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Las cartas de Alou (Montxo Armendáriz, 1.993). Interesante aproximación al drama de la inmigración ilegal.

03 Mar

He estado viendo una de las primeras y más desconocidas películas del casi siempre estimulante, aunque desgraciadamente poco prolífico Montxo Armendáriz. La película se titula Las cartas de Alou, trata sobre el drama de la inmigración ilegal y se rodó en fecha tan temprana como 1.993, cuando este drama estaba apenas comenzando. La película, creo recordar que pasó sin pena ni gloria por nuestras salas y de hecho, hoy casi nadie la conoce.Se trata de una producción de bajo presupuesto, con pocos medios y en la que apenas hay actores profesionales (salvo Eulalia Ramón y Albert Vidal). La mayoría me figuro que serán inmigrantes reales.

A lo largo de su filmografía, Montxo Armendáriz ha ido tratando los más diversos temas: el costumbrismo rural de la España de principios del siglo XX (Tasio), los estragos de la droga en la juventud en los años 80 (27 horas), las locuras de fin de semana de los niños bien (Historias del Kronem), la desesperada lucha del maquis en la posguerra (Silencio roto), la visión del mundo de los adultos desde la óptica de la infancia (Secretos del corazón) o ese acertado e inquietante collage que era Obaba, hasta llegar a los tramas infantiles que perturban el presente en No tengas miedo. Sinceramente creo que haciendo un balance y teniendo películas mejores y peores, Armendáriz es uno de los más interesantes autores de nuestro panorama cinematográfico y tal vez no se la haya prestado a su obra la atención y análisis que merece.

En la obra que nos ocupa se nos narra la historia de un inmigrante subsahariano que llega en patera (en lancha motora para ser más exactos) a nuestras costas con el sueño de una vida mejor. Por supuesto no encontrará más que dificultades y trabajos en negro, pasando a formar parte del inmenso tejido de la economía sumergida. Vemos la historia de unos parias que no tienen en su existencia más que el presente. Unas vidas sumamente frágiles y  tristísimas. La historia esta bien contada, porque nos muestra a otros muchos en su misma situación y también el rastrero comportamiento de aquellos compañeros de inmigración que para “ascender” dentro del universo lumpenproletario no dudan en aliarse con sus explotadores para haciendo de capataces, explotar a sus compañeros de desdichas, algo ligeramente similar al personaje de Samuel. L. Jackson en Django desencadenado. La película de la sensación de estar narrada en un tono documental algo neutro que le da ventaja de no  caer en el panfletarismo o de discurrir por los cargantes senderos de lo politicamente correcto. Se agradece el buen trabajo interpretativo de quienes llevan el peso de la película, aunque alguno de los secundarios (la mujer del inmigrante arribista) es deleznable.  El filme apenas tiene decorados y esta rodado en buena parte en exteriores. Viendo 20 años después la evolución de la tragedia de los inmigrantes del Tercer Mundo, la película ha ganado mucho en cuanto su contenido se refiere. No es un peliculón, ni uno de lo títulos imprescindibles del cine español, pero merece la pena verla por lo menos una vez, por tratar un tema de la realidad social de nuestro país ( y de Europa en su conjunto). La narración es rápida y entretenida, nos enseña actitudes mezquinas y despóticas del ser humano, pero también otras valientes, generosas y solidarias. Es uno de esos filmes que como Te doy mis ojos (Iciar Bollaín, 2.003) son más necesarios que perfectos, pues se notan los defectos y limitaciones en ambas producciones por sus escasos medios y bajo presupuesto. Otro de los defectos del filme es que para que  la narración siga avanzando, hay situaciones muy forzadas y poco explicadas, que acaban resultando poco creíbles (como el inesperado cambio de vivienda del inmigrante-capataz y su esposa, entre otras). Se nota que Armendáriz estaba tan sólo en su tercera película y le  faltaba algo de oficio. Oficio que terminaría dominando perfectamente a partir de Silencio roto.

En definitiva, un filme que pese a evidentes defectos y limitaciones, merece la pena por su eficaz tratamiento de un tema que en manos de otro hubiese caído en el buenismo bienpensante y que Montxo Armendáriz consiguió de manera efectiva llevar a buen puerto.

 

Montxo Armendáriz.

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Publicado por en marzo 3, 2013 en Cine

 

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