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Reinvidicación (urgente y necesaria) de la II República.

05 Feb

Reproduzco resumidamente un artículo de uno de los mejores historiadores y especialistas mundiales en la II República, la Guerra Cívil y el Franquismo, Edward Malefakis. El artículo se  titula:  La Segunda República y el revisionismo.Fue publicado en el Diario El País, el domingo 12 de junio de 2011.

“Durante el régimen de Franco, y de acuerdo con la ideología impuesta por la dictadura, la República había sido una catastrófica mezcla de separatismo regional, radicalismo social y anticlericalismo feroz que se deslizó hacia una situación parecida a la de Rusia en 1917. Si el levantamiento militar del 18 de julio no se hubiese producido, su resultado hubiese sido idéntico: una revolución social masiva y una dictadura del proletariado.

Hacia finales del franquismo, se cuestionó cada vez más esta línea argumental. Durante la Transición a la democracia se fue sustituyendo por una valoración generalmente positiva de la República, que subrayaba sus virtudes y lamentaba la insurreción militar que la había destruido.

Durante los años noventa, Pío Moa lanzó una campaña revisionista que adquirió sorprendente fuerza, pese a que solo reciclaba los argumentos franquistas en forma suavizada. El revisionismo prosperó hasta 2006, cuando sus argumentos qudaron desacreditados por la avalancha de literatura producida por los aniversarios de la proclamación de la República y del comienzo de la Guerra Cívil que establecieron de forma inequívoca un punto fundamental: que las declaraciones franquistas  sobre lo catastrófico de la situación republicana reflejaban más la paarnoia de sus propulsores que la realidad.

La desaparición del revisionismo moaísta dejó paso a la aparición radual de lo que se denominó neorrevisionismo, una tendencia que pone en entredicho el prestigio de la República de forma más indirecta y moderada. Los neorrevisionistas se distinguen de los revisionistas fundamentalmente en que no enfatizan las perspectivas catastrófistas. Tampoco las rechazan del todo; prefieren permanecer callados al respecto. Los neorrevisionistas se dividen en dos corrientes. Una consiste en lo que podría llamarse una interpretación “purista” o “puritana”. Su base es, que si bien la República no fue quizá tan catastrófica ni mereciera la insurrección militar que desencadenó la Guerra Cívil, no debemos lamentar su destrucción porque nunca fue sino una pseudodemocracia que violó los principios democráticos más elementales. La segunda línea podría llamarse la “comparativista”. Subraya el contraste etre la Transición democrática que apareció en España después de 1975, pacífica y fructífera, y la historia conflictiva de la República, para demostrar que esta no fue digna. Ambos argumentos parecen plausibles, pero no soportan un examen detallado.

La línea puritana recurre al argumento de la Revolución de Asturias de Octubre de 1934, -cuando un sector de la izquierda se alzó en armas contra el Gobierno legítimo de centro-derecha de Lerroux y Gil-Robles,- para sostener su tesís.

Si bien es imposible disculpar la Revolución de Octubre, tampoco podemos olvidar el contexto en que se produjo. Los años treinta del siglo XX fue una de las décadas más conflictivas de toda la Historia Mundial. Europa estaba desgarrada por una guera ideológica entre fascismo, comunismo y democracia. En 1934, estaban ganando las fuerzas fascistas, que acababan de destruir la democracia alemana y la austríaca por medios pacíficos  legales. ¿Era posible que el Gobierno centrista de España siguiera el mismo rumbo, dado el creciente poder de los elementos derechistas dentro de él?. La revolución socialista fue, en parte, reflejo de ese miedo, aunque también influyó la fuerza del mito revolucionario en círculos proletarios. También es fácil rechazar las otras acusaciones neorrevisionistas. Ningún régimen demorático de la Historia ha estado libre de desviaciones ocasionales. Por tanto, al evaluar las credenciales democráticas de cualquier régimen, hay que valorar sus iniciativas positivas como sus actos discutibles.

La República censuró la prensa opositora varias veces, pero también construyó la primera democracia auténtica de España.Primero, con la celebración de elecciones honradas, libres de las prácticas caciquiles que las habían corrompido bajo la Monarquía. Segundo, ampliando enormemente el electorado, al hacer de España el primer país de mayoría católica que permitió el sufragio femenino. Tercero, la República acercó el Gobierno al Pueblo al darles más dimensión a los Gobiernos regionales. Cuarto, todas las leyes importantes fueron aprobadas por el Parlamento, no impuestas por decretos. Quinto, la República debilitó a las fuerzas extraparlamentarias-los círculos cortesanos y el Ejército-que en el pasado habían anulado las iniciativas democráticas. Desde esta perspectiva, la balanza se inclina hacia la conclusión de que la República fue un régimen excepconalmente democrático.

Si la República y la Transición tuvieron grandes semejanzas, sus épocas respectivas no pudieron ser más distintas. Los años 1930 estuvieron entre los más conflictivos del siglo XX, mientras que las décadas de 1970 y 1980 en Europa fueron tranquilas y ordenadas. Además, las condiciones habían cambiado drásticamente en España. Entonces, algo más de la mitad de la población trabajaba en el campo, y 2/3 partes de las mujeres adultas eran analfabetas. Po la Gran Depresión, la economía española estaba peor que nunca. La situación internacional era amenazadora, y Mussolini procuraba desestabilizar a la República.

En los años 70, España se incluía entre las economías más avanzadas. El analfabetiso y el hambre habían desaparecido. Todas las instituciones fundamentales habían experimentado una evolución positiva.

En resumen, dos contextos, completamente distintos. De las 20 repúblicas europeas proclamadas entre 1918 y 1931, sólo una, la irlandesa, logró sobrevivir. Las otras 19 fueron barridas o se autodestruyeron.

Creo que esto basta para arrojar los argumentos revisionistas y neorrevisionistas donde les corresponde”.

Manuel Azaña (1880-1940).

 

 Marcelino Domingo.

Diego Martínez Barrio.

      

Niceto Álcala-Zamora (1877-1949).        Juan Negrín.(1892-1956).

Grandes hombres. Los políticos que tenemos hoy en España, no les llegan ni por la rodilla.

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Publicado por en febrero 5, 2012 en Ciudadanía

 

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