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El Vodyanoi. El diablo de las aguas turbulentas.

13 Abr

El Vodyanoi era, probablemente el más malévolo de los espíritus locales y su objetivo principal era ahogar a los personas y a los animales. Cualquiera que cazara cerca de los lagos o pantanos, que pescara,sacase agua, nadara o se bañara, corría peligro con el Vodyanoi.

En primavera, cuando llegaban los temporales de lluvia que seguían a la fusión de hielo y nieve, el agua se convertía en una fuerza especialmente inestable, con repentinas inundaciones e inesperadas corrientes heladas en días engañosamente cálidos. Era en esta época, cuando el Vodyanoi, que había permanecido tranquilo bajo el hielo entre la Epifanía y la Pascua ( o hasta el 1 de abril), se despertaba enojado y hambriento. Por este motivo, no era aconsejable bañarse hasta después de la Semana de Trinidad. También era preferible evitar ciertos tipos de aguas: las corrientes de los canales y los remolinos y lugares muy profundos de los ríos y lagos.

El Vodyanoi vivía con su esposa (vodyanikha) y sus hijos en el lecho del río o del lago, donde se ocupaba de su manada de vacas, llevándolas  a pastar por la noche en las praderas cercanas a la orilla del río. En eso momentos, el Vodyanoi salía a tierra seca y constituia un peligro para quienes pasaban por los caminos de las orillas del río, llegando incluso a entrar en las casas de los campesinos. Allá donde iba dejaba huellas de pies mojados.

Aunque podía parecer una figura jovial, amigo de risas y capaz de garantizar una captura a los pescadores, en realidad sus bromas ocultaban una naturaleza imprevisible. Las medidas tomadas para apaciguarle podían ser extremas o espeluznantes. Además de las ofrendas sencillas y lógicas como vodka o tabaco, se sacrificaban animales al Vodyanoi de manera habitual. Los pescadores le cedían parte de la primera captura de la temporada. También se utilizaban como ofrendas pollos, cabras y caballos, a los cuales era particularmente aficionado. Los dueños de los molinos de agua, al igual que los pescadores, también tenían que estar en buenas relaciones con los demonios de las aguas que, cuando estaban ofendidos o simplemente disfrutando de las alcohólicas juergas de algún diabólico banquete nupcial, eran capaces de provocar inundaciones que podían romper las presas, llevándose por delante, los edificios del molino, abrir las compuertas o destrozar las ruedas del molino. Los molineros ponían especial cuidado en pedirle permiso, cuando iban a poner un nuevo molino, directamente o a través de los buenos oficios de un brujo y lo mantenían contento arrojando la calavera de un caballo al río o sacrificando un cerdo negro.

El vodyanoi chapoteando plácidamente

El Vodyanoi acechando.

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Publicado por en abril 13, 2012 en Mitología

 

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