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Rumanía, 1989 y Ruanda, 1994: Lo que ocurrió realmente, lo que nos contaron que ocurrió y lo que creímos ver.

01 Nov

Los medios de falsificación, que no de comunicación nos adoctrinan sistematicamente llevándonos constantemente a su redil ideológico, para tratar de domesticarnos definitivamente, y para que en nuestro esquema de valores, no se nos ocurra jamás llevar a cabo “aberraciones” como acampar en Sol o defender las reformas agrarias y nacionalizaciones de la Banca o de los Hidrocárburos llevadas a cabo por algunos valientes gobernantes de América Latina como Evo Morales o Daniel Ortega, a quienes la prensa occidental denigra sistematicamente por medio de mentiras y tergiversaciones. Hay veces en que la Prensa necesita un relato jugoso y si no lo tiene se lo inventa. Esto puede partiendo de un hecho verdadero, luego navegando hacia el mundo de la fantasía(Rumanía,1989) o dando completamente la vuelta a la tortilla(Ruanda,1994). Estos dos países representan ejemplos paradigmáticos del periodismo amarillista, ideológico y mafioso dque nos ha tocado sufrir.

Entre diciembre de 1989 y enero de 1990, se produjo en Rumanía una revolución popular que derrocó a la impopular dictadura comunista de Nicolae Ceacescu y su esposa Elena Petrescu. Esta revolución estalló por 2 motivos; el primero, los rumanos pudieron enterarse por distintas fuentes como la mayoría de sus vecinos de Europa del Este se habían liberado de sus respectivas dictaduras comunistas y ellos no querían quedarse atrás. El segundo fue la brutal represión policial contra las manifestaciones pro-democracia en la localidad de Timiosoara, que se cobraron varias decenas de víctimas. Entre diciembre de 1989 y enero de 1990, se produjeron enfrentamientos amados entre sectores del Ejército, que se habían pasado al bando del Pueblo y policías y y agentes de la Securitate, la temida policia política del régimen, que producirían unos 1.100 muertos y se saldaría con la victoría de los democrátas. Partiendo de estos hechos irrefutables, los medios se fueron hacia relatos de fantasía e imaginación desbordantes que ya nada tenían que ver con lo acontecido. Todo este entramado de falsificación histórica comenzó con un montaje en el que  se desenterraron cadáveres de un cementerio normal y se hizo creer a la gente que se trataba de los cuerpos de las víctimas mortales de la represión policial del 17 de diciembre, que daría lugar a la Revolcuión del día 22. Las imégenes de los falsos osarios y falsas fosas de Timiosoara conmocionaron al mundo. La opinión pública mundial fue víctima de una obscena maniulación, pero nunca pudo saberlo. Unos ejemplos de como la fantasía no tuvo límites: “Se ha hablado de camiones de basura transportando innumerables cadáveres hacia lugares secretos para enterrarlos o quemarlos alli. Esto informaba un periodista de la revista Nouvel Observateur(28 de diciembre de 1989). ¿Cómo llegar a saber el número de muertos?.Los conductores de camiones que transportan metros cúbicos de cuerpos, son eliminados con una bala en la nuca por la policía secreta para evitar testigos.Esto lo relataba el enviado especial de la Agencia France Press(Libération, 23 de diciembre de 1989).

Viendo las imágenes  de los cadáveres en pantalla no podía ponerse en duda la cifra de 60.000 muertos por la policía. Las imágenes de las “fosas comunes” otorgaban crédito a las afirmaciones más delirantes. En realidad, la cifra de víctimas mortales de la represión policial en Timiosoara no llegó a 100. Pero eso daba igual a los medios.

Otras mentiras mediáticas: ” En Timiosoara, el ejército ha descubierto cámaras de tortura en las que sistemáticamente se desfiguraba el rostro de los disidentes con ácido para evitar que sus cadáveres fueran identificados”.

“Los hombres de la Securitate (policía política) aparecían como invisibles, innumerables, invencibles, super-armados, y resulta que la mayoría eran árabes(principalmente libios, palestinos y sirios) y eran reclutados y entrenados para servir ciegamente a sus amos, y capaces de la mayor crueldad: entrar en los hospitales y rematar a los enfermos, destripar a las embarazadas, envenenar el agua de  las ciudades,etc.”

“Estos hombres surgían de la noche, de improviso,  de subterráneos laberínticos o tenebrosos o de inaccesibles tejados”.

Todas estas historias y representaciones eran falsas y no se sostenían, pero millones de espectadores, oyentes y lectores las creyeron.

El comunismo se estaba cayendo, muriendo, y en el resto de Europa del Este, lo estaba haciendo sin violencia. Esto era decepcionante.Se necesitaba sangre, carnaza informativa. Además, ahora que el comunismo estaba agonizando, había que recubrirlo de mierda y sangre para desprestigiarlo definitivamente. Y si era posible, inventar historias en que por su crueldad y monstruosidad recordase al nazismo y quedase equiparado a este.

Lo cierto es que esos relatos inventados tienen  más similitud con El Código Da Vinci o Los crímenes de Oxford que con la realidad.

El pueblo rumano salió a la calle en masa para acabar con la dictadura del matrimonio Ceacescu. Y lo consiguió.

 

El desolador panorama tras varios días de combates.

Un dictador totalitario, paranoico e inmaduro.

 

 En cuanto a Ruanda, en 1994, las imágenes del genocidio no exitieron. Hubo un genocidio de los hutus contra los tutsis (se extermino a 800.000 personas en 2 meses). Pero “no  se encontraron imágenes”. Vimos imágenes de “pobre gente que huía”. Y se nos contó que eran las víctimas, los supervivientes. Estaban protegidos por tropas francesas. Pero no. Eran los verdugos. Francia les protegía y les encumbría porque un Gobierno hutu (la etnia asesina) les reportaría grandes beneficios  a sus empresas allí establecidas.

Pero, obviamente, en las noticias no se puede salir reconociendo que Francia ha financiado y asesorado el asesinato de cientos de miles de personas para mejorar sus beneficios empresariales. Y nos engañaron. Creimos ver algo muy diferente a lo que vimos. Porque es muy triste, pero reconozcamoslo, Ruanda, salvo, a unos cuantos hombres de negocios franceses y belgas, no le importa a nadie.

 

Los supuestos supervivientes del genocidio en éxodo masivo. En realidad, sus autores, con sus familias, huyendo a la frontera congoleña con la complicidad de Francia y de la ONU.

 

PD: Se me olvidó ayer en el post sobre Laos, dar la cifra de víctimas mortales de los bombardeos estadounidenses. Ahora la doy: 500.000 muertos. Otro genocidio ocultado.

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Publicado por en noviembre 1, 2011 en Manipulación informativa

 

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