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Sergio Leone (1929-1989): El maestro del Spaguetti-Western y descubridor de Clint Eastwood.

05 Dic

Hay pocos casos en que un director con tan pocas películas haya sido tan decisivo en la Historia del Cine como en el caso de Sergio Leone (1929-1989).En efecto, la obra del italiano, que consta de tan sólo 7 películas como único director (otras las había codirigido o trabajado en ellas como ayudante de dirección) supone un proceso claramente rupturista en cuanto a enfoques de temas tradicionales, personalidad de los personajes, retratos de sociedades en decadencia o en transición,etc.

Aunque es sobre todo recordado por sus spaguetti-western, en los que lanzó a la fama a Clint Eastwood, Leone comenzó su carrera en el peplum,  que es como se llamaba  al subgénero del cine de cartón piedra, es decir películas sobre civilizaciones antiguas (egipcios, persas, griegos y muy especialmente romanos) que durante años asolaron las salas de cine. Su primera experiencia como director le llegó, cuando tuvo que concluir el rodaje de Los últimos días de Pompeya (1959), sustituyendo a su director Mario Bonnard, que había caído enfermo. Después dirigiría la segunda unidad de una película bíblica Sodoma y Gomorra (1962), del gran Robert Aldrich. Ya versado en este género, pasaría a realizar su primer film completamente suyo, El coloso de Rodas (1962), en que daba ya muestras de su habilidad narrativa y su buena dirección de actores.

1964 sería el año decisivo de su carrera, cuando dirigió Por un puñado de dólares, un spaguetti-western, que alcanzó un tan enorme como inesperado éxito y se convirtió en el film referencial y arquetípico del subgénero. Ciertamente, no fue el primer spaguetti que se realizaba, – en nuestro país, Joaquín Romero Marchent llevaba realizándolos desde 1954-, pero sí el primero en alcanzar un éxito considerable tanto dentro como fuera de los mercados español e italiano (estas películas solían estar rodadas en España y contar con directores italianos o españoles). Esta película consiguió una cosa única en la Historia: hacer famosos, convertir en leyendas al mismo tiempo a su protagonista, su director y su compositor. De hecho, pocas veces un compositor tuvo un papel tan protagónico como Ennio Morricone en la obra de Leone.

El spaguetti-western daba la vuelta a la visión idílica del Oeste americano y convertía las clásicas historias de buenos y malos en relatos de malos y peores. El tono áspero, rudo,cruel y desesperanzador se palpaba en cada plano. A esto sumemos el uso y abuso de los primeros planos y la música silbando frecuentemente por detrás. Aunque la mayor parte de las películas que se realizaron en este subgénero eran infumables, sirvió para renovar el western haciéndole transitar por nuevos caminos y retrasar su defunción unos quince años.

El inmenso éxito de Por un puñado de dólares (1964) traería dos películas más del triángulo Eastwood-Leone-Morricone, La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), que ganarían con respecto al primer título en calidad, desarrollo argumental, variedad de escenarios y duración. Sería calificada como la trilogía del dólar. Tras estos afortunados tres filmes, realizó una película, que desarrollaría mayor complejidad en la narración y sobre todo mayor profundidad tanto en los retratos psicológicos de los personajes como en el del momento histórico que retrata (el fín del idílico viejo Oeste de las leyendas y los héroes y la llegada de la industrialización y la consolidación definitiva del capitalismo con la llegada del ferrocarril, que atravesará por vez primera EE.UU., de costa a costa, y la expansión de las ciudades). Me refiero, por supuesto, al western Hasta que llegó su hora (1968). Esta es sin duda una obra de gran belleza, carácter épico y tono lírico, donde a una maravillosa fotografía, hay que sumar la inmejorable banda sonora, especialmente los temas que Morricone escribe para cada uno de los cuatro actores protagonistas, y el saber sacar lo mejor  interpretativamente del reparto (incluso el inexpresivo Charles Bronson resultaba convincent). Hasta que llegó su hora, narraba no sólo la clásica historia de violencia y venganza, sino que mostraba un mundo en transición, donde junto a las innovaciones tecnológicas, llegaba también un cambio en las relaciones sociales, con gentes que comenzaban a cambiar ( y a subir) de clase social, por primera vez en la Historia. El hecho de que la protagonista, -una antigua mujer de la vida haya conseguido convertirse en empresaria-, es significativo de lo que estoy diciendo. Sin embargo, esta magnífica película , donde Leone sacó muchísimo de lo mejor que llevaba dentro, y demostraba una notable capacidad de cambio del tratamiento argumental con respecto a sus anteriores westerns, no fue muy valorada ni por el público ni por la crítica (desde hace unos cuantos se la está haciendo justicia,  con una merecida rehabilitación, por lo menos por parte de la crítica).

Su siguiente y último western como director, resultaría en cambio, decepcionante. Se trata de ¡Agáchate maldito¡ (1971), que aprovechaba el tirón temático que tenía dentro del género, por aquellos años, la Revolución mexicana, y que parece rodado con bastante desgana. Sin duda, fue su peor película.  Después, en los siguientes 13 años, su labor se limitaría a producir unas pocas películas sin demasiado interés. Cuando ya nadie se acordaba de él, volvió al cine con la imprescindible Érase una vez en América (1984). Esta sería una originalísima incursión en el cine de gangsters, tan en voga desde el arrollador éxito de El padrino (Francis F. Coppola, 1972). Es una descorazonadora historia sobre la amistad, la traición, el fracaso, el paso del tiempo, la soledad y lo dura que puede ser la nostalgia por un tiempo mejor que no volverá. Hay una fuerza en sus imágenes que la hacen única. Es una historia muy triste, pero ¡ que gran alegría para cualquier cinéfilo¡. No sé si será la mejor película de todos los tiempos. Podría serlo con toda justicia. Fue el testamento cinematográfico del maestro y el proyecto que llevaba queriendo rodar desde hacía décadas. Renunció a tener una filmografía más larga, para dedicarse en cuerpo y alma a que Érase una vez en América fuese una realidad. Y con el resultado final, nos dimos cuenta de que la espera de 13 años había valido la pena. Una obra maestra.

La prematura muerte de Sergio Leone, de un infarto, nos privó de saber hacia donde hubiera evolucionado y que nuevos caminos habría emprendido un creador que tenía nuevos proyectos en mente (lo díficil era materializarlos) y que con su última obra había callado la boca a todos los imbéciles que en vida se dedicaron a denigrar su filmografía, desde un supuesto esnobismo intelectual.

Por un puñado de dólares (1964). Está inspirada en Yojimbo (El mercenario, 1961), de Akira Kurosawa. Un spaguetti-western muy superior en calidad a la media del subgénero. La hipnótica música de Morricone y el laconismo de Eastwood hicieron el resto.

La muerte tenía un precio (1965). Lee Van Cleef y Clint Eastwood. Ambos están en el museo de cera, caracterizados como en esta película.

El Wallach como Tuco, el feo en El bueno, el feo y el malo (1966).

Imagen de Hasta que llegó su Hora

Hasta que llegó su hora (1968). Claudia Cardinale. La única vez que Leone dió un papel protagonista en una historia a una mujer. Ella está magnífica.

¡Agáchate maldito¡ (1971). James Coburn y Rod Steiger. Dos actores  pura raza  para una película que se desinfla.

Imagen de Érase una vez en América

Érase una vez en América (1984). Robert de Niro.

Sergio Leone.

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Publicado por en diciembre 5, 2012 en Cine

 

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