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Los niños robados de Australia. De como el Estado australiano estuvo separando a niños aborigenes de sus familias durante un siglo.

26 May

Este es un tema terrible, que ha llegado praticamente inédito a nuestros días, y del que me entere de casualidad el otro día porque en un acto de presentación del último libro de un prestigioso y comprometido autor, este nombró el caso. Desde ese día he estado buscando información. Hay poco al respecto y todo en Internet. Practicamente ningún libro revista habla sobre el tema. Y es que es muy duro asimilar que una de las Democracias más antiguas y consolidadas del planeta, uno de los países más ricos y con mayor tasa de empleo y mejor welfare state, ha estado durante cien años (1869-1969) destruyendo  premeditadamente los vínculos familiares y étnicos del Pueblo aborígen para de este modo borrar su cultura y herencia de la faz de la Tierra. Debido a su larguísima duración en el tiempo y a su cáracter claramente premeditado se trata sin duda de un Crímen de Estado, que debiera ser reparado. La pregunta es: ¿cómo?. Además, todo esto nos sorprendería menos si supiesemos que Australia ha tenido desde tiempo inmemorial uno de los dos sistemas legislativos más racistas del mundo (el otro, obviamente era el de Sudáfrica). Pero del caso australiano no nos dejaron entenrarnos porque al fin y al cabo, Australia es una nación hermana y privilegiada socia comercial de EE.UU. y Gran Bretaña y alíada política incondicional que siempre vota SI a lo que dicen estos dos en Naciones Unidas. A un Estado Cliente no se le causan problemas y menos por unos salvajes que no le importan a nadie ni son vitales para el aumento del beneficio empresarial.

A continuación muestro un artículo del periodista mejicano Temoris Grecko sobre esta tragedia contemporánea.

Por Témoris Grecko /Alice Springs, Australia

El Bringing Them Home Report (Informe Traerlos a Casa), realizado por una comisión oficial en 1997 y aceptado como la referencia más relevante sobre este tema, estableció que entre el 10% y el 30% de todos los niños nacidos en familias aborígenes australianas a lo largo de un siglo (entre 1869 y 1969) fueron arrebatados a sus padres y entregados para su tutela a misioneros cristianos o tutores blancos. En algunos periodos y regiones, estos porcentajes fueron mucho mayores. Ni una sola familia aborigen escapó de esto. Estos menores son conocidos como las “generaciones robadas” (stolen generations).

Este es un testimonio de eventos ocurridos en 1935:

“Estaba en la oficina postal con mi mamá y mi tía (y un primo). Nos metieron a la patrulla y nos dijeron que nos llevaban a Broome. También habían metido a las mamás. Pero cuando íbamos en camino (a unas diez millas), se detuvieron y arrojaron a las madres fuera del coche. Nosotros saltamos a las espaldas de nuestras madres, llorando y tratando de que nos nos dejaran. Pero los policías nos arrancaron de ahí y nos aventaron a la parte de atrás del coche. Empujaron a las madres y partieron, mientras nuestras madres perseguían el coche, corriendo y llorando. Nosotros estábamos gritando en la parte de atrás. Cuando llegamos a Broome, nos encerraron en la prisión. Teníamos diez años. Estuvimos encerrados durante dos días en espera de que nos pusieran en un barco rumbo a Perth”.

Perth se encuentra a más de dos mil kilómetros de Broome.

 

La idea era que las de los aborígenes eran culturas decadentes y destinadas a desaparecer, y que sus niños debían ser educados en un ambiente blanco. Los niños robados solían ser castigados si se los sorprendía hablando en sus lenguas de origen. Se los educaba para convertirse en trabajadores agrícolas y a las niñas para ser ayudantes domésticas. De acuerdo con el informe, la infraestructura física de las misiones y casas gubernamentales donde los recluían era pobre y los recursos, insuficientes para mantener a los niños bien alimentados y vestidos. Además, un 17% de las chicas y un 8% de los chicos reportaron haber sido objeto de abusos sexuales.

Aunque el objetivo era mejorar sus posibilidades de integración a la sociedad, un estudio realizado en Melbourne y citado en el informe indicó que no había señales tangibles de que los aborígenes robados tuvieran una mejor adaptación, en tanto que, por lo contrario, estaban peor: en comparación con los que permanecieron con sus familias, era menos probable que los que fueron robados terminaran la educación secundaria, era dos veces más probable que usaran drogas ilícitas y tres veces más probable que generaran antecedentes penales. Aunque solían tener un nivel de ingresos mayor que el de los aborígenes que permanecieron en sus aldeas, esto se debía a que se habían urbanizado y tenían mejor acceso a los subsidios del sistema gubernamental de bienestar social (welfare). Muchos de estos niños, secuestrados cuando eran bebés, sólo se enteraron de su origen étnico y familiar cuando fueron liberados de la custodia del Estado, a los 18 años. Su integración a las ciudades fue marcada por el racismo y la marginación, en tanto que los que regresaron a sus comunidades se sintieron desconectados y rechazados.

De acuerdo con la Australian Research Alliance for Children (Alianza Australiana de Investigación para los Niños), más de 40% de los niños aborígenes en Australia Occidental viven en hogares donde al menos uno de los padres o tutores sufrió la separación de su familia. Estas personas a cargo tienen más probabilidades de haber sido arrestados, de ser alcohólicos o jugadores hasta el punto de provocar problemas a sus familias, y de tener dificultades emocionales o de comportamiento clínicamente significativas.

Desde el fin oficial de la política de secuestro de niños, en 1969, algunos gobiernos estatales conducidos por el Partido Laborista presentaron disculpas públicas a las generaciones robadas. Australia, como nación, no lo ha hecho. El primer ministro conservador John Howard, que gobernó desde 1996 hasta 2007 (y que apoyó a Bush en Irak y en la negación del calentamiento global), fue enfático en su rechazo reiterado a pedir disculpas. En noviembre pasado fue vencido por el laborista Kevin Rudd, quien hizo la promesa de campaña de pedir perdón, la va a cumplir el 13 de febrero (12 de febrero en América), durante la apertura del periodo de sesiones del Parlamento.

Las organizaciones aborígenes han celebrado la decisión. Pero el debate continúa: ¿Pedir perdón es suficiente? ¿No hay que reparar el daño? ¿Cómo se puede hacer? ¿Con dinero? (Sólo el estado de Tasmania ha entregado compensaciones económicas individuales, Rudd ha dicho que no va a repartir dinero.) ¿O de qué otra forma?

Más allá del daño a las personas y familias, es importante valorar el daño provocado a las culturas aborígenes, que obviamente fueron impactadas de manera masiva: primero por la desaparición de una gran parte de sus niños; después por la reincorporación de esos niños como adultos emocionalmente afectados. ¿Cómo reparar esto?

Son preguntas que angustian a la australiana, una sociedad que, por otro lado, se precia de ser sensible e igualitarista, y que está viviendo un boom económico impresionante (la riqueza se ve casi en todos lados) mientras sus aborígenes se están autodestruyendo. Esto es un tema extraordinariamente complejo que trataré de abordar en Mundo Abierto el próximo martes 12, mientras Australia pide perdón a sus aborígenes.

El ex-Primer Ministro de Australia, el conservador John Howard (Nueva  Radicalmente opuesto a cualquier tipo de disculpas al Pueblo Aborígen  o cualquier tipo de reparación por mínima que sea. Como buen conservador brinda para que todo siga igual.

Marcha reivindicativa de los aborígenes.

Aborígen tocando el diyeridu.

 

Patriarca tribal meditando con desconfianza sobre las promesas de reparación hechas por el Estado.

 

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Publicado por en mayo 26, 2012 en Crimen Organizado

 

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