la región de Sistán-Baluchistán, integrada en Irán, se han registrado acciones insurgentes baluchis impulsada por un grupo clandestino, Los Soldados de Alá (Jundallah) que han provocado preocupación en Teherán y está contribuyendo a complicar las tensas relaciones entre Irán y Pakistán. De este modo se estaría gestando un conflicto transnacional en territorio de Baluchistán.

La última revuelta

 

Las rebeliones de décadas pasadas se saldaron con miles de muertos y un proceso de militarización que ha servido para deslegitimar al estado pakistaní ante los ojos de buena parte del pueblo baluchi. En la última década los enfrentamientos se han recrudecido con la creación de grupos como el Ejército para la Liberación de Beluchistán y la Organización de Estudiantes Baluchis. Se han producido importantes bajas por ambas partes, incluidos trabajadores de origen chino en las instalaciones de Gwadar. En el año 2006 el ejército pakistaní acabó con la vida de Nawab Akbar Bugti, líder de la insurgencia. Aquel hecho dio paso a una oleada de protestas en las que la población baluchi desafió el toque de queda en Quetta para asaltar las instalaciones de la policía y quemar bancos y coches oficiales. Fue una de las pocas ocasiones en las que los medios de comunicación hablaron del problema de Baluchistán. Desde entonces, los enfrentamientos han continuado y la respuesta del estado se ha hecho cada vez más sangrienta con la existencia de numerosas denuncias de detenciones arbitrarias, torturas generalizadas y desapariciones. La guerra secreta sigue en Baluchistán tapada o encubierta por los graves acontecimientos que se suceden a diario en las regiones fronterizas con Afganistán o por la guerra sectaria que se desarrolla en el resto de Pakistán entre grupos combatientes sunnitas y chiitas. Sin embargo, esta escalada represiva no ha impedido que algunas organizaciones de Derechos Humanos denuncien la situación que padece el pueblo baluchi y señalen directamente al estado como responsable de las múltiples atrocidades que se están cometiendo. Recientemente, la Comisión Asiática de Derechos Humanos emitió un comunicado en el que denunciaba la creación de grupos paramilitares desde los órganos del estado pakistaní con el objetivo de eliminar a intelectuales y activistas de la causa baluchi, lo que demostraría el mantenimiento de un importante nivel de movilización entre la población baluchi y un estado que no duda en utilizar tácticas de guerra sucia para acabar con un movimiento insurgente que amenaza con convertirse en un serio quebradero de cabeza capaz de complicar aún más la ya delicada situación política de Pakistán.

DECLARACIÓN DE LA COMISIÓN ASIÁTICA DE DERECHOS HUMANOS

 

Una organización que dice trabajar por el restablecimiento de la paz en la provincia de Baluchistán ha reivindicado el asesinato de numerosos activistas y anunciado su intención de matar a otros 35 que están en su lista negra en las próximas semanas. La organización mantiene secuestrados a tres activistas y anuncia que en cualquier momento sus cadáveres serán entregados al movimiento nacionalista de Baluchistán. Las autoridades no han tomado medidas contra la citada organización.

Se rumorea que dicha organización, de nombre Tehreek-e-Nefaz-e-Aman Balochistan (TNAB, Movimiento por el Restablecimiento de la Paz en Baluchistán), ha sido creada por los servicios secretos, en particular por el ISI, para aplastar al movimiento nacionalista, que se opone a la intervención militar en la provincia y propugna que la población de Baluchistán tenga el control sobre los ricos recursos naturales de la provincia.

Dicen que el TNAB constituye el brazo armado de Mutahida Mahaz Baluchistán (Frente Unido de Baluchistán), un partido político liderado por Siray Raisani, hermano del primer ministro provincial, Aslam Raisani. El grupo armado afirma que cuenta con el apoyo del ejército paquistaní para restablecer la paz en Baluchistán. El primer ministro provincial tampoco está contento con el abuso de poder por parte del ejército y del Cuerpo de Fronteras (FC) a la hora de abordar la situación del orden público y Siray decidió distanciarse de la postura política de su hermano Aslam.

Las fuerzas armadas paquistaníes han lanzado cinco grandes operaciones militares en Baluchistán desde 1948, año en que se fundó Pakistán, y siempre han denegado a la población de la provincia el derecho a decidir autónomamente sobre sus recursos. Hay informes de organizaciones de derechos humanos que señalan que en cada distrito existen cuarteles con centros de detención y celdas de tortura donde acaban con la vida de estudiantes y activistas. Desde 2001, los militares son omnipresentes en toda la provincia. A pesar de que el Gobierno del presidente Asif anunció en 2008 que retiraría el ejército de Baluchistán tras la destitución de su predecesor, el general Musharraf, el ejército sigue allí y su fuerza paramilitar, el FC, es la que controla el orden público y también el poder político.

La imagen del ejército y del FC se ha visto empañada por la desaparición de cientos de baluchis y su ejecución extrajudicial, por la política de exterminio, las celdas de tortura y el secuestro de mujeres y activistas. Los militares han cambiado ahora de política y han creado una organización en nombre del restablecimiento de la paz, que en realidad tiene la misión de identificar a los activistas, intelectuales y profesionales que apoyan el movimiento por la independencia de Baluchistán, tarea que el FC y el ejército no pueden llevar a cabo debido al odio que despiertan en todo el país.

El 5 de noviembre de 2011, el TNAB reivindicó el asesinato de dos activistas baluchis secuestrados y afirmó que tenía en su poder a otros cuatro activistas y que los iba a ejecutar al cabo de poco. Tres de ellos fueron asesinados en diciembre y sus cadáveres acribillados aparecieron en la zona de Dalbandin. Fueron asesinados de la misma manera en que el FC y los servicios secretos matan a personas secuestradas, con muchas señales de tortura en sus cuerpos y un orificio de bala en la frente.

Tachando a los independentistas baluchis de enemigos de dios, el grupo promete matar a todos los apóstatas. El TNAB ha reivindicado el asesinato de otros muchos civiles, como por ejemplo:

Mir Ahmad Marri, originario de Kahan, en Baluchistán, cuyo cadáver fue hallado en la zona de Dasht el 12 de noviembre de 2011. Se había trasladado a Haiderabad, en la provincia de Sindh, donde vivía con su familia. El 20 de septiembre fue secuestrado por agentes de seguridad paquistaníes y declarado desaparecido hasta que apareció su cadáver. Tenía muchas marcas de tortura en el cuerpo y un orificio de bala en la frente. En el bolsillo apareció una nota escrita que decía: “un regalo para los nacionalistas baluchis, enemigos de Pakistán”.

Tariq Bangulzai y Mehmood Bangulzai, activistas igualmente asesinados junto con dos primos suyos, acto que fue reivindicado por el TNAB en noviembre de 2011, que también asumió la responsabilidad de la muerte de un hombre en Jusdar, a quien acusaron de pertenecer al Frente Nacional Baluchi (BNF) y al Lashkar-e-Balochistan, el brazo armado del BNF.

Aziz Bangulzai y Nabi Buz Bangulzai, del BNF, luchadores por los derechos políticos del Estado de Baluchistán, fueron secuestrados y asesinados, y el TNAB reivindicó el acto en octubre de 2011. Este grupo indicó entonces que tenía en su poder a otras cuatros personas que serían ejecutadas y que acabaría con la vida de otros muchos activistas baluchis.

Una agencia de noticias paquistaní, NNI, ha informado de que el TNAB ha amenazado recientemente con matar a todos los miembros de la familia de Hafeez Hasan Abadi, un intelectual baluchi. Hafeez es un famoso escritor y columnista que ha denunciado abusos de los derechos humanos por parte de los militares y otros cuerpos del Estado, además de batallar activamente por la liberación de las personas desaparecidas. En una declaración, un portavoz del TNAB, Ghazi Khan Baloch, ha dicho que su grupo acabará con la vida de Hafeez Hasan Abadi dondequiera que se halle. Khan acusó a Hafeez de blasfemo e infiel, y por tanto reo de muerte. Según dicha declaración, “hemos reunido toda la información necesaria sobre la familia de Hafeez. Podemos cazarles en cualquier momento y matarlos del modo más brutal.’’

Hafeez salió del país en 2009 y se fue a Rusia, donde le advirtieron de que debía volver a Pakistán. Cuando se trasladó a Noruega, le amenazaron con asesinar a los miembros de su familia a menos que volviera a Pakistán. Sus dos hijos fueron interpelados por dos desconocidos vestidos de paisano que dijeron que eran miembros del TNAB y les amenazaron de muerte si su padre no se presentaba.

La Unión de Periodistas de Baluchistán ha emitido una declaración en la que pide que se proteja a los miembros de la familia de Hafeez Hasan Abadi. Essa Tareen y Hamadullah, dirigentes de la Unión, han condenado las amenazas recibidas por el periodista y presentador Hamid Mir y por miembros de la familia de Hafeez, reclamando al estamento militar que tome cartas en el asunto. Han denunciado que hasta ahora han sido asesinados 20 periodistas en Baluchistán y que más de la mitad de ellos habían sido víctimas de los servicios secretos y sus hombres de mano.

La Comisión Asiática de Derechos Humanos (AHRC) está profundamente preocupada por las amenazas contra la familia de Hafeez Hasan Abadi y urge al Gobierno y a las autoridades a que actúen sin demora y los protejan. El Gobierno también debería proceder contra todos los oficiales de las fuerzas de seguridad que utilizan a grupos de matones para atacar a los movimientos nacionalistas. En particular, la AHRC es consciente de que grupos islamistas radicales han multiplicado últimamente sus ataques mortíferos contra la población baluchi a fin de combatir al movimiento independentista. Han echado ácido a la cara de varias mujeres baluchis, incluidas cinco maestras de Quetta. Dicen que estos grupos extremistas están siendo financiados por el ISI e instruidos con la colaboración del Cuerpo de Fronteras y los servicios de inteligencia militar en Baluchistán. Sus principales tareas consisten en la contrainsurgencia, la talibanización, la violencia sectaria, el asesinato de hazaras y chiíes, atentados contra las vías de abastecimiento de la OTAN y ataques contra periodistas y abogados.

La situación en Baluchistán demuestra que nos hallamos ante un colapso total del Estado de derecho y que la impunidad de los asesinos está en el orden del día. La AHRC urge al Gobierno a que actúe contra las organizaciones que amenazan abiertamente al pueblo de Baluchistán por reivindicar sus derechos civiles y políticos.

Traducción: VIENTO SUR

http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=4906

 

 Guerrilleros baluchis.

Manifestación popular contra el cierre de escuelas en una región de Baluchistán.

 

Mapa que muestra la amplia región de Baluchistán, (casi la mitad del territorio nacional pakistaní).

 

Atentado terrorista en la zona occidental de Baluchistán.

 Granjero baluchi.

 

Trajes femeninos tradicionales baluchis.

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Publicado por en septiembre 5, 2014 en Mundo Árabe y Musulmán.

 

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