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Katmandú. Un espejo en el cielo (Iciar Bollaín, 2.011). Denuncia de las injusticias en las sociedades primitivas.

06 Abr

La película Katmandú. Un espejo en el cielo (2.011) es la última hasta el momento de la filmografía de Iciar Bollaín, cuya carrera resulta cada día más ambiciosa y arriesgada, trasladando sus tramas a inhóspitos parajes del Tercer Mundo. Hay tanto en esta película como en la anterior (También la lluvia) un acercamiento al mundo y la cultura del otro: el indígena, el oriental. Hay un intento loable de que conozcamos la problemática cotidiana de las gentes de uno de los países más aislados, atrasados, pobres y desconocidos del planeta:Nepal. El problema es que Bollaín quiere aunar demasiadas tragedias en un sólo relato con el riesgo evidente de abrumar al espectador. Es evidente que se han querido contar demasiadas cosas en poco más de una hora y media. Y al hacerlo, en ocasiones se ha omitido información necesaria ( se nos dice que que es bien considerado por la comunidad  tener un hijo, pero sin especificar género, y no se nos dice que tener una hija esta mal visto, hasta que la amiga de la protagonista descubre que lleva en su vientre a una niña, lo que resulta amañado, tramposo y poco creíble) o se carece de transiciones en los hechos ( la relación entre la protagonista y el hombre con el que se ve obligada  casarse para obtener la residencia en el país). Nada creíble el aborto en una joven tradicionalista ni la rápidez con que se enamoran y se desengañan los dos conyuges. La película funciona como casí todas las de su autora: muy bien al principio, para ir desinflándose progresivamente. Si Flores de otro mundo fracasaba por no aprovechar las múltiples posibilidades que ofrecía un tema como la inmigración, o También la lluvia, se malograba por el nada creíble giro de guión del último tramo de la película, Katmandú se hunde en la indiferencia del espectador -al construir una narración forzada a base de enumerar flagrantes injusticas propias de una sociedad tercermundista y tradicionalista- todo el tiempo. Es una historia, que transurrida la primera media hora pierde el interés. No consigue conmover a pesar de las historias tan tremendas que cuenta y acaba reduciéndose a un catálogo de buenas intenciones y a un intento de tranqulizar nuestra mala conciencia occidental ante la tragedia del Tercer Mundo.

No es que sea exactamente una mala película. Es que se ha propuesto aglutinar demasiado, cuando debería haber focalizado la trama en algún punto más concreto en vez de dispersarlo todo tanto.

Lo mejor del filme son los retratos de las dos protagonistas. Es lo más conseguido. Y es que si en algo ha acertado y sobresalido Iciar Bollaín a lo largo de su filmografía, es en la aproximación y retrato de los universos femeninos. Retratos y análisis de la condición femenina mucho más conseguidos que en el pretencioso y a menudo insufrible Julio Medem o que en las frívolas aguas almodovaríanas.

 

 

 

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Publicado por en abril 6, 2013 en Cine

 

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