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Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2.012).

20 Ene

No hay nada como tener entre manos un material que te gusta y con el que pretendes homenajear a un subgénero que te apasiona. Nada como plantearse enrevesados retos y salir airoso de ellos con sobresaliente. Nada que indique mejor que uno es un maestro   que cuando sabe transitar sin la menor dificultad del western a la comedia, del drama social al género de aventuras, de provocar repulsión con escenas sádicas (como la del esclavo que es descuartizado vivo por los perros) a conseguir la carcajada del público en al menos ocho ocasiones durante la proyección. Cuando además las dos horas y tres cuartos que dura la proyección pasan relativamente rápidos, es la confirmación de  que quién dirige sabe entretenernos razonablemente que es lo fundamental que hay que pedirle a cualquiera que se llame director. Toda funciona a la perfección en Django desencadenado (2.012), última obra de Quentin Tarantino. En esta obra, el director homenajea al spaguetti-western, ese subgénero del western que tantísimos títulos produjo entre la segunda mitad de los 60 y primeros 70. Tarantino tiene una muy amplia cultura cinematográfica y lo demuestra en muchos momentos como el de la llegada de los dos protagonistas al pueblo al comienzo de la película, con el tema central de la banda sonora de Dos mulas y una mujer (Don Siegel, 1.969) como telón de fondo. O las preciosas tomas en la nieve en que vemos a los dos protagonistas cabalgando con rebaños de bisontes y caribúes al fondo, mientras la nieve es levantada por el trotar de los caballos que remiten directamente a Dos hombres contra el Oeste (Blake Edwards, 1.973) sin dejar de recordarnos también a Las aventuras de Jeremias Johnson (Sidney Pollack, 1.972). O la escena con la que se abre el film, la de la caravana de esclavos avanzando por el desierto, mientras discurren los títulos de crédito., magnificamente bien rodada y que ya induce al espectador a interesarse por la historia. La fotografía de Robert Richardson merece ser resaltada así como la banda sonora, donde también encontramos el tema central de la banda sonora de Bajo el fuego (Roger Spotiswode, 1.983), una película de reporteros de guerra que nada tenía que ver con el western, pero cuyo relato también estaba cargado de épica y heroismo. A lo largo de la cinta, el director muestra una gran predilección por los espacios abiertos, con los maravillosos valles y montañas y las interminables plantaciones del sur, una hermosa combinación ambiental a medio camino entre los westerns de Anthony Mann y los folletines sureños al estilo de Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1.939). A esto hay que añadir que los excesos de frivolidad o violencia de Malditos bastardos (2.009) aquí están debidamente medidos y controlados. Nada resulta gratuito ni arbitrario sin que por ello Tarantino, pierda nada de su esencia, de su genialidad característica, de su mala uva, de su incorrección política y ruptura de tabúes tan necesaria en estos días.Él se propuso hace mucho que en sus narraciones no habría límites de ningún tipo y lo ha conseguido. Los diálogos se alargan en las escenas de la mansión deliberadamente sin que resulten largos o aburridos, al contrario deseamos que continúen porque están unidos de manera inseparable con el suspense, con la tensión en aumento que nos provoca el no saber que ocurrirá con la amada del protagonista, y en esa conversación en la cena se está jugando el destino de ella  y de los dos personajes masculinos centrales,- a los que no podemos escatimar simpatía. También resaltar el trabajo de los actores y sobre todo el de Samuel L. Jackson que interpreta a una especie más común de lo que imaginamos, el de los pobres y sometidos que adoran a su opresores y detestan a sus compañeros de desdichas o a quién podrían ser sus benefactores. El haber incluido un personaje así en el guión, demuestra una vez más el ingenio y la agudeza de Quentin Tarantino, que aquí firma , la que es después de Pulp Fiction (1.994), su mejor película.  Tampoco podemos obviar el magnífico desfile de secundarios como Don Johnson (como le gusta a Tarantino intentar resucitar a ídolos caídos como hizo con John Travolta en Pulp Fiction, Pam Grier en Jackie Brown o David Carradine en Kill Bill II), Franco Nero (protagonista del Django original de 1.966), Russ Tamblyn (el inolvidable Gedeón de Siete novias para siete hermanos), Bruce Dern, etc.    Esta película ha sido nominada  a toda clase de Premios: Oscars, Globos de Oro, BAFTA, American Film Institute, etc. No se la pierdan.

 

El modelito de Jamie Foxx no tiene desperdicio.

Los protagonistas tendrán que enfrentarse  constantemente con poblaciones hostiles.

Leonardo Dí Caprio interpreta a una especie de Rhett Bluther maligno.

Uno de los momentos más tensos de la película.

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Publicado por en enero 20, 2013 en Cine

 

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