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Represión en la Guerra Civil y la posguerra. La Represión Nacional. Capítulo I.

19 May

He decidido seguir indagando sobre el tema de la represión franquista y añadir además recientes estudios sobre la represión republicana, También se hablará sobre la represión tras el fin de la contienda. Como el ámbito geográfico total de España me desbordaría, he decidido tomar como ejemplos dos comunidades autónomas para cada represión: Galicia y Castilla León para el estudio de la represión franquista y en el próximo post, Cataluña y Comunidad Valenciana para el estudio de la represión republicana. Como el tema es muy amplio, me he limitado a poner sólo unos pocos ejemplos para no abrumar al lector y que de esta manera, pueda hacerse una idea general de las atrocidades ocurridas en ambas zonas. Lo trágico de nuestra última guerra civil es que murió más gente por la represión de retaguardia que en combate y ambos bandos aplicaron una amplia represión, si bien las dos represiones revistieron modos de actuar distintos. Represión desde arriba (y mucho mejor organizada) en la zona nacional y represión desde abajo (y mucho más caótica, aunque igualmente espeluznante) en la zona republicana.

No he podido conseguir  muchas fotografías que se ciñan a los lugares concretos de los que hablo, pero espero que sea del agrado o del interés del lector.

Galicia.

Desde el comienzo de la Guerra, Galicia quedó en poder de los sublevados.  La Guerra comenzó el 18 de julio de 1.936. En Galicia, pese a tratarse de una región  muy conservadora, la extrema derecha no destacó antes del golpe militar. Los únicos lugares donde se opuso una resistencia reseñable al golpe militar fueron La Coruña, Vigo y Ferrol, pero se trató de hechos esporádicos que quedaron sofocados mucho antes de que acabará el mes. En Vigo, cuando se leyó el bando de guerra, la multitud protestó y 27 personas murieron al abrir fuego las tropas. Los primeros días después del golpe  hubo pocas muertes en términos relativos, pues apenas superaron el centenar.

A partir de entonces, en cambio, la progresión de las ejecuciones aumentó hasta alcanzar más de 2.500 muertos desde el 1 de agosto hasta finales de diciembre. Estudios recientes sobre la cifra de ejecuciones en Galicia la sitúan por encima de las 4.560, entre las que se cuentan 79 mujeres. De ellas, 836 se produjeron como resultado de un juicio; el resto fueron ejecuciones extrajudiciales. La peor parte de la represión se centró en La Coruña y Pontevedra, las dos provincias donde había ganado el Frente Popular, pese a que predominaran los diputados de centro-izquierda moderados de Izquierda Republicana y Unión Republicana. La provincia de Pontevedra padeció casi 1.700 ejecuciones y La Coruña, cerca de 1.600. En Lugo, donde había ganado el partido centrista de Portela Valladares, se produjeron 418 ejecuciones, de las cuales dos tercios fueron extrajudiciales, mientras que en Ourense, donde ganaron los partidos derechistas Renovación Española y la CEDA, hubo 569.

La experiencia de Galicia evidencia que, igual que en otras provincias españolas, el objetivo de los rebeldes no era solo derrotar a la izquierda, sino erradicar un ideal y aterrorizar a la población para someterla.

Francisco Franco y José Millán Astray.

Castilla -León.

En Salamanca, los elementos derechistas crearon en la ciudad una Guardia Cívica, compuesta por escuadrones paramilitares que iniciaron una oleada de represiones prácticamente incontrolada, en la que tenían cabida las venganzas personales y la criminalidad descarnada. Los ganaderos formaron una columna montada que se bautizó como el Tercio de Cazadores. Las columnas falangistas armadas arrasaron pueblos, llevándose a su paso a presuntos izquierdistas; patrullaban también la frontera con Portugal para impedir la huida de sus presas.

Muchos partidarios del Frente Popular fueron sacados de sus celdas y ejecutados en los campos de los alrededores. De hecho, durante la primavera de 1.936, la derecha local había elaborado listas negras de personas, que llegado el momento del Golpe de Estado, habría que eliminar. Unas 900 personas fueron asesinadas por motivos políticos.

El obispo de Salamanca, monseñor Enrique Pla y Deniel, equiparó en una célebre carta pastoral la rebelión militar con una cruzada religiosa.

Partidarios del alzamiento en la Plaza Mayor de Salamanca.

En Segovia, en el curso de la guerra, hubo 217 ejecuciones ilegales, y otras 175 en cumplimiento de las sentencias de Tribunales Militares. Otros 195 hombres murieron en prisión. En todos los casos el terror – actos de robo, tortura, violación y asesinato- era ejercido por los falangistas bajo la supervisión del Gobernador Civil, Joaquín España Cantos, comandante de la Guardia Civil.

En Ávila, a pesar de no ser una provincia especialmente conflictiva y de que allí, el Golpe triunfó con rápidez, se ejerció una represión severa.  El Gobernador Civil de Ávila, Manuel Ciges Aparicio (padre del actor Luis Ciges), fue ejecutado el 4 de agosto. En los meses siguientes y durante mucho tiempo aparecieron cadáveres en los caminos.Más de 600 personas murieron ejecutadas en la provincia.

Mientras en Ávila capital se sucedían  las operaciones de castigo contra los o afectos al “Alzamiento Nacional”, en Peguerinos, capturada el 30 de agosto, las atrocidades alcanzaron especial notoriedad. Dos enfermeras republicanas insistieron en quedarse para atender a los heridos alojados en un hospital de campaña improvisado en la iglesia del pueblo. El hospital fue bombardeado, los heridos rematados con bayonetas, y las enfermeras y varias mujeres más fueron violadas por las tropas moras y falangistas. Se saquearon las casas vecinas, muchas de las cuales acabaron arrasadas por el fuego.

Una escena cotidiana de Ávila en la Guerra Civil.

En Soria, una provincia sumamente conservadora, cuya capital contaba con tan sólo 10.098 habitantes, se ejecutó a 281 personas. La llegada de los Requetés el 22 de julio desencadenó la matanza. Las mujeres de los asesinados se vieron obligadas a firmar documentos declarando que sus maridos habían desaparecido.

En la ciudad de Burgos se llevaron a cabo unos 400 asesinatos extrajudiciales entre agosto y octubre de 1.936, más otros 1.000 en el resto de la provincia.

La vieja cárcel de Santa Águeda, construida para albergar a 200 hombres, llegó a albergar a casi un millar; el penal central de Burgos, pensado para 900 reclusos, llegó a albergar a 3.000. Otras 5.500 personas sufrieron palizas, torturas  o encarcelamientos. Hubo otras 140 ejecuciones en cumplimiento de sentencias de Tribunales Militares entre julio y diciembre de 1.936.

Grupo de milicias falangistas en Burgos.

En Zamora, tanto en la capital como en la ciudad de Toro, las cárceles pronto estuvieron a rebosar de prisioneros. Las palizas, la tortura, la mutilación y las violaciones a las prisioneras eran frecuentes.Como en todas partes, el objetivo era apresar a socialistas, sindicalistas, funcionarios republicanos, maestros… Los historiadores locales calculan que más de 1.330 personas fueron asesinadas en la provincia. Entre el 31 de julio de 1.936 y el 15 de enero de 1.937 se enterraron 875 cuerpos en el cementerio de San Atilano, en cuyo registro constaban como “hallado muerto” o “ejecutado por sentencia”.

Imagen de Zamora durante la contienda.

En Valladolid, las últimas estimaciones sobre la represión sitúan a esta en torno a 3.000 ejecutados. A los condenados en un consejo de guerra los sacaban de prisión de madrugada y los llevaban en camiones al Campo de San Isidro, a las afueras de la ciudad. Se convirtió en una práctica ta habitual que se instalaron puestos de café y churros para quienes iban a mirar. Cada noche, en el casino, miembros de familias distinguidas y católicas, se recordaban unos a otros la obligación de no faltar al espectáculo del día siguiente.

La imagen representa a voluntarios para combatir en las filas nacionales.

Apenas hubo resistencia contra el Golpe  en León, aunque sí un notable grado de represión, sobre todo en las regiones mineras del norte de la provincia, así como en los otros tres municipios principales, Ponferrada, La Bañeza y Astorga. Monseñor José Álvarez Miranda quedó tan consternado por la magnitud de la matanza ( unos 800 ejecutados), que empezó a interceder con las tropas de la región en favor de algunos presos.

Combatientes nacionales en León.

 Fuente:  El Holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y                  después.               Paul Preston. Ed. Debate.  

               Víctimas de la Guerra Civil. Santos Julía, Julían Casanova, José                María                Solé i Sabate, Joan Villarroya y Francisco                        Moreno Gómez. Ed. Temas de Hoy.

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