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Represión en la Guerra Civil y la posguerra. La represión republicana. Capítulo II.

19 May

 

Cataluña.

En Cataluña, la violencia se dirigió contra el Sindicato Libre, una organización rompehuelgas que en 1.919 se había enfrentado duramente a la CNT, y contra todos los que participaron en la represión que siguió  los sucesos de octubre de 1.934. La venganza por la injusticia social y la dureza de las relaciones laborales era una de las causas más comunes de los actos violentos. Los principales objetivos de la violencia fueron los militares rebeldes, el clero y los elementos más prominentes de la antigua clase dirigente: terratenientes y empresarios.

En Barcelona se manifestaron las diferentes vías que la violencia revolucionaria transitó en aquellos meses de la segunda mitad de 1.936: “paseos” incontrolados; asesinatos en masa dirigidos por los comité y patrullas de control, que contaban con cárceles propias, las “checas”, entre las que cogió fama la de Sant Elías en Barcelona; milicias que “cuidaban por la salud pública”, y Tribunales Populares.

En Barcelona, en un primer momento, el Presidente de la Generalitat, Lluís Companys, se negó a distribuir armas entre la población, si bien no pudo impedir que los militantes anarcosindicalistas asaltaran los arsenales. Se calcula que los militante anarcosindicalistas lograron reunir cerca de 50.000 armas. El 19 de julio, las tropas rebeldes fueron derrotadas por una peculiar alianza de trabajadores, principalmente anarquistas, con la Guardia Civil local, cuya lealtad al Gobierno legítimo resultó decisiva.

Las patrullas de milicianos armados tomaron cada vez más poder en Cataluña, ejerciendo como un Estado paralelo. Estas patrullas se componían de una mezcla de extremistas comprometidos con la aniquilación del viejo orden burgués y delincuentes comunes recientemente liberados. Su actuación era en general arbitraria: se entregaban al registro y al saqueo domiciliario y a la detención de personas denunciadas por sus tendencias derechistas, a las que en ocasiones, asesinaban. A principios de agosto, alrededor de 500 civiles habían sido ejecutados en Barcelona. Se autorizó un asalto al barco-prisión Uruguay en el que perdieron la vida numerosos presos de derechas.

Interior de una checa de Barcelona.

En ocasiones, cuando los comités de defensa de determinadas localidades querían llevar a cabo una acción criminal, la dejaban en manos de las patrullas de otros pueblos. Un coche fantasma llegaba de una población vecina provisto de una lista negra que solo los vecinos de la localidad podían haber proporcionado. Esto explica la facilidad con que los asaltantes quemaban una iglesia, detenían o asesinaban, y facilitaban la matanza.

Mientras las Patrullas de Control gobernaron las calles, se produjo una oleada de asesinatos de clérigos, ricos y personas a las que se creía relacionadas con a represión contra la izquierda a raíz de los sucesos de octubre de 1.934. Se generalizaron el saqueo y la quema de iglesias y , en un primer momento se asesinaba en plena calle a los sacerdotes que vestían sotana. En numerosas poblaciones como Granollers o Sitges, fue el propio comité local, el responsable de los excesos anticlericales.

Durante el período de dominación anarquista, la Generalitat centró sus esfuerzos en la tarea de salvar vidas. Así, el Gobierno catalán expidió salvoconductos a católicos, empresarios, derechistas, individuos de clase media y miembros del clero. Estos pasaportes permitieron embarcar en el puerto de Barcelona a miles de personas en barcos extranjeros.

En Tarragona, el mayor número de asesinatos de miembros del clero tuvo lugar entre el 19 de julio y finales de septiembre. La posterior creación de los Tribunales Populares, que ofrecían a los acusados un mínimo  de garantías judiciales, sustituyó las ejecuciones por penas de cárcel.

En Lérida, el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, de ideología troskista) era la fuerza dominante, y colaboró con los anarquistas de la CNT y los socialistas de la UGT en la creación de un Comité de Salut Pública, si bien no hizo mucho por impedir la quema de iglesias y la oleada de asesinatos. La noche del  25 de julio sacaron de la cárcel a 26 militares y guardias civiles, los fusilaron y a continuación, quemaron la catedral. Ese mismo día fueron asesinados un sacerdote claretiano, 14 seminaristas de la misma orden y 12 civiles. La noche del 20 de agosto se fusiló en el cementerio a 73 religiosos y varios civiles.

Imagen de una calle de Barcelona durante la Guerra Civil.

Aunque un tercio de las 8.352 víctimas de ese terror en Cataluña encontró la muerte en Barcelona, la persecución, si se pone en relación el número de asesinados con el de habitantes, fue más dura e intensa en las comarcas agrícolas del interior que en las más industrializadas del litoral.

En Barcelona se asesinó a 4.713 personas, en Tarragona a 1.486, en Lérida a 1.242 y en Gerona a 911.

Exhumación de víctimas del Comité de Milicias Antifascistas de Orriols (Gerona), poco después de concluir la Guerra Civil.

Comunidad Valenciana.

Las detenciones de miembros de la derecha local de Alicante comenzaron inmediatamente después de la derrota del alzamiento en la ciudad. Muchos militares detenidos quedaron confinados en el barco-prisión Río Sil, a bordo del cual fueron trasladados a Cartagena y ejecutados a mediados de agosto. Así, empezaron a aparecer cadáveres en las playas y los campos. La matanza más cruel tuvo lugar el 29 de noviembre de 1.936, cuando 49 derechistas fueron asesinados en la tapia del cementerio en represalia por un bombardeo aéreo.

La tristemente celebre Columna de Hierro, dirigida por militantes de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) se dedicó a ir sembrando el terror en múltiples localidades valencianas, catalanas y aragonesas. Además, muchos de sus miembros eran delincuentes comunes liberados de las cárceles, tras el caos posterior a la derrota del alzamiento en las ciudades de la zona republicana. Según llegaban a una localidad, iban deteniendo a los derechistas de esta, y tras una farsa de juicio, los asesinaban a tiros.

Coche de voluntarios republicanos buscando recolectar para la defensa del Madrid asediado de noviembre de 1.936.

En Valencia capital, la presencia de la columna desató una oleada de terror. Quemaron los expedientes del Gobierno Civil y asesinaron  a varios policías. La magnitud de los robos y actos vandálicos cometidos por la columna en la retaguardia valenciana llevaron al PCE y a la UGT a considerarla un enemigo comparable a la Quinta Columna.

El 2 de octubre de 1.936, la columna asaltó la cárcel provincial de Castellón y acabó con la vida de al menos 35 personas.

Los arrebatos contra el clero fueron especialmente intensos en la Comunidad Valenciana, donde aparecieron numerosos sacerdotes mutilados, degollados, castrados o decapitados. La caza de sacerdotes llegó a ser una práctica extendidísima en la mayoría de las comarcas del interior de Valencia y Castellón. En Els Ports, 27 de los 28 asesinados eran eclesiásticos, siendo el restante un abogado. En Segorbe y los pueblos de alrededor, los religiosos sumaban el 65,43 % de los asesinados.

La cifra de  asesinados que no había sido alta en julio, se amplió enormemente en los meses de agosto (1.249), septiembre(1.424) y octubre(1.145), iniciando el reflujo en noviembre (487) y diciembre (275), para caer bruscamente desde enero de 1.937 hasta el final de la guerra. El 75% de todos los asesinados ocurrieron en tres meses, casi todos ellos al margen de procedimientos judiciales y resultado de sacas y paseos.

El XIX Cuerpo del Ejército Republicano de Levante en formación en Torrebaja (provincia de Valencia).

Además del clero, derechistas, militares, profesionales y comerciantes, industriales del textil y del calzado, trabajadores católicos, y muchos propietarios agrícolas que se oponían a la colectivización de tierras decretada por los anarquistas, constituyeron los sectores más castigados por esa radical eliminación del contrario que se llevó a la tumba a miles a 4.920  personas.

En Castellón se asesinó a 1.031 personas, en Valencia a 2.884 y en Alicante a 1.005.

Fuentes: El Holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y                  después.               Paul Preston. Ed. Debate.  

               Víctimas de la Guerra Civil. Santos Julía, Julían Casanova, José                María                Solé i Sabate, Joan Villarroya y Francisco                        Moreno Gómez. Ed. Temas de Hoy.

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