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La gran aventura de Belerofonte y Pegaso.

02 Jun

Belerofonte, un joven príncipe de Corinto, vivió durante un período de tiempo en la corte del rey Preto, cuando éste era rey de Argos. Cuando se dió cuenta que Antea, la esposa del rey se había enamorado de él, hizo todo lo posible por evitarla. Durante mucho tiempo, la joven continuó persiguiéndolo, pero al fin, enojada por verse continuamente rechazada, decidió vengarse. Con la expresión más inocente, contó a su marido que el joven príncipe le había hecho proposiciones deshonestas. Preto dió crédito a su esposa, pero las leyes de la hospitalidad no le permitían matar a su huésped.  Entonces urdió un retorcido plan. Pidió a Belerofonte que llevará en su nombre una carta a Ióbates, el padre de Antea. La carta estaba sellada y Belerofonte no tenía idea de su contenido: en ella se decía que Belerofonte era una adúltero peligroso y le pedía que buscase el medio de matarlo porque estaba en juego el honor de Antea. Ióbates mostró cierta reticencia a ejecutar él mismo el asesinato, pero estudió un plan que  a su entender, le daría idéntico resultado. Le propuso a Belerofonte que fuese a luchar contra un monstruo que estaba causando graves problemas: la Quimera. Era una criatura monstruosa con dos cabezas; una de cabra y otra de león, el cuerpo también era de león y la cola era una enorme serpiente.Además, echaba fuego por la boca.  Fue engendrado por dos seres igualmente monstruosos y malignos: Tifón y Equidna.

Equidna, madre de la Quimera.

Tifón, padre de la Quimera.

Estaba claro que si Belerofonte no se ofrecía a matar al monstruo pasaría por un cobarde, así que por el que dirán, aceptó el desafío sin vacilar. Antes de salir para su aventura, Belerofonte fue a pedir consejo a un vidente, el cual le dijo que sólo conseguiría salir victorioso de esa empresa si  iba montado en el caballo alado Pegaso. Hijo de Poseidón (también conocido como Neptuno) y de Medusa, Pegaso era un corcel de cuerpo muy hermoso y tenía dos grandes alas que le permitían cernerse en el aire con la gracia de un pájaro.

Aquella noche, mientras Belerofonte iba hacia Corinto, se le apareció la diosa Atenea con una brida de oro en la mano. -Toma esto sí quieres domarlo- le dijo. Poco después, Belerofonte pudo montar encima de él y levantar el vuelo. Había llegado el momento de la gran aventura.

Las alas extendidas de Pegaso lo llevaron hasta una altiplanicie donde divisó la monstruosa silueta de la Quimera. El monstruo ya estaba en actitud de desafío, e intentaba atacar al caballo con sus garras de león. Belerofonte le disparaba flechas una tras otra con la intención de ir debilitando progresivamente a la Quimera.

Finalmente y para acabar definitivamente con un monstruo que no se terminaba de rendir, le introdujo en la boca una lanza, en cuyo extremo había fijado una masa con plomo. La Quimera echaba fuego por la boca y al serle introducida la lanza con plomo, el metal , por efecto del calor, se derretía rápidamente y se iba filtrando como un arroyo en el estómago de la Quimera, empujándola a una muerte atroz.

Cuando Belerofonte volvió  victorioso al palacio real de Ióbates, el rey empezó a dudar por primera vez que un hombre así hubiera podido comportarse de un modo tan deshonroso como había hecho creer su hija. Ióbates se terminó dando cuenta que se había equivocado con Belerofonte y para reparar la ofensa pasada le ofreció la mano de su segunda hija. Se casaron y en el palacio se celebró una fiesta suntuosa. Belerofonte  era ahora muy considerado y universalmente admirado por su valor.La gente lo adulaba por sus hazañas y con el paso del tiempo, el joven príncipe empezó a pensar que todo lo que decían era verdad.

Se hizo insufriblemente presuntuoso, y llegó a creerse comparable con un dios. Y si lo era, ¿porqué no ir al Olimpo?. Vestido con sus mejores ropas, montó a Pegaso y desde una pequñ elevación levantó el vuelo. Zeus le estaba observando molesto por la soberbia del joven y decidió como venganza envíar un tábano que picó a Pegaso. El caballo, cogido por sorpresa dió un respingo y se encabritó, arrojando al vació al ambicioso caballero. Según unas versiones, Belerofonte murió al caer al vació desde los cielos. Según otras no murió, pero quedó lisiado de por vida, perdiendo todo su esplendor y convirtiéndose en un ser errante y amargado que rehuía el contacto humano, refugiándose en la llanura de Aleya. Según Homero, “Blanco del odio de todos los dioses, erró por la llanura de Aleya, solo, royendo su corazón  y evitando el camino de los hombres”.

En cuanto a Pegaso con el paso del tiempo acabó convertiendo en constelación.

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Publicado por en junio 2, 2013 en Mitología

 

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