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El decisivo apoyo de Portugal a los sublevados en los inicios de la Guerra Cívil. Una historia poco conocida.

25 Abr

Durante muchos años ha sido de dominio público el apoyo de la Alemania nazi y sobre todo de la Italia fascista al bando nacional durante la Guerra Cívil de 1936-1939. Poco se sabe, en cambio del decidído y decisívo apoyo del Portugal tradicionalista al bando nacional. Pero lo cierto es que probablemente este apoyo, al venir del otro lado de la frontera resultó el más decisivo de todos, por lo menos en cuanto a afianzamiento económico, logístico y diplomático de los rebeldes, se refiere.  Hay que leer obras muy concretas para enterarse de como estaba el panorama de alianzas con uno y otro bando a lo largo de la Guerra Cívil. Lo cierto es que la República estuvo siempre bastante sola, mientras que los sublevados contaron con toda clase de apoyos (diplomático,militar, de suministros como la gasolina,etc), por parte de importantes potencias. A nadie le interesaba la supervivencia de un Gobierno que había decretado la Reforma Agraria, alfabetizaba y mejoraba las condiciones de vida la clase obrera y campesina, y- en el que una vez iniciada la contienda, entrarían a formar parte de él, comunistas y anarquistas- y en cambio si interesaba apoyar a quienes defendían la estratificación social, el tradicionalismo católico y los intereses  capitalistas. Una obra muy interesante al respecto es La república asediada. Hostilidad internacional y conflictos internos en la Guerra Cívil. Ed. Península. 2.001. Con Paul Preston como Editor y con reportajes , además de del propio Preston, gente tan solvente como Enrique Moradiellos, Helen Graham o Gerald Howson. Creo que es uno de los libros más esclarecedores sobre la política que adoptaron los países occidentales con respecto a la Guerra Cívil española. Además, leyendo e investigando, se desmontan muchos tópicos, -como el de la supuestamente enorme masa de voluntarios  extranjeros que acudió a luchar por la República,- cuando  en el bando nacional siempre hubo muchísimos más extranjeros combatiendo. Porque además de a los italianos (80.000) y alemanes (15.000), hay que sumar los portugueses (unos 4.000), los irlandeses, los rusos blancos (zaristas y anticomunistas) o  rumanos.

A continuación transcribo un texto acortado del profesor Angel Viñas, Catedrático de Estructura Económica de la Universidad Complutense de Madrid y uno de los mayores expertos en la sublevación militar del 18 de julio.

Las casi siempre complicadas relaciones hispano-portuguesas habían subido un peldaño en la escala de alarma del Estado Novo con la victoria del Frente Popular. Las fuerzas políticas en él coaligadas difícilmente podían sentir aprecio por un régimen corporativo, dictatorial, en coqueteo con las doctrinas fascistas y que, daba cobijo a viejos conspiradores contra la República.

En reciprocidad, desde el punto de vista salazarista, la pujanza de la izquierda en España se veía como una manifestación del Imperialismo soviético, que amenazaba no sólo la estabilidad de la Península Ibérica, sino también todo el orden internacional europeo.

El Estado Novo hizo del apoyo a los sublevados una cuestión de trascendencia nacional que sirvió, además para impulsar la movilización ideológica interna.

Antonio María de Oliveira y Salazar (1.889-1.970), el dictador de Portugal, por cuatro décadas, que apoyo de manera decisiva e inequívoca a los nacionales durante los primeros meses de la Guerra Cívil,

Cuando el apoyo militar alemán se materializó, el Estado Novo no dudó en aceptar que cargamentos de armas procedentes del III Reich fueran desembarcados en territorio portugués. De aquí, pasaron a los sublevados, especialmente al Ejército del Norte.

Desde casi el primer momento, Portugal fue algo más que una base logística: la radio y la prensa se pusieron inmediatamente al servicio de los rebeldes, un modesto apoyo en divisas ( de los primeros que recibían los alzados en armas contra la República) se activó ya el 11 de agosto; se devolvió a España a refugiados republicanos; la Embajada de la República, al frente de la cual se hallaba el insigne historiador Claudio Sánchez Albornoz fue aislada e incomunicada, mientras los diversos elementos  que representaban a las fuerzas del 18 de julio, gozaban de todas las facilidades. Y sobre todo, la maquinaria diplomática portuguesa ofreció rápidamente una cobertura impagable para los sublevados.

Pedro Teotonio Pereira (1.902-1.972), Embajador de Portugal en la España Nacional. Gran apoyo `para los sublevados.

Ya  en los primeros días de agosto de 1.936, el Ministro de Asuntos Exteriores, Armindo Monteiro, no dejó lugar a dudas, ante el encargado de Negocios británico, que el Gobierno de Lisboa, divisaba en la derrota republicana, la garantía de la seguridad nacional.

Mientras tanto, a raíz de ciertas presiones inglesas y francesas, Lisboa se incorporará de manera formal a la No Intervención el 21 de agosto, aunque rodeando su aceptación de una serie de prevenciones y reservas que, en realidad, la hacían inoperante. En tales circunstancias, el que todavía, en agosto, Portugal mantuviera relaciones oficiales con la República no significaba nada. El régimen salazarista iría incrementando con el tiempo sus compromisos  con los sublevados, después de haberles servido de excelente trampolín de lanzamiento durante las primeras semanas del conflicto.

Reunión de un Consejo de Ministros de la Dictadura salazarista. En el extremo izquierdo, Armindo Monteiro (1.896-1.955), Ministro de Exteriores y en el centro, al fondo, presidiendo, Antonio Oliveira Salazar.

 

Jóse Sanjurjo (1.872-1.936). Uno de los principales conjurados en el Golpe del 18 de julio. Autor también del fracasado Golpe de agosto de 1.932, conocido como la sanjurjada. Dirigió su conspiración golpista de 1.936 desde su exilio en Estoril (Portugal). Murió dos días después de iniciada la Guerra Cívil en accidente de aviación.  Su caso personifica ejemplarmente como Portugal daba asilo y coberturas a los conspiradores derechistas y monárquicos contra la República.

Desfile de los Viriatos, voluntarios enviados por Salazar para luchar junto a los nacionales. Su número se estima entre 4.000 y 6.000.

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Desfile en Portugal de la organización juvenil fascista del régimen Mocedade Portuguesa.

Un niño encuadrado en Mocedade Portuguesa mirando confiando a un supuestamente glorioso futuro nacional.

Bibliografía: Biblioteca de la Guerra Cívil. La intervención extranjera. Política y diplomacia. Las dictaduras con Franco. La República, sola. Por Angel Viñas. Ed. Folio.

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