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Analizando a Adolfo Suárez. Una observación imparcial frente a la apología mediática de su figura.

24 Mar

Acaba de morir Adolfo Suárez. Los medios le atribuyen el honor de ser el primer Presidente de la Democracia. Falso. Antes de Suárez, hubo dos Democracias en España, que casualmente son las dos únicas Repúblicas que hemos tenido (1.873-1.874 y 1931-1939), que como bien sabemos acabaron como el rosario de la aurora porque a nuestra derecha no les gustaban. Demasiados avances sociales para resultar digeribles para nuestras bestias pardas, para nuestra carcundia. Y antes que Suárez, estuvo de Presidente, Carlos Arias Navarro, el de ¡españoles…Franco ha muerto¡. Un franquista de tomo y lomo, incapaz de avanzar por la senda democrática. En estas llegó (le escogieron el Rey y Torcuato Fernández-Miranda, más bien),  Adolfo Suárez, ex-director de Radio Televisión Española y personaje destacado dentro del Movimiento Nacional. Suárez supo estar en el momento oportuno en el lugar adecuado. Pero, seamos sinceros, fue como toda la clase política que había hecho carrera política en el franquismo, un arribista y un trepador. No digo que fuese ladrón o corrupto, pues creo que no robó un céntimo, pero si que le gustaba el poder, y que no tuvo muchos escrúpulos a la hora de ir escalando posiciones en el mundo de la política. Era muy ambicioso, pero intelectualmente limitado. Era listo para moverse entre los bastidores de la alta política, pero inteligente, muy inteligente, tampoco. Cuando llegó el momento de la verdad, le falto carácter y no supo imponerse a su propio partido, que acabaría siendo su propio sepulturero. Estrategia suicida, pues como se vió poco después, sin Suárez, la UCD no era nada, tan sólo una anémica entelequia. Su partido estaba hecho para hacer la Transición y luego morir. No tenía más recorrido ni más misión histórica. Cuando Suárez se montó el CDS, no hizo más que fracasar. Se retiró definitivamente de la política en 1.991, en vista de sus catastróficos resultados electorales.  Tenía que haberse retirado mucho antes. Por dignidad, más que nada. Hacía ya años que los españoles no querían a Suárez. En política, todos le habían abandonado. Pero, tal vez lo peor, no fueron las puñaladas traperas de sus compañeros de partido (Herrero de Miñón, Oscar Alzaga, etc), sino la traición y abandono, y prácticamente de la noche a la mañana, por el que hasta dos días antes, había sido su amigo: el Rey Juan Carlos. Luego, cuando Suárez estaba con alzeheimer, quiso el monarca arreglarlo, yendo a visitarle y haciendose la fotito para la posteridad.De eso se habla de manera muy bien documentada en Anatomía de un instante (Javier Cercas, Mondadori, 2.009). Cuando se decidió a dimitir, tenía toda la clase política en contra. Nadie le quería y según revela el libro de Javier Cercas, en la práctica se le echó del país, y anduvo unos años exiliado en Norteamérica, viviendo entre Estados Unidos, el Caribe y Canáda. Tuvo sus aciertos, como la legalización del PCE. Y también sus fallos, como el Concordato del 3 de enero de 1.979, que rectifica y mejora las condiciones del de 1.953, para la Iglesia Católica, y que desde entonces nos ata de pies y manos al Vaticano en cuestiones de relación Estado-Iglesia (financiación anual de la Iglesia, contratación de docentes, etc). O el terrorismo de Estado, que se cobró decenas de vidas durante los años en que Suárez fue Presidente. No digo que Suárez lo dirigiese. Pero el hecho de que este ocurriese impunemente, muestra que Suárez fue impotente ante los militares, las Fuerzas de Seguridad del Estado y la extrema derecha. Y luego, tuvimos lo del Estado de las Autonomías que ha resultado ser insostenible, suicida y desastroso. Aunque, los que vinieron después de Suárez, también tienen culpa, por no haber enmedado el error de este. Luego, Suárez tuvo una vida muy desgraciada. El cáncer se cebó con su familia. Se llevó a su mujer y a una de sus hijas (Mariam) y llegó a afectar a otra de ellas (Sonsoles).  Luego vino el alzeheimer y la oscuridad total. Y ahora la hipocresía  de una clase política que le rinde homenajes y le defiende incondicionalmente con su falso postureo porque es lo que toca, cuando anteriormente le vituperaron, humillaron y escarnecieron hasta límites inimaginables. A mí, el personaje, por lo mal que lo pasó y por todo lo que la clase política, mediática y empresarial, primero, y la vida, después, le hicieron sufrir, me produce más compasión que admiración. Si, fue un buen hombre, que tuvo que hacer frente a una tarea colosal. Pero no lo convirtamos en un dios o un santo, porque acabe de morir, o porque fuese el primer Presidente elegido democráticamente en 41 años. En fin, hagamos análisis desde la investigación y la reflexión y no desde la emoción. Personalmente,  si tuviera que nombrar a un Presidente posterior al que me recuerde Suárez, diría Zapatero. Ambos hombres buenos, con buenas intenciones, simpatía natural y talante negociador , que se enfrentan a un Parlamento que los ataca sin piedad. Contra Suárez y contra Zapatero todo valió. A Suárez no sólo le atacaba el PSOE, sino también la derecha en su conjunto (Alianza Popular, la CEOE, -dirigida por su enemigo mortal Carlos Ferrer Salat. que le hizo la vida imposible-, la Iglesia que no le perdonó su Ley del divorcio y por supuesto , los medios de la caverna, algunos de ellos, abiertamente golpistas). Y cuando un líder de derechas no tiene apoyo de estas instituciones ni de la Monarquía (instituciones , todas de derechas) tiene que irse, porque su situación se hace insostenible. A la derecha no le gusta tener un líder dialogánte, simpático, campechano y moderado. Les gusta alguien navajero, faltón, demagogo y resentido, como Aznar. Además, Suárez se oponía a la entrada de España en la OTAN, -pues quería que España fuese un país No Alineado, – y siempre se negó a reconocer a Israel, por lo que no me extrañaría que Estados Unidos hubiese jugado un destacado papel en su caída. Aunque, también hay versiones que aseguran que la UCD estaba financiada por el Presidente estadounidense James Carter. En fín, está claro que no encajó en el mundo de la derecha. Espero que en el otro mundo alcance la paz y sosiego que no tuvo en este.

Adolfo Suárez González (1.932-2.014), en su etapa de Presidente.

Suárez y Juan Carlos.

Dos grandes enemigos. Dos hombres que no se soportaban y cada uno dirigiendo un partido de derechas y disputándose electorado: Adolfo Suárez y Manuel Fraga.

El cardenal Enrique Vicente y Tarancón,  Adolfo  Suárez y Santiago  Carrillo.

Adolfo Suárez y Felipe González.

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Publicado por en marzo 24, 2014 en Ciudadanía

 

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