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Un personaje singular y admirable: Piotr Kropotkin. El príncipe anarquista.

19 Oct

El príncipe Piotr Kropotkin (1842-1921) era hijo de un general de Nicolás I. Entró en el ejército y formó parte del séquito de Alejandro II. Desilusionado con la corte, pidió ser destinado a un regimiento en Siberia para estudiar geología. Allí sus expediciones geográficas le pusieron en contacto con las gentes sencillas y sus virtudes y al mismo tiempo conoció la crueldad del sistema penal ruso, lo que le llevó al rechazo de todo el zarismo y a dimitir de su puesto.

Después de unos años de estudio, hizo un viaje por Europa. El contacto con los anarquistas del Jura fue decisivo: admiraba su vida marcada por el amor a la libertad y la combinación de industria doméstica (relojes) con trabajo en tierras propias: preferían ganar menos (en comparación con las obreros de las fábricas) a perder la libertad.

A su vuelta Rusia, entró en contacto con los narodniki y se dedicó a la difusión de sus ideas. La represión zarista lo encarceló en la fortaleza de Pedro y Pablo (1874). Allí enfermó, fue trasladado al hospital y se fugó.

En Ginebra, él y el geográfo Eliseo Réclus publicaron el periódico Le Révolté. Defendió el asesinato de Alejandro II. Por presiones del embajador ruso, lo expulsaron de Suiza. Se estableció en Francia y desde allí siguió colaborando en Le   Révolté. La participación en algunos disturbios le llevó a la cárcel (1882). Preso durante tres años, enseño a los presos geografía y matemáticas; colaboró en revistas y enciclopedias. Enfermó en la cárcel y las presiones de los intelectuales consiguieron su libertad (1886).

Se estableció en un suburbio de Londres, donde entregaba su tiempo al cultivo de su jardín, al recibimiento de ilustres visitantes (George Bernard  Shaw, Thomas Mann) y a la escritura de sus principales obras: La conquista del pan (1892), Memorias de un revolucionario (íd), La anarquía, su filosofía, su ideal (1896), Campos, fábricas y talleres (colección de artículos,1898), La ayuda mutua (1902).

Cuando llegó la Revolución de 1917, la acogió entusiasmado y regresó a Rusia. Aceptó a Alexandre Kerenski como etapa de transición burguesa, porque era un avance. Acepto el golpe revolucionario de los bolcheviques (Lenin, Trosky,Zinoviev,etc), porque creía en los soviets. Pero cuando vio que se instalaba una dictadura, se colocó en la oposición.Se retiró enfermo a una aldea cercana a Moscú, viviendo de las coles que él mismo cultivaba, sin aceptar la mejora en alimentación que le ofrecieron que le ofrecieron los bolcheviques.

En noviembre de 1920 entregó a Margaret Bonfield su Carta a los obreros de todo el mundo que fue muy difundida. En ella exhortaba a todos los pueblos a aprender de la Revolución Rusa; alababa a los soviets como instituciones de participación directa, como un primer paso en el camino hacia el comunismo libertario (es decir, el anarquismo); pero hacía notar que habían sido reducidos a instrumentos al servicio del Partido Comunista.

El inmenso trabajo constructivo requerido por una revolución social no puede ser practicado por un gobierno central… Requiere el conocimiento y la voluntariosa colaboración de un gran contingente de fuerzas locales y especializadas…Suprimir esta colaboración y confiar en el ingenio de los dictadores del Partido es destruir todos los núcleos independientes, convirtiéndolos en órganos burocráticos del Partido, tal como se está haciendo actualmente. Y este es precisamente el camino opuesto a la Revolución.

Poco antes de morir, escribía a Lenin:

No puedo llegar  a comprender, por más que me esfuerzo y por más voluntad que pongo en ello, cómo nadie de los que le rodean a usted no le ha dicho todavía que las decisiones del género que usted está tomando evocan los oscuros tiempos de la Edad Media y los días de las Cruzadas. Vladimir Illich, sus actos resultan muy poco dignos de las ideas que , según usted mismo, sostiene…Si tales métodos son tolerados ahora, no nos será muy difícil que un día no muy lejano se use entre ustedes la tortura como en la Edad Media…


Kropotkin murió el 8 de febrero de 1921: una gran multitud rindió homenaje a su cadáver.

Kropotkin parte, como todo anarquista, de la creencia en la capacidad del hombre para la convivencia: el hombre tiene tendencia espontánea a la ayuda a la mutua. Frente al principio darwinista de la lucha por la supervivencia individual, él defiende el principio de colaboración y ayuda mutua sobre el que se basan las sociedades animales. No sobreviven los animales más astutos o fuertes, sino los que saben cooperar mejor. Lo que sucede es que no todas las formas de convivencia humana promueven la ayuda mutua: hay formas sociales naturales y antinaturales. Los hombres viven más felices en grupos pequeños, que pueden funcionar sin ninguna autoridad porque en ellos es más fácil desarrollar la inclinación a la ayuda mutua. Una gran sociedad puede ser natural solamente si descansa en pequeñas comunidades naturales.

En su juventud, cuando formaba parte de la Guardia Imperial del Zar.

Imagen

En su etapa de mayor activismo político y literario.

En su vejez.

Bibliografía: Manual de Historia de las Teorías Políticas. Fernando  Prieto. Unión Editorial. 1996. Capítulo II de la Segunda Parte del Libro IV. Edad Contemporánea. Pág 745-747.

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Publicado por en octubre 19, 2012 en Filosofía y Pensamiento.

 

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