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Los cosacos durante la II. Guerra Mundial. La traición de Lienz.

01 Mar

La palabra cosaco evoca imágenes muy diversas. Para algunos son una personificación romántica del valor y la osadía. Del espíritu del individualismo y la libertad. Para otros se trata de verdaderos jinetes del infierno, tribus comparables a los hunos de Atila, los mongoles de Genghis Kahn o las hordas centroasiáticas de Tamerlan: rebeldes depravados e instrumentos implacables del Imperialismo ruso y la represión zarista que quemaban aldeas, violaban a mujeres, asesinaban a hombres y esclavizaban a niños. Los cosacos, por tanto nunca han sido ajenos a la controversia. Pero ningún aspecto de su Historia han sido tan polémico no ha creado tantas opiniones encontradas como su actitud durante la II. Guerra Mundial.

El alto mando alemán era muy consciente de la naturaleza potencialmente desafecta de muchas de las comunidades cosacas que estaban invadiendo, de modo que inició una gran campaña propagandística dirigida a ellas. Hubo atamanes (ejes o patriarcas cosacos) que se movilizaron y salieron a recibir a los alemanes como libertadores de la Patria y héroes cristianos y anticomunistas. En la mayoría de los casos, los cosacos de Ucrania y el Cáucaso aceptaron con parsimonia a los invasores y se unieron voluntariamente a ellos, o al menos no se opusieron a los intentos de reclutamiento para la Wehrmatch. Cuando los alemanes invadieron Novcherkassk, la capital cosaca del río Don, un tal Sergei Pavlov se autodesignó  atamán local y empezó a reclutar activamente a camaradas cosacos para formar una unidad y luchar junto a los alemanes contra el Ejército Rojo.

Peor aún fue la deserción del coronel Kononov con todo un regimiento de fusileros, algunos de ellos cosacos. Aparte de las operaciones militares activas contra el Ejército RojoKononov, megáfono en mano, se dedicaba a lanzar invitaciones a la deserción y promesas de una comunidad cosaca separatista con sus libertades tradicionales, abolidas por la colectivización soviética.

Coronel Iván Kononov.

En las filas alemanas hubo también representantes del antiguo Ejército Blanco (el Ejército que englobaba a los partidarios del Zar y a todos los sectores sociales y políticos antibolcheviques). Uno de los candidatos a asumir el mando de las fuerzas cosacas germanófilas era el General Krasnov, un héroe de la campaña de  1.918 en el Don contra los bolcheviques, que seguía profesando fidelidad al desaparecido régimen zarista. Finalmente el elegido para dirigir la recién creada división cosaca fue el coronel báltico (supongo que con origen alemán por el apellido) Helmut Von Pannwitz.

General Helmut Von Pannwitz.

El otro contingente cosaco importante en el bando alemán, compuesto principalmente por cosacos del  Don y bajo el mando del General Domanov, que había sustituido a Pavlov  tras la muerte de éste, fue destinado al norte de Italia. En el verano de 1.944, esta fuerza constaba de unos 2.000 oficiales y suboficiales y 10.000 hombres. Estaban destinados a la lucha anti-partisana.

El General Domanov junto a un oficial alemán durante la campaña alemana contra la URSS.

Con el avance progresivo del ejército británico hacia el norte de Italia, que ya empezaba a bombardear los campamentos cosacos, tanto Domanov como Von Pannwitz decidieron que no querían luchar contra los británicos (pues su verdadero y único enemigo era el comunismo) y se dirigieron al norte, a través de Alpes Cárnicos, hasta Leinz, en Austria.

Imagen

Tres miembros de las unidades cosacas germanófilas.

Cuando se anunció la rendición alemana, el 8 de mayo de 1.945, a las dos formaciones cosacas se las recluyó en lo que habría de ser la zona británica de Austria. Y fue a los oficiales británicos a los que se rindieron los jefes cosacos – Domanov y Von Pannwitz-, después de intentar en vano negociar condiciones y garantías de futuro.

Al finalizar la II. Guerra Mundial en Europa, los británicos tenían probablemente unos 300.000 prisioneros de guerra cosacos en su zona de Austria. Aunque estos no lo supieran, Rooselvet, Churchill y Stalin ya habían decidido cual sería el destino de los vencidos. Stalin había insistido en que todos los prisioneros rusos debían devueltos a la Unión Soviética. Como se pueden imaginar los cosacos devueltos a la Unión Soviética corrieron una suerte macabra. Los jefes cosacos-incluidos Domanov y Von Pannwitz – fueron juzgados en Consejo de Guerra y ahorcados. A muchos de los oficiales de menor graduación se les fusiló,a menudo sin juicio y a las pocas horas de su entrega. Los soldados y sus familias (pero no con sus familias, ya que éstas se dividían de forma sistemática) fueron enviados a campos de trabajo forzados -verdaderos campos de esclavos- en las profundidades de Siberia, donde muchos morirían debido al frío, a las condiciones inhumanas a que fueron sometidos o asesinados por los guardias.

Los cosacos, y particularmente sus oficiales con mayor conciencia política, nunca habían dudado  cuál sería su destino si caían en manos de aquellos contra los que habían luchado. Sus jefes habían decidido rendirse a los británicos pensando que recibirían un trato más digno del que les esperaba si capitulaba ante los soviéticos; depusieron las armas sin reparos, y sin saber aún las decisiones que ya se habían tomado sobre ellos en Yalta. Cuando quedó claro que iban a entregarlos, muchos escaparon, otros opusieron resistencia pasiva y muchos se suicidaron. Los disparos que se oían en la zona de “recepción soviética” estremecían a quienes tenían la suerte momentánea de permanecer en la zona británica.

Lo que esta claro es que el episodio de la traición británica a los cosacos en Lienz es una mancha imborrable en el expediente y sobre todo en el honor de Gran Bretaña. Una decisión cobarde, mezquina y oportunista que demostraba una vez más la miseria moral de ese tunante imperialista, racista, alcohólico y genocida (cinicamente elevado a la categoría de héroe en Occidente) Winston Churchill.

Unidades militares cosacas durante la II. Guerra Mundial.

Cosacos integrantes del antiguo ejército zarista durante la I. Guerra Mundial.

Bibliografía: Los cosacos. John Ure. Ed. Ariel pueblos. 2.002.

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1 comentario

Publicado por en marzo 1, 2013 en II. Guerra Mundial.

 

Una respuesta a “Los cosacos durante la II. Guerra Mundial. La traición de Lienz.

  1. R

    noviembre 24, 2015 at 6:14 pm

    Era un acuerdo necesario. La URSS estaba aniquilando sola a la Alemania nazi….y en ese momento lo ultimo que podían hacer Churchill o Rooselvet era poner condiciones. De hecho de forma mas mezquina aun se dividieron la península balcánica, quedándose Grecia para el imperio británico y el resto para la URSS.

     

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